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Leopoldo Abadía: «Los ministros y el Gobierno mienten mirando a la cara de los ciudadanos»

Leopoldo Abadía, que tiene doce hijos y 45 nietos, sigue muy activo a sus 93 años.

Leopoldo Abadía: «Antes al mentir se miraba hacia abajo por vergüenza; hoy los ministros y el Gobierno lo hacen mirando a la cara de los ciudadanos»

El hombre que mejor explicó la crisis financiera en 2009 sigue con preocupación lo que ocurre en Ceuta, el panorama de las pensiones y el nivel político en nuestro país, entre otras cuestiones

A sus 93 años, Leopoldo Abadía mantiene una actividad admirable para su edad. Escribe todos los martes en El Mundo, muchos miércoles en La Vanguardia y está preparando un nuevo libro de relatos cortos. Entre ellos incluye el que le ocurrió en un avión, sentado en la misma zona con el ex alcalde de Madrid Tierno Galván y el ex presidente de Navarra Gabriel Urralburu. Vio que Tierno Galván tenía su mismo abrigo y rezó para que no se confundieran, no fuera a ser que al ex alcalde socialista se le cayera en un mitin el rosario que Abadía llevaba en el bolsillo y perdiera las elecciones. Tras pasar treinta y cinco años trabajando como profesor de la escuela de negocios IESE, este ingeniero textil saltó a la fama a los 76 años con su libro La Crisis Ninja y otros misterios de la economía actual, sobre la crisis financiera de 2008, del que vendió 150.000 ejemplares, y por sus amenas y claras explicaciones sobre economía en el programa de televisión de Andreu Buenafuente. Hablamos con él para conocer su perspectiva sobre todo lo que está ocurriendo.

—Empiezo preguntándole por el acceso a la vivienda y la evolución de los precios. Antiguamente, con un solo sueldo vivía una familia entera y hoy en día, con suerte, se alquila una habitación. ¿Qué está ocurriendo?

—Mi madre nos compró dos pisos en su momento por 3,6 millones de pesetas, que traducido a euros no son nada (unos 21.000). Hoy la inflación acumulada ha sido brutal. Cuando se introdujo el euro, el café que yo tomaba en un sitio y que costaba 100 pesetas pasó de la noche a la mañana a costar 1 euro (166,38 pesetas); le corrieron la coma y la gente lo pagó tranquilamente sin percatarse de que se estaba produciendo una inflación inmediata del 66,38 %. Y a los camareros no les subieron el sueldo un 66 %. Por eso, cuando hoy nos hablan de una inflación del 4,9 %, hay que recordar que es un 4,9 % acumulado sobre aquel 66 % inicial, y los porcentajes en los que ha subido posteriormente.

Con todo el respeto a la señora Maricarmen, su caso ha sido un montaje

— Se habla mucho de la falta de suelo y de los problemas de acceso al alquiler, salpicados por casos mediáticos de desahucios. ¿Cómo valora la gestión que se está haciendo?

—Con todo el respeto a la señora Maricarmen, su caso ha sido un montaje. Seguramente es verdad que no podía pagar el alquiler porque no le llegaba el dinero. Para mí ha sido una torpeza grande del dueño del piso: sabiendo que hay gente dispuesta a montar un cisco, negocia bien. Eso quiere decir sentarse con la persona y ajustar el alquiler de 500 euros a 300 o a 250 euros si hace falta. En el tema de la vivienda pública faltan ministerios serios y profesionales, y que no se vayan diciendo cifras que no se sabe qué son. Si yo supiera de esto, me reuniría con las inmobiliarias importantes, los que tienen suelo (ayuntamientos, etc.) y el Gobierno, y hablaría sobre cómo arreglamos este asunto. Con trabajo público-privado.

—Usted empezó a trabajar en la escuela de negocios IESE en 1963. En los años 60, España vivió una gran transformación económica con los Planes de Estabilización impulsados por Alberto Ullastres, Mariano Navarro Rubio y Laureano López Rodó, alcanzando crecimientos del 7 %. ¿Qué diferencias observa entre aquella época y el modelo político y económico actual?

—Tuve la suerte de conocer bien a Alberto Ullastres cuando era embajador en Bruselas ante el Mercado Común y a Mariano Navarro Rubio cuando era gobernador del Banco de España. Eran unos señores, y pensabas, lo que digan estos, es lo que hay que hacer. Hoy veo a los políticos actuales muy simpáticos, pero no tienen ese nivel. Había un dictador, y estos le colaban el gol perfectamente. Ullastres se dirigía a Franco y le decía, con el debido respeto, y le colaba el Plan de Estabilización, y Franco le decía que sí. Aquí ahora hay un problema, y es que hay que decir que sí a lo que diga Sánchez. Que Sánchez esté luchando ahora únicamente por mantener su puesto lo condiciona todo.

— Se ha devaluado el valor de la verdad en el discurso político, y esto es algo que afecta en la economía en cuestiones como la confianza o la seguridad jurídica. ¿Qué le parece?

— Es un problema muy serio. Antes, para mentir se bajaba la mirada por vergüenza; hoy los ministros y el presidente del Gobierno mienten mirando fijamente a los ojos de los ciudadanos.

— Con ese contexto, ¿cómo ve la economía española?

—Cuando me preguntan cómo va un país, pienso que hay que mirar tres cosas: la deuda, el déficit y el paro. La deuda, que está cerca del 100 % del PIB, es manejable; el déficit es mejorable siempre que no se pida todo, y el paro, que está en un 9,87 %, va mejor, aunque hay 800.000 fijos discontinuos inactivos que no se cuentan en el paro registrado. El problema está en que no nos creemos nada de lo que nos cuenta el Gobierno, y eso me da un poco de miedo. Por otro lado, la deuda tiene diferentes vencimientos, y no hay que olvidar sus intereses. Pagamos 40.000 millones anuales. Aunque no tengamos Presupuestos, ese dinero hay que pagarlo. La deuda ha bajado del 120 % al 100 % del PIB, y vamos a abonarla. En cuanto al déficit, gastamos sistemáticamente más de lo que ingresamos. Cuando alguien se manifiesta y pide algo, hay que decirle, está bien, pero vas a pagarlo con impuestos.

Franco hizo caso a Ullastres y llegó el milagro económico español; ahora hay un problema, y es que hay que hacer lo que diga Sánchez

— El debate sobre el futuro de las pensiones públicas vuelve a estar de actualidad. ¿Está garantizado el sistema a medio y largo plazo?

—Todo lo que se cuenta sobre las pensiones es falso. Tal como están planteadas ahora, no tienen solución. Están basadas en el sistema de reparto, que implica que los jóvenes pagan las pensiones a los viejos. Pero ese esquema ha quebrado por dos factores claros: los jóvenes han decidido no tener hijos, y los viejos no nos morimos ni a tiros.

— ¿Por qué los distintos Gobiernos postergan las reformas de fondo?

—Porque los pensionistas somos un colectivo de 9,5 millones de votantes. Los políticos están dispuestos a prometer la actualización con el IPC o viajes para asegurarse esos votos. Afirmar que el problema está resuelto porque hay una ley es mentira. ¿Puede pasar la solución por un modelo mixto público-privado, como se ha dicho? Puede ser.

— Cataluña lidera actualmente los rankings nacionales en concursos de acreedores y en ocupación de viviendas. ¿Cómo valora la evolución de esta comunidad en los últimos años?

—Cataluña se ha deteriorado porque se han dedicado al Procés en vez de a trabajar y porque tiene un complejo de inferioridad con Madrid. Da la impresión de que Ayuso lo hace muy bien en Madrid, y eso aquí molesta: el Barcelona puede perder con el Alcoyano, pero no con el Madrid. Cuando en lugar de trabajar se trabaja en la independencia, en la amnistía, cuando ves una foto de Santos Cerdán con Puigdemont... ¿a dónde íbamos? Se han equivocado mucho. Ahora a Illa le acusan de dedicarse más a la gestión que al Procés. Eso es una cosa buena. El Procés ha estropeado mucho Cataluña, haciendo pensar a la gente en la posibilidad de la independencia, sabiendo que no es verdad. Cataluña está en un momento de decidir si va hacia delante o hacia atrás. Creo que han decidido que hacia delante, pero no hay que olvidar que ahora tiene que venir Puigdemont, y a ver qué pasa.

Cataluña se ha deteriorado por el Procés y por su complejo de inferioridad con Madrid

— La irrupción de la inteligencia artificial genera incertidumbre sobre la destrucción de empleo. ¿Debemos estar preocupados?

—La inteligencia artificial me está apasionando. Leo todo lo posible, pero no la acabo de entender, como es natural. Creo que es esencial leer la encíclica de León XIV sobre este tema, Magnifica Humanitas, porque, si no, te quedas con la mitad. Lo que tengo claro es que la inteligencia artificial ha venido para quedarse. Seguramente se perderán miles de puestos de trabajo, y siempre se ha dicho que, cuando surge algo así, salen nuevos puestos. Lo inquietante no es solo el impacto laboral, sino la deriva ética y militar. El secretario de Defensa de Trump dijo recientemente «no elegiremos un modelo de inteligencia artificial que no nos permita ir a la guerra». No-no es sí-sí. Ya se ve por dónde van. Por otro lado, cuando dicen que hay que regularla, no sé cómo puede hacerse. El que quiera ir a la guerra, lo hará.

— Para concluir, ¿qué lectura hace de la presión migratoria y de lo que está ocurriendo en Ceuta?

—En la teoría del golpe de Estado de Curzio Malaparte, dice que hay dos modelos. Uno es el de Lenin: un millón de personas a la calle y arrasas lo que sea, y si no lo consigues, otro millón de personas. El otro es el de Trotsky: con muy poca gente: cien personas, mil, que atacan los puntos clave. Puedes ir por unos grandes almacenes paseando y tropezarte con dos personas que vienen a dar un golpe de Estado, y no lo sabes. A mí, que no pienso dar un golpe de Estado, me gusta mucho más el modelo de Trotsky. A raíz de esto, he pensado: ¿qué ha pasado en España últimamente? El apagón, el accidente de Adamuz al cabo de un tiempo, después Maricarmen, la Puerta del Sol, el tren de Renfe que se quema en Ricla... ¿No estarán dándonos un golpe de Estado? No he dicho Marruecos porque es clarísimo. Pertenece al golpe de Estado pero en serio. Hay una invasión de España por parte de Marruecos.

— ¿Cómo piensa que va a evolucionar la situación en Ceuta?

—Los que somos mayores nos acordamos de la primera invasión, en 1975: Franco agonizando, y el padre del actual Rey de Marruecos suelta 350.000 personas y las pone a andar, simplemente: mujeres, niños, gente bien. Ocupan el Sáhara occidental y ahí están todavía. Les salió perfecto con un gobierno débil, como el que hay ahora en España, que está basado en la mentira. Nos invaden por tierra y mar, porque de repente nos enteramos de que nos han enviado una fragata. Todo esto me ha recordado lo que ocurrió en la isla de Perejil, que es más pequeña que este salón. La invadieron, pusieron una bandera de Marruecos y declararon la independencia. Entonces entró el Ejército español y los echó a bofetadas, y ya está. Si no lo hubiera hecho, a lo mejor se habrían hecho con Perejil y tres islas más alrededor. Cada vez que veo lo que están haciendo para que los invasores se vayan de Ceuta, pienso que no se irán nunca. Yo no me iría. Como los chicos lo están pasando mal, les ponemos unos albergues. ¿Qué estamos haciendo? Marruecos va a la conquista: va a invadir España y es posible que la Unión Europea. Y aquí nadie está tomando la iniciativa. No se irán nunca. Y en estos momentos en Ceuta no se puede vivir. Quieren quedarse con Ceuta, con Melilla, y no hay que olvidarse de las Canarias, que están allí mismo.

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