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El presidente de Indra, Ángel Simón, y el consejero delegado, José María Recasens.

El presidente de Indra, Ángel Simón, y el consejero delegado, José María Recasens.Eduardo Parra / Europa Press

En Indra prevén un otoño caliente, en medio de la tensión entre Sánchez y Trump

En Indra ven venir un otoño complejo. A la vuelta del verano se espera que un grupo de expertos presente las líneas de futuro de la empresa, según apuntan fuentes internas. En el interior de la compañía dudan de que puedan hacerlo bien, porque Indra es una compañía distinta, que trabaja en muchos sectores y depende de muchos clientes a menudo contrapuestos entre sí, y requiere de alguien que conozca bien el sector para saber manejarlo. El problema es que en el interior de la empresa no se sabe quiénes son esos expertos. Lo que se sabe es que no son de la empresa.

Fuentes de la compañía sostienen que el anterior presidente, Ángel Escribano, «podía tener sus cosas», pero era del sector de la defensa y sabía de lo que hablaba, mientras que la nueva directiva, compuesta por el presidente, Ángel Simón, y el consejero delegado, José María Recasens, no es del sector, y se nota que aún tiene que aprender, aunque el prestigio que atesoran por su carrera profesional en otros ámbitos es indudable.

No les vale la idea de que Recasens haya venido para aprovechar sus conocimientos de la cadena de producción adquirida en la industria automovilística, porque fabricar un misil no tiene nada que ver con fabricar un coche. De ahí que en principio desconfíen de esta filosofía, pero para ver los resultados habrá que esperar a que echen a andar Simón y Recasens junto con la mano derecha de Simón, Ciril Rozman, a quien en la empresa ya han visto sus características de fiel escudero de Simón.

Lo que ahora parece claro es que la compra de Escribano no va a producirse. La industrialización que podía dar a Indra la empresa de los hermanos parece que finalmente se la va a dar General Dynamics, algo que en la compañía no entienden, teniendo en cuenta el Real Decreto 517/2023 sobre inversiones exteriores, en el que se anunciaba la promoción del negocio de la defensa entre empresas españolas, y la petición de la Comisión Europea en este sentido: primar el negocio nacional sobre el de otras regiones, en este caso sobre la estadounidense.

Tampoco entienden para qué servirá entonces la fábrica de El Tallerón que se compró a Duro Felguera en Asturias en julio de 2025, cuando Ángel Escribano era el presidente. En principio la obra civil debería estar concluida en septiembre y a partir de final de año tendrían que empezar la fabricación de blindados.

Como se ve, hay incógnitas importantes dentro de esta nueva etapa de Indra. Puede deberse a que no están resueltas o a que su solución no se ha transmitido a los empleados de la empresa.

Esta incertidumbre no ayuda nada en un momento en el que se teme por el importante negocio que tiene Indra en Estados Unidos debido a la mala relación entre Trump y Sánchez, aunque la compañía sigue obteniendo contratos relevantes allí. Entre los más recientes están el acuerdo por 300 millones para modernizar los sistemas de control de tráfico áereo en Estados Unidos o el contrato de máquinas de atención al cliente y ticketing del metro de Washington.

Está claro que Indra puede tener un futuro brillante. «La empresa va como un tiro», reconocían a El Debate a principios de junio fuentes sindicales, y la compañía acumula mucho saber hacer entre sus empleados; pero también es cierto que la avalancha de pedidos es ingente (20.434 milllones de euros en junio, un 154 % más que hace un año), y ahora la directiva tiene que demostrar su capacidad para aprovechar el aumento de inversión en defensa. De momento, el precio de la acción ha caído un 11 % en el último mes.

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