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Un tren AVE

La clave principal reside en la enorme masa del convoy y en el comportamiento de las desaceleracionesGabriel Luengas / Europa Press

El motivo por el que los trenes de alta velocidad no llevan cinturones de seguridad

Lejos de tratarse de un descuido normativo o de una medida de ahorro, los organismos internacionales de seguridad ferroviaria descartan su uso

Subir a un coche o a un avión y abrocharse el cinturón de seguridad es un reflejo automático para la mayoría de los viajeros. Sin embargo, en los trenes de alta velocidad ocurre todo lo contrario, ya que ninguno cuenta con este mecanismo en sus butacas.

Lejos de tratarse de un descuido normativo o de una medida de ahorro, los organismos internacionales de seguridad ferroviaria descartan su uso basándose en la física de los impactos, la ingeniería de los vagones y los riesgos médicos que provocaría su colocación.

La clave principal reside en la enorme masa del convoy y en el comportamiento de las desaceleraciones. Al pesar cientos de toneladas y circular sobre raíles, un tren no sufre las frenadas secas y violentas habituales en un automóvil ligero. Las fuerzas se transmiten de manera muy diferente, por lo que el habitáculo no recurre a cinturones sino al principio de compartimentación.

Esto significa que los respaldos de los asientos, las mesas y las estructuras internas están diseñados para amortiguar el golpe de forma pasiva y limitar el movimiento de los ocupantes.

Riesgo de lesiones y evacuación lenta

A este diseño se suma el peligro médico que implicaría atar a los pasajeros en caso de impacto. Un cinturón de dos puntos, similar al de los aviones comerciales, sujeta la pelvis pero deja libre el tronco. Frente a un choque ferroviario, el cuerpo se proyectaría bruscamente hacia delante, aumentando de forma notable las probabilidades de sufrir traumatismos graves en la cabeza, el cuello, la columna vertebral y la zona abdominal.

Por su parte, los cinturones de tres puntos requerirían modificar de raíz la estructura interna de los vagones mediante anclajes más pesados y rígidos.

Entidades como el Rail Safety and Standards Board británico o la Junta de Seguridad del Transporte de Canadá señalan que no existe evidencia de que estos dispositivos reduzcan las lesiones en siniestros complejos como descarrilamientos o vuelcos, donde las inercias actúan en múltiples direcciones.

Además, su obligatoriedad entorpecería la movilidad habitual para usar los aseos y frenaría una evacuación rápida y ordenada en caso de incendio o accidente.

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