España, campeona de la inflación en Europa: adiós al relato de Sánchez sobre el control de la crisis
España es ya la economía que más contribuye a que la inflación esté disparada en Europa, muy lejos del objetivo del 2 % que tiene el BCE
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo
Esta semana se descubrió el pastel. Y lo hemos sabido poco antes de marcharnos de vacaciones, eso los que aún pueden irse. El miércoles conocimos el dato de la inflación de junio. Y lo que ya todos sabíamos, menos el Gobierno y su Presidente, ha dejado de ser un misterio, o una gran mentira que invadía todas las ruedas de prensa económicas, sociales y laborales.
Decía Pedro Sánchez que España era el país europeo que mejor estaba controlando la crisis inflacionaria. Y nos lo decía a los españoles. Se nota que no va al mercado o que hace tiempo que no paga una cerveza. Al resto de los mortales no nos cuadraba. Lo comprobábamos desde hace meses en las facturas de luz, gas, gasolina y el super. Pero a decir verdad, tampoco importaba mucho. Ya estábamos acostumbrados a otras mentiras y esta, no por repetida, tampoco se convertía en verdad.
El caso es que la inflación en junio –según Eurostat y el INE– se mantiene en el 3,2 %, la misma tasa que en abril y mayo. En marzo fue del 3,4 %. Los analistas del régimen se apresuraron a interpretar estos datos como que «la inflación se mantenía (sic)» y que si se mantenía era «por la moderación del precio de las gasolinas». Dejando al margen interpretaciones tan sesgadas, la realidad es que el IPC, el principal indicador de la inflación, se mantenía, por cuarto mes consecutivo, por encima del 3 %.
¿Y qué pasa en Europa, ese continente quasi muerto que no crece y que no es capaz de controlar el consumo? Pues que en la zona euro la inflación se moderaba cuatro décimas hasta el 2,8 %. Es decir, que no es que España sea el país que mejor controla la crisis, sino, como dice José Ramón Riera, es «la campeona de la inflación en Europa».
Y si a eso sumamos que nuestros salarios son más bajos, que no se puede ahorrar con estos precios, nadie debe extrañarse de que este incremento duela mucho más en nuestra cartera que en la de cualquier europeo. Y este dolor se vuelve aún más cruel cuando analizamos dónde se produce el incremento de los precios: en la cesta de la compra, en la que los huevos se disparan un 14,1 % y la carne de vacuno un 11 %. Dos dígitos. Y es que la alimentación sigue siendo donde más se percibe el aumento de precios. No son los únicos.
Nadie discute que una parte importante del encarecimiento de los precios es por la guerra de Irán y el consiguiente incremento de los combustibles. La coartada permanente del Gobierno. Pero no es menos cierto que en Europa ese encarecimiento no ha impactado tanto en los bienes y servicios que afectan a las familias. Dos ejemplos.
El vestido. Mientras en Alemania solo sube un 0,5 %, en Francia no sube nada, y en Italia lo hace un 0,9 %, pero… pero en España se dispara hasta el 5,2 %. Restaurantes y hoteles. Mientras Alemania y Francia se movían en un incremento de precios en torno al 2,6 y el 2,8 %, en España volvían a crecer hasta un 5 %. Pero eso solo es el aperitivo. Los hoteles españoles han aprovechado la guerra de Irán que sigue, y el boom de visitantes que se espera este año -100 millones de turistas- para incrementar sus tarifas ¡un 12 %! Si los más pesimistas anunciaban una inflación en verano del 4 %, los movimientos que vamos conociendo apuntan a que será aún más alta.
Pero además es que estos datos, aunque ciertos, son profundamente engañosos. No es lo mismo un dato de inflación en Alemania que en España. Los alemanes no cobran lo mismo que en nuestro país. Tampoco los franceses. Y los incrementos de la inflación en esos países tampoco impactan de la misma forma allí que aquí. Y es que la inflación española está golpeando no a los que van a hoteles, sino a los bienes más esenciales de la cesta de la compra. Aquí no podemos prescindir de la inflación.
Y no podemos porque las alzas más importantes del IPC afectan también a los gastos asociados a la vivienda: un 4,7 %, más de tres puntos por encima de la del mes pasado y muy por encima del alza que experimentó en junio del año pasado, por la electricidad y el gas.
Lo que usted percibe desde hace meses cuando va a hacer la compra no solo no es una alucinación
España fue el país de la Unión Europea, después de Malta, donde más subieron los precios en junio. La inflación interanual ya está en el 3,6 %. Y por eso España es ya la economía que más contribuye a que la inflación esté disparada en Europa, muy lejos del objetivo del 2 % que tiene el Banco Central Europeo (BCE).
El incremento de la vivienda, de los combustibles y el alza del IVA de la luz y el gas, que Pedro Sánchez decretó desde el 1 de junio por creer que la guerra de Irán ya no hacía necesaria mantener la rebaja en el IVA, ha resultado otro fiasco. La Guerra sigue, pero las ayudas no.
Hasta el Banco de España ha elevado su previsión hace unas semanas seis décimas, calculando que el IPC se quedaría en el 3,6 % este año. Los servicios de estudios de la entidad, tan maltratados por su actual Gobernador, son capaces de corregir en dos semanas seis décimas. Con estos cálculos no será José Luis Escrivá quien pueda reprochar nada a su enemigo Carlos Cuerpo. También la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) elevó en abril su previsión de inflación al 3,2 %, pero, con las previsiones que acaba de dar a conocer –rebaja del crecimiento y que el déficit público subirá este año por primera vez desde 2020–, no sería de extrañar que también corrija sus datos macro en lo que a la inflación se refiere.
Es decir, que lo que usted percibe desde hace meses cuando va a hacer la compra no solo no es una alucinación, sino que está constatada por los datos que dan a conocer Europa y otros organismos reguladores. Y que si el Gobierno, en su afán manipulador, sigue contando lo bien que capea la crisis, es por otra cosa. A que quizá consiga traer a Carles Puigdemont –aquella otra promesa incumplida de Sánchez– y así pueda sobrevivir al verano, a los calores y al fútbol.