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La educación en la encrucijadaIsmael Sanz

Las chicas pierden terreno en matemáticas

La brecha que se creía superada vuelve a abrirse en todo el mundo, y aparece en los primeros meses de Primaria

En los últimos años, una de las tendencias educativas en gran parte del mundo está siendo el ascenso de las niñas: hoy obtienen mejores notas, abandonan menos los estudios y acceden más a la universidad. Pero hay una excepción persistente, las matemáticas, y los datos recientes no son buenos. En la evaluación internacional TIMSS de 2023, la proporción de sistemas educativos donde los niños superan a las niñas en matemáticas alcanzó su máximo desde 1995: el 81 % en 4.º de Primaria. La brecha se ha vuelto a abrir, en todo el mundo y a la vez.

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Fuente: Eck et al. (2026), IEA Compass n.º 30, Figura 1

El reciente informe de la IEA (Eck et al., 2026), elaborado con la UNESCO, ofrece la fotografía macro. Analiza casi 30 años de TIMSS en 47 sistemas educativos que han participado en al menos cuatro ciclos. En 2003, el 65 % no mostraba diferencias significativas entre niños y niñas en matemáticas. En 2023, esa zona neutral se ha hundido hasta el 19 %, el mínimo histórico. Y lo que ha ocupado su lugar es inequívoco: el 81 % de los sistemas muestra ventaja de los chicos y ningún sistema muestra ventaja para las chicas.

El cuadro empeora si se mira a los extremos de la distribución. En el nivel avanzado de 4.º de Primaria, la proporción de sistemas donde hay significativamente más niños que niñas ha crecido sin pausa, del 15 % en 1995 al 85 % en 2023. Y, al mismo tiempo, vuelve a aumentar la proporción de sistemas con más niñas por debajo del nivel mínimo, que ha resurgido hasta el 21 % en 4.º después de haber estado cerca de cero en los ciclos anteriores. La brecha crece a la vez en la base y en la cima.

¿Cuándo se abre exactamente? La respuesta ha llegado este año en un estudio publicado en Nature por Martinot y colaboradores. Aprovecharon EvalAide, el programa nacional francés que examina a todos los alumnos de 1.º y 2.º de Primaria tres veces: al empezar 1.º, tras cuatro meses de clase y al empezar 2.º. Reunieron cuatro cohortes consecutivas y 2,65 millones de niños. Es, por tamaño y exhaustividad, uno de los mayores estudios sobre la brecha de género jamás realizados.

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Fuente: Martinot et al. (2025), Nature 643, Tabla 1

Al entrar en la escuela, niños y niñas tenían un rendimiento en matemáticas prácticamente idéntico. Tras solo cuatro meses de clase apareció una ventaja masculina pequeña pero ya estadísticamente significativa, y al cabo de un año esa diferencia se había cuadruplicado. El patrón se repitió, casi calcado, en las cuatro cohortes. En el 5 % de mejor rendimiento del primer curso había 2,33 niños por cada niña, más del doble.

Los autores descartaron que se tratara de un efecto de la edad. Como en Francia el curso depende del año natural de nacimiento, pudieron comparar a niños nacidos con pocos días de diferencia, en diciembre y en enero, pero separados por un curso entero de escolarización. La brecha aparece con la escolarización, no con la edad. El contraste con la lengua confirma la lectura: en lectura, las niñas ya partían con ventaja al empezar la escuela; en matemáticas, no había diferencia inicial alguna.

El resultado más contraintuitivo es que la brecha no es un problema de falta de recursos. Al contrario: a los 12 meses era mayor en las familias de mayor nivel socioeconómico que en las de menor nivel, y especialmente acusada cuando ambos progenitores ejercían profesiones científicas, como la ingeniería, o eran docentes. La explicación que apuntan los autores es que los padres más implicados, a menudo los de mayor nivel educativo, transmiten con más fuerza los estereotipos de género asociados a las matemáticas cuando empieza la escolarización formal.

Todo apunta a factores socioculturales y de aula, no a aptitudes innatas. Las matemáticas se suelen enseñar y evaluar bajo presión de tiempo y con un componente competitivo que tiende a perjudicar más a las niñas, que muestran mayor ansiedad ante este tipo de pruebas. La idea de que los niños son mejores en matemáticas opera como una profecía autocumplida: profesorado y familias atribuyen el éxito de los niños al talento y el de las niñas al esfuerzo, y las niñas declaran sistemáticamente menos confianza en matemáticas, un factor estrechamente ligado al rendimiento.

La brecha se puede revertir, y la evidencia apunta a varias palancas concretas. Un estudio reciente con aulas italianas (Di Tommaso et al., 2024) encontró que aprender en grupos pequeños centrados en resolver problemas conjuntamente redujo la brecha en un 40 %, y las niñas mejoraron sin que ello perjudicara a los niños. Cambiar la forma de evaluar, suavizando la presión de tiempo, apunta en la misma dirección. La formación del profesorado en equidad es la palanca más poderosa, especialmente en sistemas como el español o el francés, donde la mayoría del profesorado de Primaria son mujeres. Y empezar pronto, en infantil o en 1.º de Primaria, con actividades lúdicas, espaciales y de resolución de problemas, ayuda a construir una identidad matemática positiva antes de que cristalicen los estereotipos.

En PISA 2022, la media de la OCDE mostraba una ventaja de los chicos en matemáticas de algo menos de 10 puntos. Es una diferencia que en términos absolutos suena pequeña pero que pesa más de lo que parece a la hora de elegir bachillerato y carrera, y que se traduce en una presencia muy limitada de mujeres en estudios STEM. Si cuatro meses en 1.º de Primaria bastan para abrir una brecha que al empezar el curso no existía, también podrían bastar cuatro meses, bien empleados, para empezar a cerrarla. La evidencia ya está. Falta decidir si actuamos pronto.

  • Ismael Sanz, Universidad Rey Juan Carlos, Funcas y London School of Economics

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