Carlos Espinosa de los Monteros: la excelencia al servicio de España
Redujo a cero las pérdidas de Iberia, impulsó la planta en Vitoria de Mercedes, ayudó al crecimiento de Inditex y llevó las riendas de la Marca España
El fallecimiento de Carlos Espinosa de los Monteros supone la pérdida de uno de los grandes directivos españoles de las últimas décadas. Un profesional extraordinariamente preparado, con una brillante trayectoria tanto en el sector público como en el privado y, sobre todo, con una concepción del trabajo, del esfuerzo, del mérito y del servicio a España que convendría reivindicar especialmente en estos tiempos en los que, desgraciadamente, la mediocridad parece querer imponerse demasiadas veces a la excelencia.
Así, la trayectoria de Espinosa de los Monteros es, esencialmente, la historia de un magnífico profesional: licenciado en Derecho por la Universidad Complutense y en Dirección de Empresas por ICADE, Técnico Comercial del Estado desde 1969, desarrolló una carrera en la que combinó el conocimiento de la Administración con una extraordinaria experiencia empresarial, elemento que le permitió comprender algo esencial para cualquier economía: que sin empresas sólidas, inversión, productividad, competitividad y buenos gestores no puede haber crecimiento económico sostenido ni, por tanto, prosperidad.
Su paso por Iberia constituye un magnífico ejemplo. Cuando llegó a la presidencia de la compañía, entonces pública, ésta soportaba unas pérdidas cercanas a los 30.000 millones de pesetas. Espinosa de los Monteros diseñó un plan de reconversión que consiguió llevar esas pérdidas a cero en apenas tres años. Es decir, gestionó de manera eficiente; conviene subrayarlo porque gestionar bien no consiste en incrementar indefinidamente los recursos disponibles ni en trasladar permanentemente las ineficiencias al contribuyente. Gestionar bien consiste en administrar correctamente unos recursos escasos, establecer prioridades, incrementar la eficiencia, mejorar la productividad y tomar decisiones.
Posteriormente, al frente de Mercedes-Benz España volvió a demostrar su capacidad de gestión empresarial, impulsando una profunda transformación de la compañía y liderando la reconversión de la planta de Vitoria con una inversión cercana a los 1.000 millones de euros, desde el convencimiento de que la inversión empresarial es esencial para incrementar la productividad y, con ella, la prosperidad. Sin inversión no hay mejora tecnológica; sin ella, la productividad se resiente; con una productividad estancada, los salarios reales tienen muchas más dificultades para crecer; y sin crecimiento de la renta real no puede mejorar de manera sostenida el bienestar de las familias.
Por eso es tan importante contar con buenos empresarios y buenos directivos. No son el problema, como desgraciadamente pretende transmitir una parte de la política actual. Son una parte esencial de la solución. La empresa crea actividad, genera empleo, invierte, innova, exporta y paga salarios. De esa actividad se obtienen, además, los recursos con los que posteriormente se financian los servicios públicos. Pensar que puede existir una economía próspera sin un tejido empresarial fuerte es desconocer el funcionamiento más elemental de la economía.
También estuvo ligado durante muchos años a uno de los mayores éxitos empresariales de la historia reciente de España: Inditex. Se incorporó a su consejo de administración en 1997 y llegó a ser vicepresidente del grupo, acompañándolo durante una etapa extraordinaria de crecimiento y expansión internacional, con una política eficiente: iniciativa empresarial, innovación, competitividad, internacionalización, adaptación permanente a las necesidades del consumidor y capacidad para competir en cualquier mercado del mundo. Una empresa nacida en España que ha sido capaz de convertirse en uno de los grandes grupos empresariales internacionales constituye una formidable Marca España.
Precisamente Marca España fue otra de las grandes responsabilidades de Espinosa de los Monteros. En 2012 fue nombrado primer Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España, cargo que desempeñó hasta 2018. Era difícil encontrar un perfil más adecuado: conocía la Administración, conocía profundamente la empresa, tenía una dilatada experiencia internacional y sabía perfectamente la importancia que tiene la reputación de un país para su economía. Una buena reputación internacional genera confianza; la confianza atrae inversión; la inversión genera actividad económica; esa mayor actividad permite crear empleo; y todo ello incrementa la prosperidad. De la misma manera, el deterioro institucional, la inseguridad jurídica, el intervencionismo o la hostilidad hacia la empresa deterioran la confianza, reducen la inversión potencial y terminan perjudicando al crecimiento y al empleo.
La prosperidad requiere buenas instituciones, seguridad jurídica, estabilidad, libertad económica, inversión, ahorro, productividad y trabajo. Carlos Espinosa de los Monteros representó durante toda su vida profesional esos principios. Presidió también el Comité
Ejecutivo de IATA, el Círculo de Empresarios, ANFAC, González Byass y otras importantes instituciones y compañías. En todas esas responsabilidades dejó la huella de un profesional preparado, serio y riguroso.
Su fallecimiento debería servir también para reflexionar sobre el tipo de referentes que necesita España. Vivimos una época en la que parece que el esfuerzo tiene que pedir perdón; en la que el mérito es cuestionado; en la que se mira muchas veces con recelo al que triunfa; en la que desde determinados ámbitos se presenta al empresario casi como un enemigo; y en la que, demasiadas veces, la mediocridad encuentra más reconocimiento que la excelencia.
España necesita muchas más personas como Carlos Espinosa de los Monteros. Necesita profesionales extraordinariamente preparados. Necesita buenos funcionarios. Necesita grandes empresarios y magníficos directivos. Necesita personas capaces de asumir responsabilidades y de rendir cuentas por ellas. Necesita recuperar la cultura del esfuerzo y el valor del trabajo bien hecho. Necesita, en definitiva, volver a prestigiar la excelencia. Una economía no progresa por decreto. Tampoco lo hace mediante el incremento ilimitado del gasto público ni mediante una regulación cada vez más intervencionista.
Carlos Espinosa de los Monteros fue una de las más personas más influyentes en el terreno económico y empresarial español. Lo traté, aunque poco, a diferencia de a su hijo Iván, con el que me une una buena amistad. A todos ellos, a toda la familia, les envío un fuerte abrazo. Descanse en paz