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Rodríguez Braun e Iturriaga: «No vamos a quedarnos sin pensión, pero habrá que complementarla, y para eso hay que ahorrar ya»

Tener el dinero suficiente para vivir la recta final de la vida es algo que obsesiona a muchos. Estos dos grandes expertos acaban de publicar un libro que orienta sobre ello.

El catedrático Carlos Rodríguez Braun y el gestor de fondos de inversión de Abante Asesores José Ramón Iturriaga se conocen desde hace años, pero nunca habían escrito un libro juntos, hasta ahora. Acaban de publicar Ahora ahorra, en el que analizan desde una perspectiva teórica y práctica la importancia de ahorrar en un contexto en el que habrá que complementar la pensión que recibamos para poder sobrevivir, la vivienda seguirá disparada y el coste de la vida vaciará los bolsillos.

—¿Es el miedo a no tener una pensión suficiente el principal motivo para ahorrar?

—Carlos Rodríguez Braun (CR): Vamos hacia un escenario en el que no es que intuyamos un colapso, o una catástrofe, pero es verdad que los sistemas públicos de pensiones tienen un problema de sostenibilidad. Como le gusta decir a José Ramón, hay que ahorrar porque no queda otra. No vamos a quedarnos sin pensión, pero todo indica que el sistema no es sostenible, y difícilmente las pensiones podrán mejorar a largo plazo. Necesariamente vamos a tener que complementarlas, y ese, desde luego, es un incentivo para ahorrar.

—José Ramón Iturriaga (JRI): La pensión es una de las razones del por qué y por qué ahora hay que empezar a ahorrar. En cuanto se haga esa reflexión, se pensará en los excedentes que hay que tener, que no es lo que sobra, sino lo que decidimos que debemos tener el día de mañana para vivir. Solo cuando lo hagamos, y debe ser cuanto antes, seremos conscientes de lo que nos queda por construir. Las pensiones se hacen menos sostenibles en un entorno en el que vamos a vivir muchos más años, algo que desde luego es un regalo. Lo que no puede ser es que ese regalo se convierta en una maldición por falta de previsión. La sostenibilidad de las pensiones, con la pirámide poblacional, con todos los boomers, es un capítulo que invita a una reflexión que ya se está llevando a cabo. La Comisión Europea está incentivando los planes de pensiones privados, o animando a que la gente invierta en ellos. Hay soluciones, pero es un melón que cuesta abrir, porque desde el punto de vista político tiene un coste enorme.

Sería una pena alcanzar los 100 años y no llegar a final de mes. No puede ser que el regalo de vivir más años se convierta en una maldición por falta de previsión.

—El crack del sistema de pensiones suele situarse en el año 2050.

—JRI: Son cálculos actuariales que todos tenemos más o menos presentes. Tendemos a retrasar la toma de decisiones, pero debemos hacer cada uno nuestro ejercicio de responsabilidad y no esperar a un maná que no va a llegar. Sería una pena alcanzar los 100 años y no llegar a final de mes. Hay que tratar de anticiparse a ese problema. Buscar una alternativa. Pasar del ahorro a la inversión, conciliar el corto con el largo plazo. Hablamos del riesgo del 2050, pero hay que pensarlo y gestionarlo hoy. Hay que tratar de salir de los sesgos que nos paralizan. Invertir en Bolsa. En los últimos veinte años hemos visto crisis de todos los colores, y las bolsas están en máximos. Hay que superar esos miedos, y la forma de hacerlo es anticipándose y planificando.

—La inversión en inteligencia artificial podría ser quizá un modo de hacerse con recursos.

—JRI: También hay que entender que no hay atajos. En las inversiones está prácticamente todo inventado. Además de planificar, hay que diversificar, y no creerse más listo que nadie. Hay muchísimos ejemplos que han acabado muy mal, como los sellos de Afinsa. Últimamente están las cripto o SpaceX, donde hemos visto que los cohetes suben, pero también bajan. Creo que en esta famosa diversificación hay que ir acompañado por profesionales. Hacemos un acompañamiento emocional que es muy importante para no equivocarse. El peor consejero financiero son las emociones. Hace unos meses, todos teníamos miedo de qué podía pasar si cerraban el estrecho de Ormuz. El acompañamiento financiero es fundamental, no tanto para una inversión en concreto como para tener una cartera diversificada que tenga sentido. Hay quien se deja llevar por el que compra bitcoins a 100.000 euros, y entonces tiene un pequeño problema. Todas esas reflexiones las hacemos en el libro, y para quien quiera hacer caso, creo que pueden ayudarle.

En las inversiones hay que diversificar, no creerse más listo que nadie, e ir acompañado por profesionales

—La vivienda es una razón para el ahorro, por su alto precio en la actualidad, y también el principal destino de inversión de los españoles.

—CR: En España ha habido una tradición de invertir en vivienda; probablemente, más que en la mayoría de países europeos. Lo prudente sería tener una inversión más diversificada. En el caso particular de lo que está ocurriendo ahora, hay que recordar que este no es un tema español. Está también en otros países, y se debe a la intervención de los gobernantes en la vivienda. El resultado es que ha habido una especie de tormenta perfecta, con un tirón de la demanda y una intervención en la oferta que la ha restringido por inseguridad jurídica, impuestos, regulaciones... Y esta combinación, obviamente, dispara los precios.

—JRI: En cuanto a la inversión en vivienda, es uno de esos mitos. Después de lo que ha ocurrido en los últimos años, el español cree que el ladrillo no cae. Tiende a enterrar dinero en el ladrillo cuando es algo bastante ineficiente desde el punto de vista financiero. Compara muy mal con el resto de activos. El dato de españoles con vivienda en propiedad es altísimo, y puede servir ahora como salvavidas para una generación, pero cuando planteas tus inversiones, hay alternativas mejores.

—Las grandes cifras de la economía española son buenas, pero los ciudadanos desconfían. ¿Es este un motivo más para ahorrar?

—CR: Si miramos la situación a corto plazo, no hay más que escuchar cómo el Gobierno, incentivado por sus casos de corrupción, agita la economía como un estandarte, pero si la miras con un poco de cuidado, ves que tiene unos problemas muy complicados: de Hacienda Pública, de desequilibrio fiscal... Si tienes visión de largo plazo e introduces ahí el desequilibrio potencial que significan los sistemas públicos de pensiones, el déficit y la deuda... A largo plazo tenemos otro problema, y es que las economías europeas languidecen: tienden a crecer poco. Estados Unidos, que también está decreciendo en sus tasas medias, nos gana todavía. Tiene una economía mucho más dinámica y flexible que la nuestra. Las empresas líderes son todas americanas.

—JRI: Por añadir a lo que dice el profesor, no hay incentivos para invertir en pensiones. La última reforma de las pensiones, la de Escrivá, fue en contra de los sistemas privados de pensiones. Con este panorama, lo lógico sería incentivar los planes de pensiones privados para tratar de poner parches a lo que se nos viene encima, como plantean desde Europa.

El nivel de cabreo con la corrupción hace que se encoja el brazo a la hora de invertir y ahorrar

—¿Incentivan la corrupción y el mal ambiente político a la necesidad de ahorrar, por lo que pueda pasar?

—JRI: Tiene un efecto. Por un lado, el nivel de cabreo de la gente, lógicamente, hace que se encoja el brazo. En las encuestas del CIS se ve que hay una desconexión entre la percepción individual y la percepción de cómo va el conjunto. Se ha abierto muchísimo, porque a mí me va bien, pero pienso que las cosas van mal. Tiene que ver con el horror que estamos viendo en la política, en la que esperamos pasar pantalla en algún momento. Sería bueno tener un Gobierno que pueda hacer políticas fiscales y económicas sensatas, que pueda hacer unos Presupuestos... Algunas de las pocas medidas económicas que ha aplicado el Gobierno, como el impuesto a la banca, a los altos patrimonios, o a las energéticas, son de una arbitrariedad altísima, y repercuten en una menor seguridad jurídica. Creo que cuando todo esto pase, será positivo.

—Pensando en el ahorro del que ustedes hablan en su libro, a muchos españoles les gustaría ahorrar, pero parece difícil, con unos impuestos tan altos.

—CR: En el libro insistimos en que hay que ahorrar con las circunstancias que tenemos. A todos nos gustaría que los impuestos fueran bajísimos y los gobernantes honrados, pero hay que contar con las reglas del juego que hay ahora, y que son bastante hostiles al crecimiento, al trabajo, a la empresa y al ahorro. Nunca pueden ser una excusa para no ahorrar. Hay que ahorrar, no sé si les suena esta expresión, a pesar del Gobierno.

A todos nos gustaría que los impuestos fueran bajísimos y los gobernantes honrados, pero hay que contar con las reglas del juego que hay ahora, y que son bastante hostiles al crecimiento, al trabajo, a la empresa y al ahorro

—Los españoles podrían pensar en la Bolsa para incrementar sus ahorros, pero está en máximos. ¿Tendría este que ser un freno?

—JRI: El estado natural de las Bolsas es estar en máximos. Desde que el mundo es mundo, tienen la costumbre de crecer, y la forma de coger, captar o capturar ese crecimiento es a través de los beneficios de las empresas. Lo que pasa es que vuelvo a los sesgos, y a cómo estamos muy influenciados por lo que ha pasado en los últimos años, en los que hemos vivido muchas crisis, que son una excepción. No es normal haber vivido tantas crisis y tan grandes en un periodo de tiempo tan corto. Tendemos a pensar que tienen un nivel de probabilidad más alto, y pensamos cuándo va a venir la siguiente, y no tiene por qué venir. De hecho, más allá de valoraciones de alguna empresa en concreto, como pueden ser SpaceX o Tesla, la bolsa americana y las grandes compañías tecnológicas de las que estamos hablando no están en valoraciones, ni por asomo, parecidas a las que vimos en el año 2000. Están en valoraciones altas, pero los resultados actuales las justifican. También la Bolsa española está en máximos históricos, pero si se ve la evolución de beneficios, se comprueba que las valoraciones son más que razonables, y están por debajo de las medias históricas. En un momento en el que la exposición a la Bolsa europea y, en concreto, a la española, es muy baja, creo que hay que tener el dinero invertido todo el tiempo. Se ha perdido mucho más dinero tratando de anticipar las crisis que sufriéndolas. Hay una estadística buenísima de Fidelity, la gran gestora americana, que dice que quien se ha perdido los treinta mejores días de la Bolsa en un ciclo largo del año 90 hasta ahora, ha obtenido la mitad. Solo perdiendo treinta días, has perdido la mitad de la revalorización, pero perdiendo cinco, también has perdido un porcentaje altísimo. Hay que dejar las emociones a un lado, y no tratar de ser más listo que el mercado. La clave es que el tiempo juega a tu favor. Tener invertido el dinero todo el tiempo en una cartera diversificada. Que los objetivos de rentabilidad tengan que ver con tus objetivos de planificación. Cuando consigues equilibrarlo todo, la relación con tus inversiones va a ser mucho más sensata y mucho más sana, y va a llevar a equivocarse menos, que es de lo que se trata.

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