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El maestro intenta comprender qué puede haber detrás de estas reaccionesGetty Images/Nikada

Educación

Un profesor español critica la reacción de algunos padres cuando les comunica que su hijo está enfermo

El docente relata varios episodios de desconfianza y enfado de familias cuando el centro les comunica que sus hijos se encuentran mal

La relación entre familias y centros educativos suele basarse en la confianza mutua. Sin embargo, no siempre ocurre así. Un maestro español que trabaja en Irlanda ha denunciado en un vídeo la reacción de algunos padres cuando el personal educativo les comunica que sus hijos están enfermos y deben regresar a casa.

El docente, que lleva más de un año trabajando en una crèche —una escuela infantil—, explica que atiende a niños de entre dos y tres años, aunque el centro acoge a menores de entre uno y cinco. Desde su experiencia, uno de los conflictos más frecuentes con las familias surge cuando el profesorado tiene que avisar de que un niño no se encuentra bien.

«Hay una cosa que hacen algunos padres que me parece una de las faltas de respeto más grandes que yo vivo como profesor y es que yo te llame para decirte que tu hijo está enfermo y que tú no me creas y que incluso te enfades conmigo», afirma.

Según relata, en varias ocasiones algunos padres han reaccionado con enfado e incluso han puesto en duda el aviso del centro. «Nos dicen que no se lo creen, que van a llegar ahí a la escuela y que les tenemos que demostrar que su hijo está enfermo», explica.

Uno de los episodios más recientes ocurrió la semana anterior, cuando una compañera tuvo que mostrar la temperatura de un bebé a su madre para convencerla de que realmente tenía fiebre. La educadora salió con el niño de un año a la puerta del centro para hablar con la familia, pero la madre pidió que le enseñaran el termómetro.

Aun así, la reacción de la madre fue de molestia. Para el docente, esta actitud resulta difícil de entender. «¿En qué cabeza cabe que un maestro o un docente va a inventarse que un niño está enfermo para que se lo lleven a casa?», se pregunta.

Presión laboral y prioridades familiares

A pesar de las críticas, el maestro intenta comprender qué puede haber detrás de estas reacciones. En su opinión, muchas veces el problema no es la desconfianza hacia el profesorado, sino la presión laboral que sienten algunos padres cuando deben abandonar su puesto de trabajo para recoger a sus hijos.

Estoy en el trabajo, como le diga a mi jefe que me tengo que ir porque mi hijo está enfermo, pues puedo tener problemas

El docente concluye con una reflexión más amplia sobre las prioridades personales y familiares. A su juicio, el trabajo no debería ocupar el centro absoluto de la vida cotidiana. «Vamos a darle la importancia a nuestras familias, a nuestras vidas, a lo que es de fuera del trabajo más que a esas ocho horas que nos tienen obligados de estar ahí», señala.

Y remata con una idea que resume su planteamiento: «Lo guay de la vida, aunque tu trabajo te encante, la mayoría de cosas guays y divertidas están fuera».

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