Panorámica a los Campos Elíseos de París.
Francia, el nuevo enfermo de Europa, despierta los fantasmas de la crisis de deuda
Los mercados, inquietos ante un posible efecto contagio por la prima de riesgo francesa, que se acerca a los 200 puntos básicos
La segunda economía de la eurozona atraviesa una crisis fiscal y política que ha llevado su prima de riesgo hasta el entorno de los 170 puntos básicos, su nivel más alto desde 2011. El interés exigido por los inversores para financiar al Estado francés a diez años ha superado el 5 % por primera vez desde 2002, mientras crecen las dudas sobre su capacidad para reducir el déficit y estabilizar una deuda pública que ya ronda el 120 % del PIB. La gran incógnita es hasta qué punto esta situación puede terminar arrastrando al resto de Europa.
Desde finales de mayo, la prima de riesgo francesa ha aumentado alrededor de 100 puntos básicos, pasando de 60 a más de 160 en apenas cinco meses. Francia presenta ya un diferencial respecto a Alemania superior al de Italia, Grecia, España o Portugal, países que protagonizaron algunos de los episodios más graves de la anterior crisis de deuda soberana.
Según Alberto Salgado, director de Inversiones de Gestión de Carteras y Gestión Especializada de Renta Variable de Gescooperativo, la situación es consecuencia de un deterioro económico y fiscal acumulado durante años. El país combina una elevada deuda pública, un déficit estructural persistente, un crecimiento potencial reducido y una creciente dificultad política para aprobar reformas.
A diferencia de buena parte de sus socios europeos, Francia no ha conseguido aprovechar los años posteriores a la pandemia para reducir su endeudamiento en relación con el tamaño de su economía. Su deuda pública se aproxima al 120 % del PIB y el déficit estructural permanece cerca del 5 %, lo que significa que el Estado sigue gastando considerablemente más de lo que ingresa incluso en condiciones económicas relativamente favorables.
Además, Francia mantiene uno de los mayores niveles de gasto público de la OCDE, equivalente aproximadamente al 57 % del PIB, frente al 43 % de media de la organización y el 48 % de España. Al mismo tiempo, sus ingresos públicos representan alrededor del 52 % del PIB, por lo que nuevas subidas de impuestos encontrarían importantes limitaciones.
A estos problemas se suman la pérdida de competitividad industrial, las dificultades del sector manufacturero y el estancamiento de la productividad. El encarecimiento de la financiación amenaza con agravar todavía más el desequilibrio: cuanto más tiene que pagar Francia por emitir deuda, mayores son los recursos que debe destinar al pago de intereses y menor es su capacidad para reducir el déficit.
¿Puede contagiarse la crisis a España?
Aunque Francia concentra buena parte de las preocupaciones, las tensiones no se limitan a su mercado de deuda. Según los datos recopilados por Salgado a partir de Bloomberg, las primas de riesgo española y portuguesa han aumentado alrededor de 20 puntos básicos durante los últimos meses, mientras que las de Grecia e Italia han repuntado entre 40 y 50 puntos.
Estos movimientos apuntan a un cierto arrastre sobre otros mercados europeos, aunque no permiten atribuir todo el encarecimiento de la financiación a la crisis francesa. El aumento de los precios energéticos y las expectativas de nuevas subidas de los tipos de interés también están influyendo en la evolución de la deuda soberana.
De hecho, los analistas de ING Research consideran que los riesgos de contagio todavía son reducidos. Michiel Tukker, estratega sénior de tipos de interés para Reino Unido y la eurozona de la entidad, señala que el comportamiento de la deuda francesa se está separando del observado en otros mercados europeos, lo que indica que «los riesgos de contagio aún se consideran mínimos».
La prima de riesgo española llegó a superar los 600 puntos básicos en 2012, cuando el país tuvo que solicitar asistencia para recapitalizar su sistema bancario
La situación, por tanto, es diferente a la que vivió Europa durante la crisis de deuda soberana de la pasada década. Entonces, las dificultades de financiación de Grecia, Portugal, Irlanda y España terminaron amenazando la estabilidad de la moneda única. La prima de riesgo española llegó a superar los 600 puntos básicos en 2012, cuando el país tuvo que solicitar asistencia financiera europea para recapitalizar parte de su sistema bancario.
Francia todavía se encuentra lejos de aquellos niveles. Además, cuenta con ventajas importantes respecto a las economías periféricas que sufrieron las mayores tensiones. Su posición financiera internacional es más sólida, dispone de uno de los mercados de deuda más grandes y líquidos del mundo y mantiene participaciones estatales de considerable valor en grandes compañías.
Sin embargo, su tamaño también plantea un problema. Francia es la segunda economía de la eurozona y uno de los principales pilares políticos y financieros de la Unión Europea. Una crisis prolongada de su deuda tendría consecuencias potencialmente mucho más amplias que las dificultades que atravesaron países de menor tamaño.
El umbral de los 200 puntos básicos
La rapidez con la que se está encareciendo la financiación francesa ha llevado a los inversores a preguntarse hasta dónde puede llegar la prima de riesgo antes de que las autoridades europeas se vean obligadas a actuar. Salgado explica a El Debate que muchos agentes del mercado sitúan ese umbral en los 200 puntos básicos.
«Es algo tremendamente subjetivo, pero muchos agentes de mercado cifran en 200 puntos básicos el nivel que activaría realmente las alarmas. Y cuando muchos lo creen, aunque sea subjetivo, acaba convirtiéndose casi en un axioma», señala.
Con la prima francesa situada ya en torno a los 170 puntos básicos, apenas 30 por debajo de esa referencia, Salgado considera que la situación es suficientemente grave como para esperar alguna reacción. «No sé si autoridades francesas, comunitarias, o del BCE esperarán tanto», advierte. En su opinión, el salto desde los 50 puntos básicos hasta los niveles actuales ya constituye una señal preocupante.
El Banco Central Europeo dispone de instrumentos para intervenir en los mercados de deuda y evitar que un aumento desordenado de las primas de riesgo comprometa la transmisión de su política monetaria. Entre ellos figura el Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI), que permite adquirir deuda pública en el mercado secundario bajo determinadas condiciones.
Francia mantiene un déficit elevado y se encuentra sometida al procedimiento europeo por déficit excesivo, lo que complica una eventual intervención
Sin embargo, el BCE debe evaluar, entre otros factores, la sostenibilidad fiscal del país afectado. Francia mantiene un déficit elevado y se encuentra sometida al procedimiento europeo por déficit excesivo, lo que complica una eventual intervención.
Pese a estas dificultades, Salgado cree que las autoridades monetarias podrían actuar próximamente para contener las tensiones. «Yo creo que en breve vamos a ver cierto apoyo», sostiene. No obstante, advierte de que una intervención podría provocar movimientos bruscos en el mercado, con inversores cerrando sus posiciones bajistas para volver a abrirlas posteriormente.
Carsten Brzeski, director global de Macroeconomía de ING, considera que el deterioro de la situación francesa podría modificar los planes de política monetaria del BCE. A su juicio, la institución probablemente mantendrá los tipos sin cambios en su próxima reunión y aplazará hasta diciembre cualquier decisión sobre una nueva subida.
La otra posibilidad pasa por una respuesta política desde París. El Gobierno francés tiene pendiente de votación un plan de reducción del déficit superior a los 50.000 millones de euros, aunque su aprobación tampoco garantizaría el regreso de la tranquilidad. «No sé si su aprobación calmaría las aguas siquiera, con las elecciones a la vista», reconoce Salgado.
Las elecciones complican la salida
Francia celebrará elecciones presidenciales en abril y mayo de 2027, en un escenario marcado por la fragmentación parlamentaria, la polarización política y una fuerte resistencia social a las reformas.
Las protestas y disturbios registrados recientemente han vuelto a mostrar las dificultades que afronta cualquier Gobierno francés para aprobar medidas de ajuste. La necesidad de reducir el gasto público choca con una sociedad muy dependiente de las prestaciones y los servicios del Estado, mientras las alternativas políticas tampoco ofrecen, por el momento, una senda de consolidación fiscal que genere confianza entre los inversores.
Por ahora, Francia no afronta una crisis de solvencia inmediata y conserva fortalezas económicas y financieras importantes. Pero el deterioro de sus cuentas públicas y la falta de acuerdos políticos para corregirlo han convertido su deuda en una de las principales preocupaciones de los inversores europeos. El riesgo de contagio sigue siendo limitado, aunque los mercados comienzan a mirar hacia los 200 puntos básicos como una referencia que podría poner a prueba la capacidad de respuesta del BCE.