La semana 'horribilis' del ministro Arcadi España con sus funcionarios en contra porque con Montero cobraban más
El ministro afronta hoy su primer CPFF, que amenaza con convertirse en un campo de minas a cuenta del cupo catalán, y esta semana también tiene que decidir quién sustituye a Soledad Fernández al frente de la AEAT
El ministro de Hacienda, Arcadi España, comparece ante la Comisión de Hacienda
Si el coronel de Gabriel García Márquez no tenía quien le escribiera, el ministro de Hacienda no tiene quien le dé una buena noticia. Porque mucho se está hablando del malestar reinante en la Agencia Tributaria tras la dimisión de parte de su cúpula, pero muy poco del ambiente irrespirable que acorrala a Arcadi España en el número 5 de la calle Alcalá. «En la AEAT, y mucho más en la SEPI, lo estarán pasando mal por los escándalos, pero a ellos no les han bajado el sueldo como a nosotros». Así se expresa una funcionaria que ha dejado de cobrar algo más de 600 euros mensuales en concepto de productividad desde que María Jesús Montero salió de Hacienda para cosechar el peor resultado histórico del PSOE en Andalucía. «Como el ministro ya no tiene rango de vicepresidente, el presupuesto es menor y nos han quitado ese complemento, que en algunos casos alcanzaba los 1.000 euros. En abril nos dieron una paga por esa cantidad para compensarnos, pero a muchos no nos salen las cuentas; sobre todo a los auxiliares, que son los que menos cobran».
Otro trabajador del ministerio aclara que «las productividades, a diferencia de los complementos de destino o los específicos, son variables y eso lo sabemos todos. La decisión es perfectamente legal, lo que no quita para que le hayan hecho la pascua a los treinta y tantos del gabinete del ministro y a un buen puñado más de compañeros entre una cosa y otra. El ambiente está muy enrarecido por este tema y, encima, el nuevo equipo de Arcadi España no acaba de encajar con los que se han quedado de la época de Montero, que son la mayoría». Se refiere la fuente al núcleo duro del ministro, que componen pocas personas entre los procedentes de la secretaría de Estado de Política Territorial que encabezaba él antes de que Sánchez le designara, y algún que otro asesor llegado de la Comunidad Valenciana, su tierra. «Nada que ver con el séquito que se trajo la vicepresidenta de Sevilla. Algunos del pool de asesores del ministerio ni pisaban Madrid. Y luego está lo de Carlos Moreno, el jefe de gabinete, que desapareció cuando le señaló Aldama, pero seguía firmando papeles desde Andalucía».
Sean funcionarios o empleados públicos, hay ganas de hablar en Hacienda. Se comprende, porque la cartera que heredó Arcadi España a finales de marzo es mucho más pesada de lo que se preveía y eso también les perjudica a ellos. Desde luego, no estuvo muy acertado el ministro con aquella gracieta que hizo el día de su toma de posesión. A estas alturas, seguro que está arrepentido. Si la financiación autonómica y los Presupuestos ya amenazaban tempestad, ahora hay que sumar el lío de la Agencia Tributaria y la podredumbre de la SEPI, con sus tres últimos presidentes imputados por corrupción. En el holding público no dan crédito a lo que está pasando. Sabían que Bartolomé Lora era un hombre de paja de Vicente Fernández. A la postre, estaba en funciones, pero Belén Gualda no daba el perfil de presunta delincuente que concedía ayudas estratégicas a las empresas que señalaba con el dedo Leire Díez y no a quienes las merecían.
En todo caso, será la Justicia la que dictamine, igual que se acabará sabiendo qué ha pesado más en la dimisión de Soledad Fernández al frente de la AEAT: si la bochornosa gestión del caso de las joyas de Zapatero o la negociación del cupo catalán a la que se oponen frontalmente los inspectores de Hacienda. Uno de ellos, buen amigo desde hace más de una década, me cuenta que «se mire por donde se mire, es un disparate. Un sistema que permita a una comunidad recaudar y gestionar directamente el IRPF debilitará los mecanismos de control y de lucha contra el fraude, ya que se van a multiplicar los criterios de supervisión. Es una contradicción enorme si tenemos en cuenta la presión que estamos soportando los inspectores a la hora de perseguir el delito fiscal».
Arcadi España afronta este lunes su primer Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) como ministro. En teoría está convocado para abordar con los consejeros autonómicos la senda de estabilidad, que fija el margen de déficit de las Administraciones públicas de cara a la elaboración de ese señuelo que son los Presupuestos de 2027. Pero todo el mundo sabe que el cónclave está llamado a convertirse en ring de confrontación en torno a la mal llamada financiación singular de Cataluña.
En la Agencia Tributaria hay quienes vinculan la renuncia de su directora general y otros dos altos cargos con la última reunión celebrada entre Hacienda y la Generalitat. Habría sido la gota que colmó el vaso después de meses de discusión sobre el nuevo modelo. Esta semana sabremos quién sustituye a Soledad Fernández. El nombre que suena con más fuerza es el de Rosa Prieto, la actual directora del Departamento de Gestión Tributaria.
Sea como fuere, nadie en su sano juicio le arrendaría la ganancia al ministro de Hacienda, a quien se le multiplican las crisis. Uno de los funcionarios consultados, el más veterano, me comenta que «es un hombre tranquilo y en este sentido recuerda más a Montoro que a Montero, pero con lo que tiene encima, no puede estar más achicharrado». Cabe darle la razón. Qué lúcido estuvo Carlos Cuerpo cuando le pidió a Sánchez que le hiciera vicepresidente y no superministro de Economía y la maldita Hacienda.
- Susana Burgos es periodista especializada en economía y empresas y formadora de portavoces