El presidente de Indra, Ángel Simón.
Indra va a por Escribano, y su empresa podría caer a precio de saldo
Fuertes críticas internas al papel de los políticos en el devenir de la compañía
En Indra prevén un otoño caliente, en medio de la tensión entre Sánchez y Trump
Las cosas se complican cada vez más para los Escribano. Tras la salida de Ángel de la presidencia de la compañía el 1 de abril y la venta de las acciones por parte de los hermanos en mayo, la situación se tuerce cada día que pasa, y ahora empeora con dos investigaciones que sobre ellos mantiene abiertas la compañía.
Tal como informaba ayer Vozpópuli y ha podido confirmar El Debate, Indra tiene en marcha una doble investigación sobre los Escribano. La primera tiene que ver con la denuncia que presentó la empresa de defensa Santa Bárbara en torno a una supuesta sustracción y uso de documentación confidencial vinculada a programas militares que afectarían a un ex alto cargo suyo que después se incorporó a Indra como responsable jurídico cuando el presidente era Ángel Escribano.
Se sospecha que se quiere apretar a la empresa de los hermanos para poder comprarla más barata
Santa Bárbara comunicó a Indra que un familiar de este ex alto cargo envió por error unos archivos a una dirección de correo de Santa Bárbara cuando pretendía mandarlos a la nueva cuenta del directivo en Indra. La investigación trata de determinar si la documentación circuló en Indra y si se aprovechó en detrimento de otros actores industriales.
La segunda investigación se enfoca en personas del comité de dirección que la nueva presidencia de Ángel Simón ha heredado del anterior equipo directivo liderado por Ángel Escribano y José Vicente de los Mozos.
La nueva directiva quiere tener este panorama claro antes de encarrilar su nueva estrategia, que se definirá en un nuevo plan estratégico que se presentará de aquí a final de año.
Fuentes cercanas a la compañía sospechan que lo que se quiere es acabar con Escribano: apretar económicamente a la empresa de los hermanos y terminar comprándola a precio de saldo, o, en cualquier caso, a una cantidad mucho menor de los 2.000 millones de los que se había hablado en un principio; incluso por debajo de los 1.300-1.500 millones de euros que se comentaban hace menos de dos meses.
La posible compra de Escribano está ahora parada, pero pocos dudan del encaje de la operación. La empresa de los hermanos es la que más factura en el sector de defensa español por detrás de Indra, y se dedica a un negocio en el que la multinacional no está: las estaciones de armas para blindados y buques de guerra.
Como ya hemos contado en otras ocasiones, la fusión entre ambas empresas estuvo aprobada por el consejo de administración de Indra, incluida la SEPI, como representante del Gobierno, hasta diciembre del año pasado. Como al parecer no había ningún papel firmado sobre el acuerdo, el Gobierno incumplió su palabra, y después dijo que había perdido la confianza de Ángel Escribano, que acabó saliendo de la presidencia en abril.
El pavor a la degeneración del Gobierno de Sánchez frena alianzas y operaciones
Viendo el proceso degenerativo del Gobierno de Sánchez, Escribano trató de volar por su cuenta con los accionistas privados de Indra (el fondo Amber de Oughourlian, fundamentalmente), pero la jugada le salió mal, y ahora no tiene apoyo político ni en el PSOE ni en el PP.
Si el Gobierno cambia, el PP tiene la misma idea con Indra: el Estado –es decir, el Gobierno a través de la SEPI– debe seguir siendo el accionista principal de la compañía. Y si el PP llega, la directiva actual saldrá.
Mientras todo esto ocurre, nadie quiere aliarse con Indra y un gobierno a la deriva como el de Sánchez. Es un freno para Santa Bárbara, que pertenece a la estadounidense General Dynamics, de un país claramente enfrentado con Sánchez hoy en día, y es un freno para que Indra compre empresas como la española ITP Aero, novena compañía mundial de motores y componentes aeronáuticos por ingresos.
El Gobierno de Sánchez y sus líos lo frenan todo, y los inversores y accionistas están a la expectativa: Oughourlian y su fondo Amber, que con el 7,24 % son los terceros principales accionistas de Indra, o la empresa vasca de movilidad militar Sapa, que con el 7,94 % de las acciones es el segundo principal accionista de Indra.
En medio del lío entre la SEPI y Escribano, Sapa optó por alinearse con el Gobierno, y no tendrían conexión con un futuro gobierno de derechas. Esta compañía vasca es cercana al PNV, aunque no forma parte de su núcleo duro de empresas, y en un hipotético futuro gobierno de PP y Vox, no tendría nada que hacer por este lado: el presidente del PNV, Aitor Esteban, no tiene una buena relación con estos partidos, ni tiene intención de tenerla, de modo que no contaría con ninguna capacidad de presión.
Mientras tanto, la situación dentro de la empresa empeora. «Me parece una bajada de pantalones por parte de De La Rocha –jefe de la Oficina de Asuntos Económicos de Moncloa– y una nueva patada a la estrategia de Indra, donde una vez más volvemos a tomar una ruta diferente que no sabemos lo que durará», señala una fuente interna respecto al viraje de Escribano hacia Santa Bárbara y las dos actuales investigaciones.
«Esto es una pérdida de tiempo y de confianza constante en un proyecto que debería ser estratégico, y donde los políticos demuestran que sobran cada día un poco más», añade. «Ahora esta dirección, que está gestionando todo desde el silencio y la nula disposición a escuchar a quienes deberían saber, y se está centrando en el mundo del automóvil –el nuevo consejero delegado, José María Recasens, viene de ese sector y apuesta por aprovechar el saber hacer automovilístico para la defensa, aunque no tienen nada que ver–, veremos hasta dónde nos lleva», agrega. «Es evidente que el PNV ha ganado la batalla y Sapa obtendrá los contratos que necesita, aunque eso signifique que la experiencia del 8x8 no ha servido para nada», concluye.