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Bernard ArnaultGTRES

El rey del lujo baja al barro en plena polémica por su herencia

Le Monde ha publicado una serie de artículos sobre el presidente de LVMH

LVMH, líder mundial del lujo, puede presumir de buena gestión. De sus resultados semestrales –que abarcan el periodo que transcurre desde enero hasta junio del presente año– se desprende un aumento de los ingresos del 2 %, hasta alcanzar los 38.600 millones de euros, un crecimiento que llegó hasta el 3 %. El margen operativo es del 22,5 % y el flujo de caja libre de 4.100 millones de euros, mientras que el beneficio neto se mantuvo estable en 5.700 millones de euros.

En lo tocante al valor de la acción, creció un 1,1 % hasta situarse en los 466,8 dólares, por debajo del máximo logrado hace exactamente un año (654,7 dólares), aunque superando cómodamente el mínimo crítico de 440 dólares. Por lo tanto, los gestores del conglomerado, con su presidente, Bernard Arnault, a la cabeza, pueden estar satisfechos de su obra en un contexto internacional difícil, teniendo en cuenta la importancia estratégica del mercado de Oriente Medio para LVMH.

Pero la celebración se está viendo oscurecida por las polémicas mediáticas que rodean a la familia Arnault desde hace mes y medio y que el magnate procura acallar por todos los medios a su alcance, que no son pocos. Hasta ahora, sin éxito.

La primera ofensiva se produjo a primeros de junio con motivo de la publicación del libro de investigación Bernard Arnault, son univers impitoyable (Bernard Arnault, su universo despiadado), escrito por la periodista especializada en moda Audrey Millet. Entre las revelaciones destapadas por Millet destacan episodios poco gloriosos de la juventud de Arnault. Por ejemplo, su paso por la Escuela Politécnica, uno de los viveros habituales de las élites francesas. «El joven destaca en cálculos de probabilidad, pero no tanto en cultura general», se puede leer.

De la Politécnica al servicio militar, que Arnault empezó a cumplir en la Escuela de Ingenieros (militares) de Angers. Sus superiores consideraron que «no era apto para ocupar un puesto de responsabilidad». Un misil en plena línea de flotación del mandamás de LVMH, que ha dedicado años a generar su propio relato, cuya piedra angular es una capacidad de liderazgo fuera de lo común. Millet ironiza: «Lo que el ejército francés entonces consideraba fallos de mando, la dirección en la década de 1990 lo rebautizaría como agilidad, liderazgo transformacional y espíritu emprendedor. El mundo cambiaría su perspectiva».

Nada extraño que Arnault movilizara todas sus influencias para impedir la difusión del libro. De nuevo, sin éxito. Pero sí ha conseguido que uno de sus escasos amigos en el mundo de los negocios, el magnate conservador Vincent Bolloré, prohibiera exponer ejemplares del ensayo en sus tiendas «Relay» que tienen, de facto, el monopolio de venta de prensa y libros en los aeropuertos y estaciones ferroviarias de Francia. La mayor parte del resto de los medios ha optado por la prudencia, ya que LVMH es el primer anunciante del país.

Si bien se sabía que el presidente de LVMH era de trato distante y estirado, la desmitificación llevada a cabo por Le Monde es demoledora

Cuando parecía que las aguas se calmaban, Le Monde ha publicado, en esta segunda mitad de julio, una serie de seis artículos sobre Arnault. Escritos por las periodistas Raphaëlle Bacqué y Vanessa Schneider, que suelen diseccionar, con su pluma acerada, los entresijos del poder políticos y económico, dan a conocer detalles de la vida íntima de Arnault –«duerme en calzoncillos»– o relativos a sus (supuestas) manías, como la de llegar un minuto tarde a las reuniones profesionales para no tener que estrechar la mano de los participantes. La lista de anécdotas, a cada cual más crujiente, no es exhaustiva. Si bien se sabía que el presidente de LVMH era de trato distante y estirado, la desmitificación llevada a cabo por Le Monde es demoledora.

Con todo, lo que más ha dolido a Arnault, que cumplió 77 años el pasado 5 de marzo, han sido las especulaciones sobre su sucesión. Fue preguntado sobre el asunto hace unos meses, al ser reconducido como presidente de LVMH. Contestó que el asunto no era de actualidad. «Vuelvan a preguntar dentro de 7 u 8 años», apostilló.

Le Monde no lo ha entendido de esa manera y ha plasmado por escrito lo que se viene murmurando desde hace ya algún tiempo en los mentideros del establishment parisino: que la familia del magnate está partida en dos sectores cada vez más irreconciliables. El primero está conformado por Délphine y Antoine, hijos del primer matrimonio del magnate. La mayor preside Christian Dior, mientras que su hermano lleva toda la comunicación del grupo.

Conocida es la antipatía de Mercier por Antoine y por el compañero sentimental de Délphine

El segundo sector lo integran la actual esposa de Arnault, la pianista Hélène Mercier, y los tres retoños habidos en estas segundas nupcias: Alexandre, Frédéric y Jean. Conocida es la antipatía de Mercier por Antoine y por el compañero sentimental de Délphine, el también magnate –empezó amasando su fortuna en la telefonía pornográfica– Xavier Niel. Por si no fuera suficiente, Niel es accionista de Le Monde.

Esta vez, Bernard Arnault ha estallado. No a través de los medios que controla –Paris Match, Les Echos, Le Parisien o Radio Classique–, sino haciendo uso por primera vez de la red social X. Por medio de un comunicado escrito por él mismo, alterna la socarronería y la indignación. Bromea asegurando que no sabía que era el jefe de la «nueva familia real de Francia». «He pedido a mis hijos que me hagan la reverencia».

A medida que se avanza en la lectura, el tono se hace más agrio: sin ir más lejos, reprocha a las periodistas de Le Monde –a las que recibió– que dispensen un trato más benévolo a la familia Wertheimer, dueños de Chanel y principales rivales suyos junto con los Pinault (Gucci) y los Hermès. También desmiente que prohíba a sus empleados tener sobrepeso. Por lo que respecta a la práctica generalizada del mecenazgo para pagar menos impuestos, se defiende que no hace sino operar en un marco legal que no inspiró.

Nunca Arnault había respondido a las críticas de forma tan contundente. Prueba de que los cuchillos afloran en LVMH. En juego, un grupo de 75 empresas prestigiosas y una fortuna familiar estimada en 160.000 millones de euros.