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La motosierra de Javier Milei: así está cambiando Argentina la terapia de choque contra el clientelismo

Muchos observadores europeos han interpretado la motosierra de Milei como un gesto folclórico o excéntrico. Se equivocan

Mujeres portan una banderola con la cara de Javier Milei durante una marcha en Buenos Aires

Mujeres portan una banderola con la cara de Javier Milei durante una marcha en Buenos AiresLuis Robayo / AFP

Cuando Javier Milei llegó a la presidencia, el problema de Argentina no era solo la inflación, el déficit público o la pobreza. El verdadero drama era más profundo: los argentinos habían dejado de confiar en el peso, en las instituciones y… en el futuro del país. El Estado gastaba lo que no tenía, el Banco Central imprimía dinero compulsivamente, lo cual generaba una inflación galopante.

En ese contexto, apareció Milei. Una figura extravagante, histriónica y políticamente incorrecta, que muchos consideraron un accidente mediático. Pero los accidentes no ganan elecciones con el 56 % de los votos.

Lo que está intentando Milei no es una reforma convencional. Es algo mucho más radical: una terapia de choque.

La motosierra como símbolo

Muchos observadores europeos han interpretado la motosierra de Milei como un gesto folclórico o excéntrico. Se equivocan.

La motosierra es un símbolo político y cultural. Representa la ruptura con una Argentina en la que el Estado era una inmensa red clientelar. Un aparato burocrático sobredimensionado, que multiplicaba subsidios y empleos públicos. Mientras el sector privado se ahogaba entre impuestos, inflación y regulaciones.

Durante años, millones de argentinos acabaron dependiendo, directa o indirectamente, del gasto estatal. Milei entendió que una gran parte de la sociedad ya no quería reformas. Quería una ruptura.

Por eso Milei conecta muy bien con quienes crecieron sin conocer una moneda estable, un crédito hipotecario o unas expectativas razonables de progreso.

El precio del ajuste

Una mujer sostiene pesos en un supermercado de Buenos Aires

Una mujer sostiene pesos en un supermercado de Buenos AiresGetty Images / B. Yagos Muniz

Las terapias de choque son fáciles de explicar: tienen efectos rápidos y dolorosos.

Argentina ya ha pagado una parte importante del coste social del ajuste. Ha habido recorte del gasto público, eliminación de subsidios a las empresas y liberalización de los precios. Todo esto ha golpeado duramente a amplias capas de la población. El consumo ha caído y muchos hogares siguen atravesando dificultades.

La inflación se ha reducido drásticamente respecto a los niveles heredados. El déficit fiscal prácticamente ha desaparecido. El Banco Central ha dejado de financiar masivamente al Gobierno. Los tipos de interés que paga Argentina para endeudarse han comenzado a bajar. Han regresado inversiones energéticas y mineras, que llevaban años paralizadas, y el sector exterior muestra una fortaleza desconocida desde hace tiempo.

Por primera vez en muchos años, algunos inversores vuelven a mirar a Argentina sin pensar automáticamente en hiperinflación, controles de precios o confiscaciones.

Sin embargo, empiezan a surgir nuevos interrogantes. Muchos economistas advierten de que el peso podría estar apreciándose demasiado. Un dólar relativamente barato ayuda a contener la inflación por qué abarata las importaciones. Pero también reduce la competitividad de parte de la economía. Además, aunque la inflación ha caído con fuerza, sigue existiendo.

El verdadero enemigo de Milei

Javier Milei caras

Javier Milei

Paradójicamente, el mayor peligro para Milei quizá no sea la oposición peronista. Es el cansancio social.

Las sociedades soportan los ajustes cuando creen que existe una salida. El problema aparece cuando, como ahora, el sacrificio se prolonga demasiado tiempo sin mejoras visibles en el nivel de vida.

Existe además otro desafío menos visible. Los sectores que hoy lideran la recuperación —energía, minería y determinadas actividades exportadoras— generan divisas (lo que aprecia el peso), pero no necesariamente mucho empleo. La mejora macroeconómica puede avanzar más deprisa que la economía de millones de familias.

Por eso Milei necesita algo más que disciplina fiscal. La estabilización era una condición necesaria, pero no suficiente. Ahora necesita crecimiento económico, inversión productiva y creación de empleo privado. Necesita demostrar que Argentina puede crecer sin volver a depender de las devaluaciones periódicas que han marcado gran parte de su historia económica reciente.

Los partidarios de Milei sostienen que primero había que apagar el incendio monetario y fiscal para después reconstruir la economía. Sus críticos responden que una economía no puede vivir indefinidamente con una moneda apreciada y una creación insuficiente de empleo.

El vértigo argentino

La historia económica está llena de países que murieron lentamente intentando evitar reformas dolorosas.

Argentina decidió hacer justo lo contrario: asumir el dolor de golpe. Milei promete demolición y reconstrucción.

En el fondo, la gran cuestión no es si Milei resulta simpático, prudente o extravagante. La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿puede sobrevivir un país financiando de forma permanente sus desequilibrios mediante emisión monetaria?

Argentina ya conoce la respuesta

Pero ahora aparece una segunda pregunta igualmente decisiva: ¿será capaz de transformar la estabilización en crecimiento sostenible?

Millones de argentinos han preferido abrazar la incertidumbre de la motosierra antes que la certeza del estancamiento.

A veces, para salvar una economía, no basta con reformarla. Hay que zarandearla hasta despertarla.

El tiempo dirá si la motosierra fue simplemente un instrumento de demolición o el primer paso hacia la reconstrucción de Argentina.

  • Rafael Pampillón Olmedo es profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School
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