Fundado en 1910

Un tractor arroja abono al campoEuropa Press

La carrera que ya nadie estudia, pero que tiene un 100 % de empleabilidad

Durante décadas, esta disciplina fue una elección habitual para miles de estudiantes

En el sistema universitario español existen titulaciones que concentran titulares, vocaciones tempranas y una competencia feroz por entrar en las aulas. Frente a ellas, otras opciones pasan casi inadvertidas para la mayoría de los jóvenes, pese a ofrecer un horizonte profesional mucho más despejado. Una de esas carreras es la ingeniería agrónoma, un grado que apenas despierta interés entre los futuros universitarios, pero que garantiza trabajo a quienes lo terminan.

Durante décadas, esta disciplina fue una elección habitual para miles de estudiantes. En los años noventa las matriculaciones alcanzaban cifras elevadas y el perfil del ingeniero agrónomo estaba plenamente integrado en el tejido productivo del país. Sin embargo, con el paso del tiempo, la carrera fue perdiendo atractivo, desplazada por estudios considerados más modernos o con mayor prestigio social. Hoy el número de alumnos es reducido y muchas facultades tienen dificultades para completar plazas.

Esa falta de demanda contrasta con la realidad del mercado laboral. Las empresas del sector agroalimentario, la industria vinculada al campo, la gestión medioambiental y la innovación tecnológica aplicada a la producción agrícola necesitan profesionales cualificados y no los encuentran con facilidad. El resultado es un escenario poco habitual en otras ramas universitarias, ya que prácticamente todos los titulados acceden a un empleo estable en cuanto finalizan sus estudios.

Los datos oficiales confirman esta situación. La inserción laboral de los ingenieros agrónomos es total, con jornadas completas y un porcentaje muy significativo de contratos indefinidos. En un contexto marcado por la precariedad juvenil y la temporalidad, estas cifras convierten a la carrera en una excepción que rompe con la tendencia general del empleo cualificado en España.

El nivel salarial también refuerza su atractivo. Los sueldos iniciales se sitúan en rangos competitivos y aumentan con rapidez a medida que se gana experiencia o se asumen responsabilidades de gestión. En puestos técnicos, de planificación o de dirección, las retribuciones superan con holgura la media nacional, especialmente en empresas exportadoras o proyectos ligados a la innovación y la sostenibilidad.

Pese a ello, la percepción social de la ingeniería agrónoma sigue anclada en estereotipos del pasado. Muchos estudiantes la asocian únicamente con trabajos físicos o con entornos rurales alejados de las grandes ciudades, cuando en realidad el sector está cada vez más vinculado a la tecnología, la investigación, el desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria. La digitalización del campo, el uso de datos y la adaptación al cambio climático han multiplicado la necesidad de perfiles altamente cualificados.