08 de diciembre de 2022

Jesús muñoz de priego alvear

Con ella llegó el escándalo... ¿y la pedofilia?

La ministra de Igualdad sigue sin dar explicaciones de sus polémicas declaraciones sobre la educación sexual infantil

Hace solo una semana, la ministra de Igualdad del Gobierno de España, en plena Comisión en sede parlamentaria, al hablar de la educación sexual (¿o quizás deberíamos decir más bien genital?) infantil, en la que andan tan empeñados, nos regalaba, algunas frases notabilísimas. Con ese tono agresivo y crispado tan habitual suyo y que ella, sin duda, debe confundir con empoderamiento, decía, a voz en grito, que «todos los niños, las niñas y les niñes de este país tienen derecho, a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo», con un desconcertante final: «Si ellos no quieren», o «tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones con quien les dé la gana, basadas eso sí, en el consentimiento». Rápidamente, el corte de vídeo, sin editar, se hacía viral y las reacciones, muchas más que presumibles, a uno y otro lado, inmediatas.
Hoy día una noticia, si es verdaderamente trascendente, dura un máximo de media jornada, fagocitada vertiginosamente por un enjambre de nuevos clics en canales y redes. Con ello se pierde la posibilidad de ganar unos días, para comprobar la evolución de las posturas y tomar perspectiva. ¿Y qué ha ocurrido? Es un hecho que, pasada casi una semana, la ministra no se ha desdicho. Hubiera sido fácil salir, como hizo al día siguiente, a pie de micrófono, a decir «me he explicado mal» o, seamos sinceros, como en la política cada vez hay menos educación, quizás hubiera sido más factible un «no me habéis entendido». Pero no dijo nada de eso, sino que habló de la vergüenza de la campaña de la extrema derecha en su contra. Sin desdecirse, sin corregir, ni matizar, sus palabras del día anterior.
Entre sus camaradas, sus fieles y su séquito, se desviaba la atención sobre sus palabras con la consabida, y ya cansina, referencia al bulo de la extrema derecha, que siempre sacan cuando se les cuestiona. En este caso, más si cabe, se vio un absoluto ejercicio de cinismo y posverdad, porque el vídeo multiplicaba sus reproducciones, siendo visto por los ciudadanos, sin editar, sin intermediarios y sin que nadie se lo contara. Pero, para esta izquierda maniquea, la pregunta, entonces, sería: ¿A quién vas a creer, a mí, o a tus ojos? (Que parece venir pintiparada si recordamos que su autoría es de Marx, aunque soy consciente que pierde bastante al respecto, cuando se puntualiza que es de Groucho, no de Karl). Si a alguien se le ocurriera contestar a esta pregunta (incomprensiblemente, por supuesto) que, a sus ojos, entonces sería porque es, irremisiblemente, del entramado político y mediático de la extrema derecha. Lo crea o no. Lo sepa o no. Usted no ha visto lo que ha visto, y si cree haberlo visto, es porque Ud. es un fascista. Bulo «nazi», dijo Echenique… ¿Esto les ha funcionado alguna vez, más allá de convencer a los muy convencidos?
Algunos ciudadanos comentaban, no sé si desde la candidez o la ignorancia, que, aunque la ministra no se desdijera, ¿cómo no considerar como descabellado que pudiera legitimarse el mantenimiento de relaciones sexuales con niños? Es evidente que el entorno de la Montero fue inmediatamente consciente de la metedura de pata, pero al no salir a negar la mayor, no queda claro si quizás no tanto por lo que dijo, por el contenido, como por los posibles efectos electorales del calentón vocal de su principal. Algo así como que igual es que esta sociedad no está preparada para eso... aún.
Lo cierto es que este Gobierno de coalición, y particularmente el sector podemita del mismo, ha hecho bandera, y hasta banderín de enganche, siguiendo los pasos del inefable presidente Zapatero, de la ideología de género. Y en la misma, me temo que esto de normalizar la pedofilia no es en absoluto ninguna novedad. De ahí las legítimas dudas. Entre sus filósofos y teóricos de cabecera están Michel Foucault, Alfred Kinsey, Shulamith Firestone… Algunos de sus activistas pretenden la eliminación de la pedofilia como perversión sexual en los listados de la Organización Mundial de la Salud y su incorporación como una opción de género más LGTBI+.
Hoy hablar de pedofilia o pederastia parece un escándalo absoluto, pero no menos que hace veinte, treinta o cuarenta años hablar de otros de los objetivos de la ideología de género, que entonces también lo eran, y hoy parecen asumidos sin cuestión y apenas debate. Así, que el matrimonio fuera el contrato civil más barato, en el sentido del más fácil de romper, mucho más que un alquiler de instalaciones; o que personas que no son de diferente sexo pudieran contraer matrimonio, y no que su unión tuviera efectos civiles semejantes o incluso los mismos, sino que fueran jurídicamente un matrimonio; o que cuando se hablara de derechos de adopción se pensara en un derecho de los progenitores, y no de los niños; o que el aborto se asumiera como un método anticonceptivo más; o que llegara a hablarse de un «derecho» al aborto; o que se justificara una hipersexualización de la infancia, con una educación alejada de la amplia afectivo-sexual tradicional y más centrada en la sexual-genital.
Y si esto de la pedofilia le parece a una inmoralidad y una depravación, ya verá cuando se entere que algunos teóricos de género (George Bataille, Judith Butler, Shulamith Firestone…) también abogan por el incesto, como método natural de incorporación al sexo de los niños.
Igual así, cuando nos hablen de educación sexual de los niños desde Infantil o de la incorporación de la perspectiva de género (sí, de género) en las aulas, de forma obsesiva hasta en el estudio de la prehistoria y las matemáticas, nos lo pensemos dos veces antes de quedarnos callados o esperar a que el debate lo den otros.
  • Jesús Muñoz de Priego Alvear es abogado experto en Derecho Educativo
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