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José María Rotellar

Pablo Vázquez, el economista que entendía que las ideas importan

Su legado permanecerá en las instituciones que contribuyó a fortalecer, en los economistas y alumnos que aprendieron de él y en todos aquellos que tuvimos el privilegio de compartir parte del camino a su lado

Hay personas cuya trayectoria profesional resulta difícil de resumir porque, más allá de los cargos que han ocupado, dejan una huella profunda en las instituciones y, sobre todo, en quienes tuvieron la fortuna de trabajar con ellas. Pablo Vázquez pertenecía a esa categoría. La economía española pierde a un gran economista liberal; el pensamiento reformista y el centro-derecha liberal-conservador pierden a uno de sus principales referentes intelectuales; pero, por encima de todo, quienes le conocimos perdemos a una persona excepcional.

Conocí a Pablo hace más de veinte años y, desde entonces, siempre tuve la misma impresión: estaba ante un economista de enorme solvencia técnica y de una calidad humana todavía mayor. En un ámbito donde no siempre abundan la generosidad intelectual, la elegancia en el trato y la capacidad de escuchar, reunía todas esas virtudes con una naturalidad poco común.

Profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid, desarrolló una brillante carrera académica que siempre supo combinar con el servicio público. Formó parte del gabinete de José María Aznar como director del Área Social y de Políticas Públicas del Gabinete de la Presidencia y, posteriormente, de su Gobierno como subsecretario de Sanidad, llevando a la gestión pública el rigor analítico que caracterizaba toda su forma de entender la economía y la política.

Su paso por Fedea marcó, probablemente, una de las etapas más relevantes para el pensamiento económico aplicado en España. Como director de la Fundación, impulsó una profunda transformación que reforzó su prestigio nacional e internacional mediante la incorporación de investigadores de primer nivel y el desarrollo de una intensa actividad investigadora. Bajo su dirección se promovieron numerosos informes y estudios de referencia para instituciones públicas y privadas, además del diseño de indicadores sintéticos de actividad económica para las comunidades autónomas.

Tuve la fortuna de colaborar con él precisamente en uno de esos proyectos, el referido a la Comunidad de Madrid. Aquella experiencia confirmó lo que ya intuía: Pablo entendía la investigación económica como una herramienta útil para mejorar las políticas públicas, sin renunciar nunca al rigor metodológico ni a la independencia intelectual.

En 2011 volvió a demostrar esa capacidad de aunar talento al dirigir, en el seno de FAES, a un amplio grupo de economistas liberales encargado de elaborar el programa económico del Partido Popular para las elecciones generales de noviembre de ese año. También tuve el privilegio de formar parte de aquel equipo de trabajo dirigido por él. Fue un ejercicio de reflexión ambicioso que cristalizó en un programa económico claramente orientado hacia las reformas estructurales, la libertad económica y la modernización institucional. Las circunstancias posteriores impidieron que muchas de aquellas propuestas llegaran a aplicarse, pero ello no resta valor al extraordinario trabajo liderado por Pablo.

Más adelante, presidió Ineco y Renfe, demostrando nuevamente que la buena gestión pública exige tanto conocimiento técnico como capacidad de liderazgo. Posteriormente, regresó al ámbito privado para dirigir Cunef, una institución académica de referencia, donde continuó formando nuevas generaciones de profesionales y fortaleciendo el vínculo entre universidad, empresa e investigación.

Su última gran aportación al debate público estuvo ligada nuevamente a las ideas. Tras su paso por el Congreso de los Diputados, asumió la presidencia y dirección de la Fundación Reformismo 21, el laboratorio de pensamiento del Partido Popular. Desde allí, impulsó la incorporación de voces de enorme prestigio en las distintas áreas de conocimiento, convencido de que las mejores políticas sólo pueden construirse sobre el mejor análisis y el contraste de ideas.

Hace apenas un mes recibí la noticia de que había sufrido una recaída. Quise confiar en que, con la fortaleza que siempre transmitía, lograría superarla. Lamentablemente, no ha podido ser.

Su pérdida deja un vacío difícil de llenar. Como antes he dicho, la economía española pierde a uno de sus economistas más brillantes y comprometidos con las ideas de la libertad; la política pierde a un pensador reformista capaz de combinar el rigor académico con el sentido práctico de la gestión; y la vida, lo más importante, pierde a una bellísima persona, íntegra, generosa, afable y profundamente buena.

Vivimos tiempos en los que con frecuencia se confunde el ruido con el liderazgo y la notoriedad con la verdadera influencia. Pablo Vázquez representaba exactamente lo contrario. Creía en el poder de las ideas, en la fuerza de los argumentos y en el valor de las instituciones. Nunca necesitó elevar la voz para hacerse escuchar ni buscar protagonismo para dejar una huella imborrable.

Su legado permanecerá en las instituciones que contribuyó a fortalecer, en los economistas y alumnos que aprendieron de él y en todos aquellos que tuvimos el privilegio de compartir parte del camino a su lado. Él, profundamente religioso, desde el cielo nos amparará en la orfandad que aquí, abajo, nos deja.

Descanse en paz.

  • José María Rotellar es profesor de Economía y director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria