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El legado invisible: las abuelas moldean la personalidad de sus nietos

Los vínculos intergeneracionales son más claros cuando se analizan las habilidades medidas durante la infancia, en lugar de en la edad adulta

Un niño que sabe gestionar sus emociones no solo ha aprendido de sus padres. También lleva consigo la huella emocional de sus abuelas. Esta es la sorprendente conclusión de una investigación que demuestra que las habilidades socioemocionales se transmiten de generación en generación como una herencia invisible pero determinante

El debate sobre cómo se transmiten las desigualdades entre generaciones ha estado tradicionalmente centrado en la educación formal, los ingresos o la riqueza. Sin embargo, en los últimos años la atención se ha desplazado hacia un terreno más intangible, pero igualmente determinante: las habilidades socioemocionales. Rasgos como la sociabilidad, la estabilidad emocional, el autocontrol o la motivación no solo configuran la vida de una persona, sino que, como muestra la investigación más reciente, se transmiten a lo largo de generaciones.

En este contexto, el estudio Intergenerational Mobility in Socio-emotional Skills (2025), elaborado por Orazio Attanasio (Yale University), Áureo de Paula (UCL) y Alessandro Toppeta (Stockholm University), aporta evidencia empírica muy relevante. Utilizando datos del Reino unido, los autores analizan cómo se transmiten las habilidades socioemocionales entre padres, hijos y abuelos en el Reino Unido.

La importancia de las habilidades socioemocionales

Las habilidades socioemocionales, también llamadas no cognitivas, abarcan aspectos como la capacidad de relacionarse con otros, la resiliencia, la motivación o el autocontrol. No se trata únicamente de competencias emocionales, sino de rasgos que influyen directamente en el rendimiento escolar, la integración laboral y la calidad de vida.

En economía de la educación, múltiples trabajos han demostrado que estas habilidades pueden ser tan relevantes como las cognitivas para explicar el éxito académico y profesional. Además, al estar ligadas al bienestar subjetivo, a la salud mental y a la capacidad de establecer relaciones estables, se convierten en un factor crucial para entender cómo se reproduce la desigualdad social.

El estudio confirma algo fundamental: las habilidades socioemocionales se transmiten de padres a hijos desde la infancia. Este hallazgo es particularmente relevante porque subraya que la formación de dichas competencias empieza mucho antes de la escolarización formal.

La transmisión materna y el papel de las abuelas

Uno de los resultados más llamativos del trabajo es que la transmisión es más fuerte desde las madres y persiste incluso al considerar a las abuelas. Los autores encuentran que las correlaciones entre las habilidades de madres e hijos son significativamente mayores que las observadas entre padres e hijos.

Esto no significa que el papel paterno sea irrelevante, pero sí que existen mecanismos específicos de género que influyen en la transmisión de estas competencias. La explicación podría residir en que, durante la infancia temprana, las madres suelen ser la figura de mayor interacción cotidiana, lo que intensifica el aprendizaje socioemocional.

Más sorprendente aún es la evidencia de que las habilidades socioemocionales viajan por generaciones. La investigación en Reino Unido detecta correlación entre las habilidades de las abuelas y las de sus nietos, incluso controlando por las de los padres. En otras palabras, no solo heredamos genes: también habilidades socioemocionales como la sociabilidad o la estabilidad emocional.

La infancia como etapa clave

El estudio destaca que los vínculos intergeneracionales son más claros cuando se analizan las habilidades medidas durante la infancia, en lugar de en la edad adulta. Esto sugiere que el proceso de transmisión ocurre muy temprano, en los primeros años de vida, cuando el cerebro es más plástico y las interacciones con los padres tienen mayor impacto.

Por ello, los autores señalan que el aprendizaje emocional empieza en casa… y en la infancia. No se trata únicamente de lo que los niños aprenden en la escuela, sino de los patrones de conducta, el afecto y la regulación emocional que experimentan en el entorno familiar.

Implicaciones para la política educativa y social

Los resultados de este estudio tienen implicaciones profundas. En primer lugar, confirman que reducir las desigualdades requiere políticas que actúen no solo sobre la educación formal, sino también sobre el entorno familiar. Programas de acompañamiento a padres, apoyo psicológico y estrategias para fomentar la lectura, el juego compartido o la comunicación positiva pueden tener un efecto multiplicador en el desarrollo infantil.

En segundo lugar, resaltan la importancia de intervenir temprano. Las brechas en habilidades socioemocionales que se abren en la infancia tienden a perpetuarse en la edad adulta. Por tanto, invertir en programas de primera infancia no solo mejora las oportunidades individuales, sino que contribuye a reducir la transmisión intergeneracional de la desigualdad.

Finalmente, el hallazgo de que las abuelas también influyen en las competencias socioemocionales de los nietos recuerda que la familia extensa y las redes de cuidado desempeñan un papel esencial. Las políticas de conciliación y apoyo a los hogares multigeneracionales podrían reforzar esta dimensión positiva.

Una herencia que va más allá de los genes

El trabajo de Attanasio, de Paula y Toppeta abre nuevas líneas de investigación y confirma que la herencia intergeneracional no se limita a los recursos económicos ni al capital educativo. Las habilidades socioemocionales viajan por generaciones y condicionan, en gran medida, la trayectoria vital de las personas.

Como resumen, se pueden extraer varias conclusiones principales:

La infancia es clave: es en los primeros años cuando se consolidan las competencias socioemocionales más relevantes.

Las madres tienen un papel más influyente en la transmisión de estas habilidades, aunque los padres también participan en el proceso.

Las abuelas cuentan: su influencia sobre los nietos es detectable incluso después de controlar por los padres, lo que revela un efecto multigeneracional.

No solo heredamos genes: los patrones emocionales, la forma de relacionarnos con los demás y la capacidad de afrontar la adversidad también se transmiten.

En definitiva, el estudio confirma que la literatura económica debe integrar las habilidades socioemocionales en el análisis de la movilidad intergeneracional. Reducir las desigualdades del futuro pasa por comprender y potenciar este capital invisible que viaja en las familias, silenciosamente, desde hace generaciones.

Ismael Sanz, URJC; FUNCAS y London School of Economics

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