10 de diciembre de 2022

LOS RIDÍCULOS DE LA EDUCACIÓNJOSÉ VÍCTOR ORÓN SEMPER

El ridículo de la educación amable

Por educación amable entendemos esa educación que respeta la situación del educando: respeta sus procesos, sus días bueno y malos, que se ajusta a sus capacidades, sus intereses y que valora su bienestar

Este ridículo consiste en confundir educación personalizada con educación amable. Por educación amable entendemos esa educación que respeta la situación del educando: respeta sus procesos, sus días bueno y malos, que se ajusta a sus capacidades, sus intereses y que valora su bienestar. Lo curioso es que eso es lo que yo hacía con mi perro. En mi familia siempre ha habido perros en casa y los tratábamos así, pero obviamente no son personas. Tratar a alguien como persona no se logra solo por un trato amable. El trato amable lo merece el perro y la persona. Confundir educación amable y personaliza es tratar a los niños como perros. Menudo ridículo
La educación personalizada, la personalizante, la humana o la humanizante es aquella educación que quiere tratar a la persona como tal. De hecho, el calificativo personalizante, personalizada, humana o humanizante sobra pues solo el ser humano es susceptible de ser educado.
Cuando uno quiere domar un caballo también puede hacerlo desarrollando una educación amable. Si el caballo está constipado (supongo que también se constipan) pues ese día se le pide menos. La interacción y cariño con el caballo es fundamental para su proceso de doma.
Hoy la educación competencial se parece mucho a la doma de un caballo. Antes de estar con el alumno/caballo ya se ha definido lo que se tiene que lograr, una competencia concreta, y el educador/entrenador ayuda en ese proceso con su amabilidad y destreza. ¿Cómo acaba un domador al acabar la sesión? pues cansado y oliendo a caballo. ¿Cómo acaba un profesor al salir de clase? Si la respuesta es simplemente que se acaba cansado y oliendo a niño quiere decir que hay algo que no funciona.
Con lo dicho podría estar tratando a un alumno como a un perro y al mismo tiempo decir a sus padres que en el colegio se atiende la singularidad personal de su hijo. Si la educación amable no basta para hablar de educación, pues solo el ser humano es susceptible de ser educado, ¿Qué nos falta? La educación no puede prefijar el fin de la intervención, puede fijar el tema de la intervención, pero no el fin. Pues lo que se quiere no es el mero alcance de unas competencias concretas, sino algo que lo incluye y supera: el florecimiento de todo su potencial personal. Potencial que nadie conoce, ni siquiera el propio educando. El educando que crece siempre desarrolla competencias, pero las competencias no son el fin de la educación, sino algo que ocurre en el proceso educativo. La educación requiere el crecimiento del propio educador también. Esto es una forma rápida para discernir si el profesor, profesora, padre o madre trata a los niños como a perros o como a personas: ¿ha crecido el educador gracias a su experiencia docente con el educando?
Hay una diferencia en el desarrollo de la amabilidad cuando se despliega con un caballo o con una persona. Aunque en ambos casos la amabilidad puede mantenerse siempre. Pues también se mata al animal con amabilidad. A la hora de matar un animal para disponer de su carne se le mata con respeto y evitando sufrimientos innecesarios. La diferencia de la amabilidad con la persona y el animal está en que la relación con la persona es un fin en sí mismo y con el animal un medio para algo. Pero cuando la relación con las personas la convertimos en un medio, por ejemplo, cuando el profesor se relaciona con el alumno con la única pretensión de que se adquieran competencias, entonces no hay diferencia entre la amabilidad con un humano y con un animal.
Ya ves que la amabilidad es poca cosa si hasta te permite matar al otro, eso sí, con amabilidad. Hay profesores que usan su buena educación, amabilidad y respeto para poner una barrera entre el educando y ellos para no dejarse alcanzar por el otro. Uno puede amablemente desarrollar un proceso despersonalizador del alumno tratándole simplemente en función de sus características (desempeño, comportamiento, etcétera) sin dejarse interpelar por él, por su persona.
La amabilidad humana es un recurso para el encuentro interpersonal, mientras que la amabilidad con el animal es un signo de respeto de la simple vida biológica. Por eso una amabilidad que sea medio para el respeto acaba siendo lo mismo que la amabilidad con el animal. La educación (con o sin el apelativo personalizante o personalizada) apuesta por la fraternidad, por la vida compartida, por el encuentro con el otro.
Si en el colegio el profesor convierte toda situación docente como oportunidad para el encuentro interpersonal y el crecimiento mutuo, la amabilidad y al respeto adquieren un horizonte mucho más amplio. Por ejemplo, con el horizonte de la fraternidad, ser amable en una discusión no es una forma de autoprotegerse y de respetar la vida del otro, sino el medio para poder hacer un camino conjunto que busque el encuentro usando la propia discusión como medio para ello.
Esto obliga a que cada educador se pregunte ¿por qué soy amable?, ¿con que intención soy amable con mis alumnos o hijos o, simplemente, con los demás? La respuesta te permitirá saber si tratas a los demás como perros o como personas.
  • José Víctor Orón Semper es director de la Fundación UpToYou Educación
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