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La semana económicaJordi Benítez

El Gobierno aprieta para asegurar el voto por correo, mientras la compañía postal sigue pendiente de las andanzas de Leire

Empleados que gestionan el voto a distancia están convocados a una huelga indefinida a partir del 3 de noviembre. La compañía les obligará a trabajar, pero los sindicatos no se lo pondrán fácil.

De izquierda a derecha, Leire Díez, Juan Manuel Serrano, Pedro Sánchez y Pedro Saura.El Debate

El Gobierno tiene mucho interés en que pueda votarse por correo, y prueba de ello es la reunión que se produjo el martes en la sede central de la compañía postal.

Como ya contamos en El Debate en exclusiva a principios de este mes, los trabajadores de la sede central de Correos, en donde se gestiona parte del voto a distancia, podían convocar una huelga indefinida a partir del 3 de noviembre, un hecho que se ha confirmado esta semana.

Para evitar que esta huelga afecte al voto por correo, los directivos mantuvieron este martes una reunión con los sindicatos en la que exigieron que los servicios mínimos de los empleados se mantuvieran en el 7 %, salvo los relacionados con la tecnología, que son los que gestionan el voto por correo –10 empleados en total–, y que deberían respetar el 100 %.

La empresa se va a poner en plan duro, y los sindicatos, también

Esa es la propuesta que se envió al Ministerio del Interior sin que el acuerdo fuera firmado por el Sindicato Libre, y que fue aprobada el viernes al final de la mañana. Era lo previsible, teniendo en cuenta el interés que el Gobierno tiene en el voto por correo, pero la situación se va a tensar más: «Se van a poner en plan duro, y nosotros también», reconocen a El Debate desde el Sindicato Libre.

En este sindicato están contra la idea de la compañía, que quiere que vuelvan a la sede central de Conde de Peñalver, en Madrid, los 1.100 empleados que a raíz de la pandemia salieron de edificio de Vía de Dublín 7, en la capital. El entonces presidente de Correos, Juan Manuel Serrano, decidió cerrar el edificio de Vía de Dublín para ahorrar siete millones de euros en coste de mantenimiento. Como los 1.100 empleados no cabían en el edificio al que se les destinaba -Conde de Peñalver, con capacidad solo para 400- les ofrecieron teletrabajar, y así han estado hasta ahora.

La dirección quiere que vuelvan, pero además de que no caben, muchos ya han adaptado sus casas al teletrabajo, y no quieren volver a la oficina, menos aún a cambio de nada. Los empleados, a través del sindicato, quieren negociar, pero la empresa no les hace caso de momento. Ahora tienen un argumento de peso para forzar la situación: el voto por correo que tanto interesa al Gobierno.

Mientras tanto, están pasando cosas que solo con el tiempo sabremos cómo interpretarlas. La más reciente es la retirada de las llaves de las oficinas al personal de limpieza. Sostienen en la CGT (Confederación General del Trabajo) que «piensan que ellas pueden alterar los votos». En todas las oficinas deben dejarse en la caja fuerte, según ha ordenado la compañía, y solamente podrán acceder a ellos los responsables de estas oficinas. Por un lado, podría parecer más prudente, y, por otro, que hay menos visibilidad sobre lo que ocurre allí.

A ello hay que unir el mandato expreso de la compañía a sus empleados, circular reciente incluida, de que nadie hable sobre el voto por correo con periodistas ni divulgue información al respecto.

UGT defiende la honorabilidad de los profesionales de Correos con el voto a distancia, aunque en la dirección de la compañía haya habido «truhanes»

Sindicatos como UGT, que fueron claves para que Juan Manuel Serrano, el amigo de Sánchez, dejara de presidir Correos, defienden ahora la honorabilidad y profesionalidad de los trabajadores de la compañía a la hora de hablar del voto por correo. «Es cierto que ha habido truhanes en épocas recientes dirigiendo Correos. En su estado de locura, querían desguazar la compañía sin medir el impacto y el daño que se nos hacía. En su desvarío, esta gente alardeó de un supuesto control del voto por correo», señalan, en clara alusión a Leire Díez y a Serrano –UGT niega que consiguieran nada–. «Pero este hecho en sí (la existencia de un quinquenio negro –los años 2018 a 2023, en que Serrano presidió la compañía– no justifican poner en duda ahora, y desde fuera, la solvencia institucional de Correos», sostienen.

Habrá que verlo. Desde luego, las últimas informaciones aparecidas han sembrado desconfianza entre los votantes. En El Debate se publicaba hace unos días que Leire Díez trabajó en el voto por correo de las elecciones de 2023 «porque le hacía ilusión firmar las actas». En este periódico alertamos ya hace mucho tiempo el extraño aterrizaje de la fontanera del PSOE en la compañía postal.

En este artículo de mayo de 2025 explicábamos cómo Diez llegó a Correos a través de contactos políticos que la vendían como una militante destacada del PSOE en Cantabria. Tras fichar como jefa de Relaciones Institucionales de la Vicesecretaría General y del Consejo, un cargo en el que duró cuatro meses, pasó a ser directora de Relaciones Institucionales, Filatelia, Estudios y Futuro. Filatelia es un negocio pequeño en Correos: de unos 10 millones, frente al entorno de 2.000 millones que factura la compañía. Pero su misión era apoyar al maltrecho Serrano, ya en ese momento con fama de mal gestor, y ejercer de fontanera.

Los directivos de Correos se sorprendían al verla en funciones que no tenían nada que ver con su cargo de directora de Filatelia. Intervenía en asuntos relacionados con Correos Cargo, los ruinosos aviones que alquilaba la compañía para envíos de paquetería a otros países, o en la adjudicación de la limpieza de las oficinas de Correos, por poner dos ejemplos.

Serrano mantuvo a Díez en puestos clave de su directiva en julio de 2023, el momento en el que se celebraron las elecciones generales. También aterrizaron entonces otros simpatizantes del PSOE. La fontanera fue de las primeras en salir de Correos tras la llegada del nuevo presidente, Pedro Saura, en diciembre de 2023.