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Delenda est la Cuba castristaAlberto Recarte

La caída de la economía de Cuba (II): la aniquilación de todo lo privado

En 1962, a los tres años de la implantación del castrismo, el PIB cubano había descendido en un 25 % sobre el logrado en 1958. Entre este año y 1970 no hay estadísticas fiables

La Habana en la década de los 70

En 1974 fui destinado a Cuba como Consejero Comercial y Económico de la Embajada de España. Tenía la aspiración de ver cómo funcionaba una economía socialista en español y en contacto con la realidad. No tardé mucho en comprenderlo, todo era MIEDO y TERROR. Me relacionaba, obviamente, con funcionarios cubanos de muchos ministerios. Los había castristas entusiasmados en puestos de responsabilidad, pero la mayoría vivían presos del temor a hablar, a que los vieran relacionarse con un extranjero, o a que algún miembro del Comité de Defensa de la Revolución los viera llegar a casa fuera de su horario habitual.

Tanto los redactores del Código Penal como los jefes políticos que los aprobaban y los policías que lo aplicaban sabían que era imposible vivir en un sistema económico con una cartilla de racionamiento que servía para cubrir las necesidades de entre 1 y 2 semanas, siendo imprescindible acudir al mercado negro para adquirir lo necesario para no pasar hambre. Todos sabían que a todos ellos les era aplicable ese terrible Código Penal. Pero de eso se trató siempre, de inspirar terror.

En estos días, en los que se demuestra que Cuba es un Estado fallido y se discuten, aparentemente, las reformas económicas necesarias para sacar de la miseria a la inmensa mayoría de la población, creo que es evidente que antes que hablar de economía hay que hacerlo de como sustituir la actual Constitución de la República de Cuba de 2019 y su Código Penal, que permite a sus dirigentes aterrorizar a una población que no tiene ningún derecho.

Hace mucho tiempo que Cuba dejó de tener una economía analizable. No hay estadísticas fiables de nada. El FMI dice que podría tener una renta per cápita similar a la de Haití.

Las leyes revolucionarias y el Código Penal

Ya hemos visto que Cuba era una economía pujante en 1958. Era un gran productor de azúcar, con ingenios azucareros modernos, con una agricultura bastante diversificada, teniendo en cuenta su carácter subtropical, capaz de exportar a Estados Unidos. Tenía minas de níquel con su planta de tratamiento. Y un turismo en desarrollo acelerado. Era el tercer país con la tercera renta per cápita más alta de toda América. Y contaba con un sistema sanitario respetado, un gran nivel educativo y un sector editorial de primer orden.

Tenía una renta de 352 dólares per cápita frente a los 200 dólares de España. Eran analfabetos un 23 % de su población, frente al 32 % de España el año anterior al «triunfo» de Fidel Castro.

La destrucción de la sociedad y la economía cubana se lleva a cabo aceleradamente entre 1959 y 1970.

Desde un punto de vista económico se nacionalizan y expropian todas las empresas nacionales y extranjeras y todas las tierras agrícolas por encima de las 67 hectáreas si bien, algo más tarde, a los campesinos no expropiados se les fijan los cultivos, y los precios de lo que producen, además de integrarlos en organizaciones agrarias dirigidas por revolucionarios.

La ley más trascendental de la economía cubana, que explica la miseria en la que se desarrolla la vida de los cubanos, se publica en 1968.

Fidel se pone al frente de la producción azucarera

El 13 de marzo de ese año dice Fidel «… hay que impulsar todavía más el esfuerzo productivo, hay que extirpar hasta la raíz el egoísmo, el individualismo y todas las formas de parasitismo y explotación». En unos días se nacionalizan todos los establecimientos industriales y comerciales privados que, en palabras de Fidel Castro «son nidos de privilegiados que viven del trabajo de los demás, viendo cómo trabajan los otros». Se cerraron todas las tiendas, talleres, almacenes. Sólo en La Habana en el mes de marzo de 1968 se cerraron 13.000 establecimientos privados. En abril de 1968 el sector privado había dejado de existir.

Ese mismo año Fidel Castro asume directamente la organización de la producción azucarera. Se propone alcanzar los 10 millones de toneladas de azúcar en 1970. Todo el país se paraliza para lograrlo. Fracaso absoluto, a pesar de la contribución de premios Nobel, como J. P. Sartre, y multitud de líderes izquierdistas de todo el mundo, que acudieron a cortar caña de azúcar en solidaridad con Fidel Castro.

Todas esas decisiones no son errores o accidentes, son el reflejo claro de que para Castro y sus secuaces lo importante era que nadie, ninguna persona, familia o empresa, fuera independiente. Para todos ellos la independencia y las iniciativas, personales o societarias, eran enemigas de la Revolución, porque esa libertad si se traducía en algún tipo de ahorro privado, podría dar lugar a planteamientos ideológicos incompatibles con su «revolución». Todos los cubanos tenían que vivir de lo que les iba a dar el Estado. Y «a cada uno se le daría según el valor de lo que aportaran».

En palabras de Fidel Castro de septiembre de 1967 publicadas en el Nouvel Observateur: «…soy opuesto a los estímulos materiales, porque los considero incompatibles con el socialismo… Lo que nosotros queremos es desmitificar el dinero y no rehabilitarlo. Nos proponemos incluso abolirlo totalmente… La ley del valor tiene un sentido en la sociedad capitalista donde la economía se funda en la ganancia. No tiene ninguno en una sociedad socialista. No tenemos ninguna razón, nosotros que estamos en un periodo de transición al socialismo, para conformarnos con las leyes económicas del capitalismo, como si nuestro objetivo fuese solamente dirigir con más eficacia el antiguo sistema. Hemos discutido largamente sobre ese punto y hemos decidido liberarnos lo más rápidamente posible de las servidumbres del mercado. Nuestra planificación debe basarse sobre el «valor trabajo» y no sobre engañosos cálculos de rentabilidad o de ganancia. Vamos a suprimir toda contabilidad financiera en los intercambios entre las empresas socialistas».

En esos once primeros años de régimen castrista Cuba sobrevive con los recursos invertidos hasta 1958. Y con las subvenciones y ayudas que la URSS ya estuvo dispuesta a pagar

En esos once primeros años de régimen castrista Cuba sobrevive con la explotación de los recursos invertidos en empresas, viviendas, infraestructuras por las personas que habitaban Cuba hasta 1958. Y con las subvenciones y ayudas que la URSS estuvo dispuesta a pagar ya en esos primeros años, como prueba y ejemplo de que el poder de Estados Unidos era limitado y menguante. Era la guerra fría. La URSS se consideraba bien pagada con la propaganda antinorteamericana y socialista de Castro en todo el mundo y con sus intervenciones armadas.

La destrucción de la sociedad cubana se plasma en el Código Penal vigente ya en esos primeros años. Me refiero al Código de Defensa Social de 1963, modificado posteriormente en múltiples ocasiones, sobre todo en 1978 y que estuvo vigente hasta mayo de 2022, que endurece, aún más, las sanciones contra la disidencia y la financiación privada desde el exterior.

El 28 de septiembre de 1977 Fidel hace referencia a los delitos que quiere «combatir más firmemente», poniendo el énfasis en los delitos de juego, prostitución, robos y hurtos, a los que se denomina «rezagos del pasado». En el Código se dividen los delitos en comunes y políticos. A estos últimos no se refiere explícitamente porque se les denomina «conductas antisociales».

Dice explícitamente el Código Penal del castrismo:

«Se considera un estado peligroso por conducta antisocial al que habitualmente mediante actos de violencia, o frases, o gestos, o por otros medios provocadores o amenazantes o por su comportamiento general, quebranta o pone en peligro las reglas de convivencia socialista, o burla derechos de los demás o perturba con frecuencia el orden de la comunidad». A los que lo hacen se les puede internar sin juicio. El artículo 137 dice: «El que, con el fin de afectar la seguridad del Estado, fabrique, facilite, venda, transporte, remita, introduzca en el país o tenga en su poder, en cualquier forma o lugar, materias, sustancias o instrumentos inflamables, explosivos, asfixiantes, tóxicos, o agentes químicos o biológicos, o cualquier otro elemento de cuya combinación pueda derivarse productos de la naturaleza descrita, o cualquier otra sustancia o artefacto adecuado para producir sabotajes, incurre en sanción de privación de libertad de “diez a veinte años o muerte».

Me van a permitir reproducir el artículo 473.1 de la ley 1.262 (publicado en la Gaceta Oficial número 2 de 1974). No se trata de artículos de un Código Penal destinados a luchar contra los enemigos de la Revolución, sino de aterrar a cualquiera que pueda pensar al margen del socialismo castrista.

«Será sancionado con privación de libertad de 5 a 20 años, el que de propósito destruyere, alterare, dañare, perjudicare, impidiere, u obstaculizare el normal funcionamiento de los siguientes medios, recursos, instalaciones o unidades socio-económicas: fuentes energéticas, frigoríficos, depósitos o almacenes y otras instalaciones destinadas a guardar bienes de uso o consumo, centros de enseñanza, edificaciones públicas, comercios, albergues, o locales de organizaciones políticas sociales o recreativas. Equipos y medios básicos industriales y agropecuarios, cosechas, bosques, represas, postes y ganados; instalaciones portuarias o de aeronavegación, naves o aeronaves, suministros, equipos o accesorios destinados a esos servicios».

El artículo que acabo de reproducir se refiere a todo tipo de actividades económicas que ocurren en Cuba. Para completar el panorama del MIEDO falta otro, el que hace referencia a los delitos comunes.

El artículo 1 59 dice: «Se sanciona con privación de libertad de 3 a 8 años al que sustraiga una cosa mueble de ajena pertenencia, con ánimo de lucro, concurriendo en el hecho alguna de las circunstancias siguientes: entrar en el lugar o salir de él por una vía no destinada al efecto; uso de llave falsa, o uso de verdadera que hubiera sido sustraída o hallada, o de ganzúa u otros instrumentos análogos; rompiendo de pared, techo, o suelo, o fractura de puertas o ventanas, o de sus cerraduras, aldabas o cierres; fractura de armarios y otra clase de muebles u objetos cerrados o sellados, o en otro lugar, aún cuando la fractura o violencia no llegara a consumarse; empleo de fuerza sobre la cosa misma». Pero aún más importante, al efecto de tener aterrorizada a la población, es el artículo siguiente, el 520, que dice así:

«La sanción es de privación de libertad de 10 a 30 años o muerte si en los hechos a los que se refiere el artículo anterior concurra alguna de las circunstancias siguientes: cuando el hecho se cometa en vivienda habitada, cuando el hecho se ejecute vistiendo el culpable, ilegalmente, uniforme de los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, o de cualquier otro cuerpo armado de la República, o fingiendo ser funcionario público, o mostrando una orden o mandamiento falso de una autoridad; cuando el hecho se realiza por una o más personas actuando como miembros de un grupo organizado o banda; o con la participación de personas menores de 16 años de edad, …cuando lo sustraído son bienes de propiedad socialista, estatal o cooperativa, o de instituciones sociales, o bienes de propiedad personal al cuidado de una entidad económica estatal».

Nada escapa al Código Penal, ni los homosexuales (hasta 1997, cuando se modifica el artículo 303 del Código Penal), ni los agricultores. En concreto, el 529 dice: “El que, sin autorización previa del órgano estatal específicamente facultado para ello, o fuera de los mataderos legalmente establecidos o de los lugares autorizados para la matanza, sacrifique ganado vacuno, tanto si es para la venta como para el consumo propio, se sanciona con la privación de libertad de 2 a 5 años.

En relación con los presos políticos, el 20 de octubre de 1977, Fidel Castro declaraba: «Nosotros tenemos una concepción del preso político y del preso contrarrevolucionario. El preso político es aquel que es arrestado y condenado por querer mejorar la sociedad, luchando por el bien del hombre y por el progreso de la sociedad. No tenemos el mismo concepto de aquellos que luchan por hacer retroceder la sociedad. Y nosotros los denominamos presos contrarrevolucionarios, que están presos por cometer delitos, concretamente graves delitos. Y continua “el 80% de los individuos que teníamos presos por delitos contrarrevolucionarios están en libertad hoy día. Por lo tanto, los que quedan – puede haber algún nuevo ingreso, no lo niego, ¡no lo niego! mediante este programa (se refiere a programas de reeducación política) irán saliendo y, en algunos casos, cuando cumplan su condena saldrán».

El «guevarismo» de Fidel Castro lleva a Cuba directamente a la suspensión de pagos y a la inflación interna, pues los déficits públicos se cubren con la emisión de billetes del Banco Nacional de Cuba que producen, a su vez, la devaluación del peso cubano, que se cotiza en el mercado negro a 3 por 1 oficial. Es la primera de las grandes devaluaciones del peso cubano, un reflejo de la hiperinflación que ya nunca dejará de afectar a los cubanos.

De hecho, en 1960 se había producido la primera suspensión de pagos, al repudiar el castrismo el pago de todas las deudas con el exterior y en el interior. No se reconocen como legítimas ninguna deuda. Es, por otra parte, el nacimiento, después de las nacionalizaciones de bienes norteamericanos con expropiaciones sin compensaciones económicas en 1962, del embargo comercial norteamericano a Cuba, que prohíbe el comercio con Cuba y que se extiende a la mayoría de países sudamericanos.

Empieza el desastre

Con los datos fiables que existen sabemos que en 1962, a los tres años de la implantación del castrismo, el PIB cubano había descendido en un 25 % sobre el logrado en 1958. Entre este año y 1970 no hay estadísticas fiables. Según los datos oficiales el PIB de 1970 era de 5.690 millones de pesos. Si tenemos en cuenta la devaluación en el mercado negro del peso cubano, en términos de dólares podría ser de 1.896 millones de dólares frente a los 2.600 millones de dólares de 1958.

Tampoco hay datos de los déficits públicos desde 1962 pues dejan de hacerse los presupuestos públicos anuales. Lo que hay son gastos públicos que recogen los de las Administraciones y las de gestionar la producción de las empresas públicas en todos los sectores económicos e ingresos por la venta de lo producido por el nuevo sector público empresarial sin casi ninguno de los ingresos típicos, al desaparecer los impuestos personales y societarios. Se había creado, de hecho, la gran «Empresa Estatal de Cuba». El otro gran renglón del gasto, que aparece en 1962, es el de las cartillas de racionamiento de toda la población cuyos productos compran los cubanos a precios subvencionados que son, directamente, gasto público en la cuantía subvencionada.

Los déficits de la balanza de pagos se cubren con créditos soviéticos, que empiezan a acumularse por encima de las subvenciones.

El 20 de mayo de 1970 Fidel Castro confiesa, conmovido, que no se alcanzará la producción de 10 millones de toneladas de azúcar. La autocrítica se acentúa en sus intervenciones de 26 de julio y de 28 de septiembre de ese año. Castro comunica que va a renunciar a la dirección del país para ser sustituido por personas más capaces. Pero «el pueblo» se opone. Una renuncia que nunca se produce. En 2024 Pedro Sánchez amenaza con hacer lo mismo. Solo difieren en que Castro se plantea renunciar por su fracaso como dirigente y Pedro Sánchez lo hace por amor.

  • Alberto Recarte es economista y fue agregado comercial en La Habana