¿Lo peor está por llegar? El miedo en el mundo económico se extiende con la subida de precios
El precio de la gasolina está disparado, y los de otros productos también, pero las subidas podrían pronto extenderse aún más
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz.
El IPC armonizado, el índice que recoge el aumento durante un periodo de tiempo de los precios de los bienes y servicios que consumimos (gasolina, luz, alimentos, etc., sin incluir la vivienda), ha subido este mes un 4,6 % en España, un 1,4 % más que la media de los países de la eurozona, pero algunos expertos piensan que la situación puede ir a peor.
Normalmente la traslación a todos los productos de la subida de precios provocada por una crisis energética se produce entre medio año y un año después de que se haya iniciado esta crisis. La actual comenzó a finales de febrero debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán y el posterior cierre del estrecho de Ormuz, de modo que apenas ha pasado medio año. Algunos expertos han querido ver ya una señal de esta traslación en el aumento del 4,5 % de los alimentos frescos que se ha producido el pasado mes, pero otros alertan de que la situación puede empeorar.
Algunos expertos han querido ver ya una traslación con la subida del 4,5 % este mes del precio de los alimentos frescos
«Si el petróleo sigue por encima de los 100 dólares, lo peor está por llegar», sostiene el catedrático de CUNEF Santiago Carbó. «Evidentemente, es algo que va a tener que transmitirse al resto de la cadena de valor, al resto de los productos», añade.
Sería una subida adicional a la que ya estamos viendo desde hace tiempo. Desde el año 2019 -Sánchez empezó a gobernar en junio de 2018-, la cesta de la compra se ha encarecido un 42 %, con aumentos notables en productos como la carne, los huevos, el aceite y algunos productos frescos.
En los últimos meses arrecia la subida en la gasolina, cuyo precio se ha incrementado casi en un 30 % desde finales de junio, y de la luz, que se ha disparado en un 22 % en lo que llevamos de año para aquellos que tienen tarifa regulada.
La subida de los precios ahoga los bolsillos de los españoles, que ven cómo su salario da cada vez para menos. De hecho, los sueldos reales hoy están por debajo de cómo se encontraban cuando Sánchez llegó al poder en junio de 2018. El porcentaje de españoles que se considera pobre ha subido del 3-4 % de los encuestados por el CIS en el año 2019 al 19 % en 2024.
El Gobierno podría argumentar que no tiene la culpa de la subida de la inflación; que es algo que tiene que ver con la guerra de Irán -aunque hasta no hace mucho presumía de tener la inflación más baja que la media europea, algo que ya no ocurre-. Pero donde podría hacer mucho más es en el precio de la vivienda.
El precio de la vivienda por metro cuadrado supera los niveles de la burbuja
Esta semana hemos sabido que el precio del metro cuadrado ha batido un nuevo récord: 2.355 euros, con Madrid a la cabeza, en 4.089 euros por metro cuadrado. Acumulamos seis trimestres consecutivos con precios superiores a los 2.000 euros por metro cuadrado -diecisiete trimestres en el caso de las viviendas por debajo de cinco años-, superando así los valores que se daban en la burbuja inmobiliaria.
En el año 2000, el precio del metro cuadrado se situaba en 1.000 euros, de modo que un piso de 90 metros cuadrados podía costar en torno a 90.000 euros, menos de la mitad que hoy en día.
Algo falla en este sistema, en el que hace unas décadas bastaba un sueldo para comprar una vivienda y hoy hay cerca de 400.000 personas que no pueden permitirse más que alquilar una habitación, según los datos del Ministerio de Consumo.
Según están los precios actuales de la vivienda, el catedrático Mikel Buesa sostenía ayer en nuestro podcast El Debate de la Economía que le sorprendía que no hubiera vuelto de forma masiva el chabolismo a nuestro país, salvo en Ceuta, pero quizá es que la versión moderna de ese chabolismo es el alquiler creciente de habitaciones de personas individuales o familias en pisos compartidos.
No está atinando el Gobierno con la gestión de los impuestos, que le traen una recaudación récord que luego no se nota en la mejora de la vida de los ciudadanos o en la inversión en acciones contundentes, como la que tendría que haber llevado a cabo en Ceuta. Tampoco está acertado con la inflación, el llamado impuesto de los pobres, que está laminando el bolsillo de la clase media, entre otras cosas porque el Gobierno se ha negado a deflactarlo en la tarifa del IRPF, y de ese modo atenuar su impacto. Y tampoco está acertando con la vivienda, con una ley que no crea confianza en los promotores para que construyan la oferta que falta y así puedan bajar los precios, ni para que quienes pueden alquilar alquilen, y no lo hacen por miedo a los okupas. En definitiva, que como dice el profesor Buesa, «las cosas van mal, aunque el Gobierno diga que van estupendamente», y no parece haber señales de mejora.