Coche de fabricación china
Batalla en el corazón de la Unión Europea por ver quién se lo pone más difícil a China
Tanto la Comisión Europea como el Parlamento trabajan con propuestas para dificultar la entrada de capital chino en la Unión Europea, pero difieren en las trabas que hay que poner
La situación geopolítica ha generado un cambio de paradigma en las negociaciones por los próximos presupuestos a largo plazo de la Unión Europea, los que marcarán los próximos siete años, desde 2028 a 2034. La crisis energética provocada por el conflicto en Oriente Medio y por la guerra de Ucrania ha encendido todas las luces y ha mostrado la debilidad de la economía europea.
Esta situación, a su vez, ha sido aprovechada por países como China que han comenzado a entrar de forma masiva en sectores estratégicos europeos como las tecnologías limpias, los fabricantes de automóviles y la industrias de gran consumo energético como pueden ser el aluminio, el acero y el cemento.
Así, por ejemplo, China ha comenzado no solo a llenar el mercado europeo con coches orientales, sino a instalar fábricas que abarate la introducción de esos vehículos. Sin embargo, normalmente esas fábricas se instalan en Europa tan solo para ensamblar las piezas que proceden de el país asiático. Es decir, lo que de verdad genera puestos de trabajo se queda en China y en Europa apenas generan trabajo.
Esta situación ha hecho encenderse todas las luces rojas europeas y ha dado a entender que hay que cambiar las reglas del juego para que Europa no depende tanto de la situación externa. De ahí que se creara la marca 'Made in Europe' que englobe a los Veintisiete y proteja a la industria europea frente a los agentes externos.
El problema es que las decisiones europeas se toman en tres ámbitos muy diferentes. La Comisión Europea, que representa al Gobierno comunitario, el Consejo de la UE en el que intervienen los gobiernos de los Veintisiete, y el Parlamento Europeo, que es quien aprueba en última instancia todas las leyes europeas.
Así que con tantos agentes implicados, se ha iniciado una batalla, o una carrera si se quiere utilizar un término menos bélico, por ver quién frena más a China.
De ahí que, entre los mismos Estados miembros se han generado importantes diferencias. Así los países nórdicos consideran que si se corta la inversión extranjera, también se cortará la entrada de tecnología. Alemania, por el contrario, apuesta por la marca 'Made in Europe', pero pretende abrirla a otros países considerados «amigos», como podría ser Reino Unido, que ya quiere participar en el impulso a la industria de Defensa. Francia, por su parte, es todavía más proteccionista y tampoco quiere «países amigos».
Tras hablar con las principales potencias del continente, el comisario europeo de Industria, Stéphane Séjourné, presentó en marzo un proyecto de Ley de Aceleración Industrial para proteger a los sectores estratégicos europeos del exterior, especialmente de China.
Esta propuesta pretende, por ejemplo, que el 70 % de cada vehículo eléctrico esté hecho en Europa y que el 25 % del consumo de cemento y acero también sea comunitario.
Además, se ha estrecho la normativa respecto a las inversiones superiores a 100 millones de euros y si un inversor procede de un país que posee el 40 % de la cuota de mercado mundial en un sector determinado, el 50 % deberá atribuirse a trabajadores de la UE. Y las empresas mixtas, la parte extranjera no podrá superar el 49 % del capital.
Stéphane Séjourné ha tratado de alcanzar un punto intermedio entre todas las posturas de los gobiernos de los Veintisiete. Pero esto no parece suficiente para los representantes de los ciudadanos de esos Veintisiete y este lunes tres eurodiputados, Christophe Grudler, de los liberales de Renew, Pierre Jouvet, de Socialistas y Demócratas, y Anna Cavazzini, de los Verdes, presentarán otra propuesta que aumenta el control de las inversiones extranjeras, también pensando en China.
Quieren que esa base de 100 millones de euros para comenzar a aplicar las restricciones se reduzca a 50 en los sectores estratégicos que domina China, esto es, en los vehículos eléctricos, los paneles solares, las materias primas críticas y las baterías.
Además, pretenden elevar al 60 % la cuota de mano de obra local y al 50 % el porcentaje de insumos de origen comunitario usado en los productos que pongan en el mercado de la UE.
Si no hubiera suficientes diferencias entre los diferentes estamentos comunitarios, China también ha metido la nariz en la Ley de Aceleración Industrial y ya ha amenazado con represalias si Europa la aprueba ya que la considera «un castigo y trata a las empresas chinas de forma discriminatoria», aseguró el ministro de Comercio y Economía chino, Suo Peng, en una visita que realizó a Bruselas en abril. Así que ahora, si saliera adelante la nueva propuesta del Parlamento Europeo, el enfado de China se vería igualmente incrementado.