Fundado en 1910

Trabajador en una fábrica de calzadoEP

El margen de beneficio de las empresas alcanza mínimos desde 2007 tras año y medio de caídas

Las compañías operan con menos margen para equivocarse: si absorben los costes, dañan rentabilidad; si los repercuten, arriesgan ventas

Hay pocas formas peores de despedir el verano que hacerlo con una incertidumbre que ni descarga ni se disipa como una tormenta estival, sino que lleva años encapotando el horizonte económico. Faltan cerca de dos meses para que los comercios con más espíritu –o más urgencia de caja– empiecen a adornar sus escaparates de Navidad y todavía sabemos poco de cómo cerraremos el año (y menos de cómo arrancará 2027). Dependerá de la inflación, de Ucrania, de Ormuz y, por qué no decirlo, del pie con el que Trump se levante.

Aún con todo, hay dos escenarios tan previsibles como el cinturón que suele ser necesario abrochar post-vacaciones. El primero es que Sánchez ha blindado su permanencia en la Moncloa y no hay los suficientes hermanos o pasajeros en un Peugeot para invitarle a salir (dejando tras él la paz y y el descanso que muchos reclaman). El segundo es que hogares y empresas afrontan el cierre del ejercicio con las cuentas más tensas de lo que puede interpretarse del relato sobre el PIB y el empleo.

Los resultados de los ingresos, costes y márgenes no corresponden a la imagen que la comparativa europea sugiere. España es una de las economías más dinámicas de la zona euro, marcada por un crecimiento elevado y constante gracias a la inmigración, el turismo y los fondos europeos. Sin embargo, las comparaciones son odiosas y «competir con países que atraviesan crisis muy serias -como Alemania, Francia e Italia- no aporta nada. A lo sumo, justifica los actuales problemas de la economía española». destaca Gerardo Ortega, economista colaborador de Abencys.

Los titulares y los discursos políticos presumen de un empleo que se mueve en máximos y de un paro inferior al 10 %. En la práctica, sin embargo, el comportamiento del mercado laboral no hace más que mermar el poder adquisitivo: crece, sí, pero con bajos salarios. Y los expertos no auguran un cambio de tendencia de cara al próximo curso. Ni el indicador por excelencia de la riqueza de un territorio ni el número de nuevos contratados sirven para medir el pulso de como se vive de puertas para dentro: «la variable clave a largo plazo es la Productividad Total de los Factores, que calcula la el rendimiento en función de la combinación de capital y empleo».

Históricamente, la productividad ha sido nuestro gran lastre y no se aprecian síntomas de mejoras. De hecho, el último informe del Consejo de la Productividad, que analiza el periodo 2022-2025, revela que la productividad por ocupado ha registrado crecimientos menores que la productividad por hora trabajada, lo que es consecuencia de una disminución general de las horas de trabajo por ocupado.

La caja familiar y la empresarial, tensionadas

La renta afronta los últimos meses de 2026 deteriorada por la cesta de la compra, la energía, los combustibles, la vivienda y otros gastos que pesan de forma desigual en función de la composición del consumo de cada hogar. No obstante, el dinero disponible –y, por ende, el dinamismo de la economía– no es un peligro a corto, sino a medio plazo.

Más que el dato, lo interesante para obtener una radiografía fidedigna a la realidad es entender el por qué: «el consumo aguantará gracias a la inercia de los hábitos, que tardan meses o años en modificarse», explica Ortega. Las familias no cambian de vida al mismo ritmo que cambian los precios, porque la economía no se enfría en el mismo instante en el que se va la luz. Puede seguir activa durante meses por costumbre, por contratos ya firmados o por la simple resistencia de los hogares a renunciar de golpe a su forma de vida.

La euforia sobre el devenir del tejido empresarial debe ser contenida. Las estadísticas de Eurostat revelan que los márgenes de beneficio de las compañías no financieras llevan un año y medio en constante descenso: han alcanzado su nivel más bajo desde 2007 (excluyendo la pandemia) al situarse en el 37,88%. Bruno de Moura, responsable de Estudios Macroeconómicos de Coface, también afirma que España crece, pero muchas de sus compañías operan con menos margen para equivocarse: si absorben los costes, dañan rentabilidad; si los repercuten, arriesgan ventas. Es en este equilibrio incómodo donde se jugará buena parte del cierre del ejercicio.

A lo anterior, se suma que la prosperidad no es transversal a todos los sectores: la producción manufacturera española muestra gran resiliencia frente a la alemana o la francesa, aunque en términos absolutos «no ha crecido desde antes de la COVID (solo un +1% respecto a enero de 2020)».

De Mora insiste en la evolución de los costes (tanto de insumo como de financiación) como pieza fundamental para escapar de los riesgos de solvencia empresarial. En paralelo, Oriente Medio seguirá siendo el que más tenga que decir al respecto de los precios de la energía, los metales y los fertilizantes. «Los precios de los productos agrícolas, por su parte, se verán influidos por las condiciones meteorológicas y fenómenos como El Niño», pronostica el experto. La 'buena nueva' es que, gracias a la estabilidad del entorno empresarial en España, «los cambios en el Gobierno -o incluso la ausencia- tienen un impacto bastante limitado en la actividad económica y en la evolución de los concursos empresariales».