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Delenda est la Cuba castristaAlberto Recarte García-Andrade

La caída de la economía de Cuba (I): el esplendor de un país rico antes de la llegada de Castro

Los sucesivos gobiernos desde 1898 siempre tuvieron cuidado de controlar los déficits públicos, de mantener sus reservas de oro, que sumaban casi 400 millones, y de endeudarse solo para llevar a cabo proyectos imprescindibles de infraestructuras en toda la isla

Vista de coches aparcados en la calle Zulueta con el Capitolio al fondo, La Habana, Cuba, 1935

Vista de coches aparcados en la calle Zulueta con el Capitolio al fondo, La Habana, Cuba, 1935

En 1898, cuando Cuba logra su independencia de España, con la intervención del Ejército norteamericano, tenía una población de 1,5 millones de personas, un millón de españoles y 500.000 de negros y mulatos, de origen africano básicamente, que habían llegado a Cuba como esclavos, que se fueron liberando lentamente hasta la abolición definitiva de la esclavitud en 1886. Desde 1898 hasta 1930 (el año de la Gran Depresión mundial) los gobiernos de Cuba atraen a 1,5 millones de inmigrantes, básicamente de España.

En 1958 Cuba tenía una población de 6,5 millones de personas, de las cuales el 70 % eran blancos de origen español en su mayoría, junto con comunidades de chinos, libaneses y judíos y un 30 % negros o mulatos, muchos de los cuales habían llegado a Cuba de Haití y la República Dominicana contratados para trabajar en la producción de azúcar.

La economía cubana en 1958 estaba plenamente integrada en la de Estados Unidos. La principal industria de la isla era la producción de azúcar que se exportaba básicamente a Estados Unidos, que la compraba de acuerdo a un cupo con precios subvencionados por encima del mercado. De los 131 ingenios azucareros -cada uno con las tierras necesarias- más de la mitad eran de empresas norteamericanas. El resto del sector agrario alimentaba a la población cubana de frutas, hortalizas leche, huevos y carnes y exportaba algunos productos en condiciones de plena competencia a Estados Unidos.

La industria se había desarrollado en torno a la producción de azúcar y fue creciendo para suministrar lo necesario a un país en crecimiento. La industria básica contaba con centrales termoeléctricas, refinerías, cementeras y una pequeña industria del acero.

El turismo se había desarrollado desde los años 20 del siglo XX ante la demanda de norteamericanos, así como con las inversiones de cadenas hoteleras algunas controladas por la mafia que lavaba en Cuba sus beneficios.

En 1958 Cuba era un país rico, con una renta per cápita de 352 dólares. Su PIB alcanzaba los 2.600 millones de dólares. Era un país culto con una tasa del 23 % de analfabetismo, grandes editoriales y cadenas periodísticas y radios nacionales. Destacaba por sus servicios sanitarios, al margen de las grandes diferencias de renta entre blancos y negros. La pobreza se concentraba en los campos e industrias productoras de azúcar. En las ciudades predominaba la clase media.

Los sucesivos gobiernos desde 1898 siempre tuvieron cuidado de controlar los déficits públicos, de mantener sus reservas de oro, que sumaban casi 400 millones a comienzo de 1958, en el Banco Nacional de Cuba, de asegurar el desarrollo económico, endeudándose solo para llevar a cabo proyectos imprescindibles de infraestructuras en toda la isla, tanto nacionales como provinciales y municipales.

Los proyectos industriales eran todos privados con capitales nacionales y extranjeros. La tasa de paro era muy baja. El comercio exterior de bienes y servicios, en pesos cubanos, reflejaba grandes exportaciones de azúcar a Estados Unidos, que era el principal socio comercial; Cuba también exportaba tabaco, café y níquel. Sus importaciones, procedentes también mayoritariamente, en un 70 %, de Estados Unidos, eran básicamente maquinaria, alimentos procesados, automóviles y algunos alimentos básicos como el arroz, trigo y manteca. Sus cuentas estaban básicamente en equilibrio. La clave del arco que aseguraba que el control gubernamental de la economía era el correcto era el mantenimiento del tipo del cambio de un peso cubano por un dólar norteamericano; lo que se garantizaba con una política monetaria conservadora, con libertad absoluta de conversión en dólares o cualquier otra moneda convertible.

La caída de Batista y la llegada de Castro

La última Constitución de Cuba antes del castrismo era la de 1940 que garantizaba la libertad individual y económica y la existencia de partidos políticos. Desde 1927 se sucedieron los golpes de estado, impulsados, en gran parte, por la corrupción y por la lucha contra la corrupción. El primero fue el que desembocó en la dictadura de Gerardo Machado en 1927, tras haber sido presidente constitucional desde 1925, que se prolongó hasta 1933. Tras Machado el sargento Fulgencio Batista se rebeló contra los oficiales y ocupó el poder hasta 1940. En 1952 nuevamente Batista, ya convertido en coronel, da otro golpe y se autoproclama dictador hasta que abandona el país en diciembre de 1958 justo antes de que Fidel Castro entrara en La Habana el 3 de enero de 1959.

El 26 de julio de 1953 el grupo denominado «El Movimiento» de Fidel Castro, (que posteriormente sería el Movimiento 26 de julio) también conocido como el de la Generación del Centenario (que coincidía con el del nacimiento de José Martí), asalta el Cuartel Moncada y fracasa tras haber causado 19 muertes en el ejército regular. El ejército de Batista había causado 6 muertos a los asaltantes y otros 55 fueron atrapados y asesinados. Fidel Castro fue posteriormente capturado, juzgado y condenado a sólo 15 años de prisión. Apenas 2 años después, en 1955, fue amnistiado por Batista tras haber estado en prisión 22 meses.

La rebelión de Fidel Castro contra la dictadura de Batista comienza otra vez en 1956 y triunfa a finales de 1958. Los Estados Unidos consintieron este nuevo golpe, aunque la Constitución cubana permitía su intervención desde 1898, porque se presentó como un movimiento democrático que convocaría nuevamente elecciones democráticas y lucharía contra la corrupción.

Los objetivos de Fidel Castro eran muy diferentes de todos los golpes de estado y dictaduras de los 40 años anteriores.

Pero los objetivos de Fidel Castro eran muy diferentes de todos los golpes de estado y dictaduras de los 40 años anteriores.

El primero era que Castro no quería ni partidos políticos, ni democracia, ni elecciones libres. Quería ser dictador de por vida. De hecho, nunca se han vuelto a celebrar elecciones libres en Cuba. Desde su toma del poder se dio cuenta de que los regímenes políticos que garantizaban dictaduras de por vida eran los comunistas. Para sus aspiraciones de poder absoluto eran una garantía.

Todas las decisiones económicas trascendentales que toma Fidel Castro entre 1959 y 1970 tienen por objetivo eliminar el poder económico de todos los que vivían en Cuba o habían invertido en Cuba y tenían propiedades y empresas en cualquier sector, agrario, minero, pesquero, industrial o de servicios.

Antes de llevar a cabo las expropiaciones, sin indemnización alguna, de todas las empresas y propiedades norteamericanas y de nacionales, ya había llegado a acuerdos con la URSS en 1960 para disponer de créditos para poder financiar los déficits públicos y de balanza de pagos que se iban a producir con sus decisiones.

Una política radical que ya había llevado a cabo en el orden político, eliminando físicamente, o encarcelando, o forzando la salida del país, a todos los políticos que habían colaborado con su movimiento para derrocar a Batista.

Otra política radical era forzar la salida de Cuba de todos los dueños de propiedades o empresas de nacionalidad cubana. Entre 1959 y 1965, en apenas 6 años abandonan Cuba alrededor de 600.000 cubanos, entre los que se encontraban los dueños y gerentes y profesionales cualificados del mundo empresarial, tras haberles despojado de todo lo que tenían. (1)

Aunque la primera política, la más importante, era la de aterrorizar a toda la población, con fusilamientos y penas de prisión interminables que siempre se cumplían, pues él sabía que cualquier amnistía podría convertir a los liberados en enemigos con conocimientos. Un ejemplo fue el juicio a los 43 miembros de la Fuerza Aérea del ejército regular celebrado en marzo de 1959. Todos fueron absueltos por un Tribunal Revolucionario tras demostrarse que lejos de bombardear a la población había procurado arrojarlas en campas y zonas despobladas. Fidel Castro se manifestó en contra de la absolución. Dijo que todos eran culpables. Se los volvió a juzgar y fueron condenados a prisión de 20 a 30 años. El mensaje fue muy claro. A los suyos, que él era el único que tenía, también, el poder judicial y a los demás, que si querían conservar la vida o la libertad tenían que obedecer a sus decisiones, fueran las que fuesen.

Una vez que el Estado fue dueño de todo, desde las viviendas hasta todas las empresas que realizaban cualquier actividad, Cuba se denominó «socialista». Que lo fue en el sentido de propiedad, pero no de actividad económica, que se movía no con planes u objetivos sino de acuerdo a las convicciones, deseos o caprichos en cada momento de Fidel Castro. Su endeble formación, su analfabetismo en todo lo referente a la economía de mercado, condenaron a Cuba a la miseria y a la quiebra. No a él, que vivió hasta su muerte entre el lujo y la admiración – incomprensible – de una parte considerable de la izquierda y el progresismo de todo el mundo.

No está de más recordar que el 1 de enero de 1959 Fidel Castro toma el poder en Cuba para llevar a cabo la política económica que hemos expuesto y que el 21 de julio del mismo año Francisco Franco, jefe del Estado español, aprueba un «plan de estabilización» de la economía española que suponía en primer lugar, la renuncia a intervenir en la economía, y al nacionalismo peronista. Se devalúa la moneda, se liberalizan las exportaciones y las importaciones, se renuncia a la autarquía como forma de controlar la economía, se reducen gastos públicos, se permite que el mercado fije los precios. Se pide el apoyo del FMI y del Banco Mundial para financiar la transición a una economía de mercado. España nunca ha suspendido pagos y cuantas veces ha sido necesario ha ejecutado ese tipo de planes para estabilizar la economía.

Cuando muere Franco, España tiene una clase media que estabiliza socialmente el país y unas leyes franquistas que permiten la transición a una democracia plena confirmada con una Constitución en 1978 votada por abrumadora mayoría por los españoles. Ese mismo año Fidel Castro publica también una Constitución que garantizaría su tiranía hasta su muerte. En 2025, la renta per cápita de España era de 40.000 dólares. La de Cuba fue de 1200 o 3000 dólares. Dos tipos diferentes de dictadores.

Alberto Recarte es economista y fue agregado comercial en La Habana
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