PISA 2025: lo que las medias ocultan en España
España se sitúa en PISA 2025 por debajo del promedio de la OCDE en las tres competencias evaluadas, queda excluida de las series de tendencia del informe por segunda vez en tres ciclos y presenta una comunidad cuyos resultados la propia organización considera no publicables de forma desagregada. Ninguno de estos tres hechos acarrea consecuencias institucionales perceptibles
En PISA 2022, Cataluña figuraba entre las últimas comunidades españolas en los tres dominios: 477 puntos en ciencias, 462 en lectura y 469 en matemáticas. Constituía el territorio con mayor retroceso desde 2018. En el ciclo 2025, el informe nacional la sitúa a la cabeza en ciencias, con 502 puntos, y en lectura, con 473. Esto representa un incremento de veinticinco puntos en ciencias mientras la media nacional descendía.
Este contraste coincide con un cambio en la composición censal: la tasa de exclusión de alumnos en centros catalanes pasó del 5,6 % al 23,2 %. Es decir, prácticamente uno de cada cuatro estudiantes de la cohorte teórica no realizó la prueba. La OCDE constata este incremento en la Guía del lector del Volumen I e invalida la publicación desagregada de Cataluña. Sin embargo, la organización no altera el diseño muestral para excluir dicha muestra del agregado nacional.
En consecuencia, los 477 puntos en ciencias y los 451 en lectura reportados para España incorporan una muestra sujeta a una exclusión del 23,2 % en una región que supone en torno a un sexto de la población evaluable. Un cálculo demográfico directo sitúa el promedio del resto de España en torno a 472 puntos en ciencias y 447 en lectura: cinco y cuatro puntos por debajo de la cifra oficial. Aunque la cifra definitiva requiere los ponderadores finales de muestreo (final student weights) del futuro informe técnico, la dirección del sesgo es positiva para el promedio oficial.
El argumento técnico no imputa manipulación intencionada. Las causales de exclusión (discapacidad o competencia lingüística insuficiente) admiten discrecionalidad en su aplicación administrativa. Lo relevante en términos metodológicos es que una media calculada tras retirar al 23,2 % del censo no es comparable con las series históricas, motivo por el que la OCDE la aparta de sus tablas principales. Al mantenerse en el cómputo conjunto, eleva artificialmente la estimación nacional.
La discusión no se agota en el ámbito autonómico, sino que atañe a los órganos de coordinación estatal.
España acumula incidencias en la producción del dato en dos de las tres últimas evaluaciones. En 2018, la OCDE suspendió la publicación de los datos de lectura por anomalías en los patrones de respuesta. En 2025, la concentración de exclusiones motiva una nueva advertencia metodológica. Por ello, España no figura en la media OCDE-35 de evolución desde 2015 ni en la submuestra OCDE-29 para el análisis de antecedentes migratorios. Las comparaciones del Ministerio con la media histórica de la OCDE utilizan un conjunto del que el propio sistema español está excluido.
El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) coordina la recogida muestral con las comunidades, valida los datos y asume su presentación pública. Asume, por tanto, las funciones de operador estadístico, auditor y portavoz. La tasa global de exclusión de la muestra española no figura en el Volumen I del informe internacional. Conocerla requiere esperar a la publicación del informe técnico de la OCDE.
El diseño del modelo territorial introduce una heterogeneidad desarticulada. Existen diecisiete subsistemas educativos, con diferencias de 45 puntos en ciencias entre Madrid (495) y la Comunidad Valenciana (450), y de 52 puntos en lectura entre Asturias (471) y el País Vasco (419). La Conferencia Sectorial de Educación carece de protocolos vinculantes de auditoría o rendición de cuentas asociados a estos diferenciales.
La distribución de los resultados no coincide con alineamientos partidistas. Las ocho comunidades que igualan o superan el promedio de la OCDE en ciencias presentan gobiernos de distinto signo. La mayor caída del ciclo corresponde al País Vasco, que desciende a 419 puntos en lectura (32 puntos por debajo de la media estatal) en la administración con mayor gasto por alumno de España. Asimismo, la pérdida media de 23 puntos en lectura entre 2022 y 2025 se reparte por la totalidad del territorio.
El informe arroja también datos sobre los condicionantes socioafectivos. El 90 % del alumnado español manifiesta sentido de pertenencia a su centro educativo (índice de 0,46 frente a 0,09 en la OCDE), la proporción más alta de los países participantes. La incidencia de acoso escolar se sitúa por debajo de la media internacional (59,9 % de estudiantes libres de situaciones de acoso frente al 52,5 % en la OCDE). Las puntuaciones de curiosidad, perseverancia y adaptabilidad se ubican en los deciles 8, 9 y 9. El 54,7 % considera útil lo aprendido para la vida adulta, por encima del promedio del 51,4 %.
En contraste, el rendimiento cognitivo desciende. La proporción de alumnado en niveles de excelencia (niveles 5 y 6) es del 7,0 % en España, frente al 11,9 % en la OCDE. Entre 2022 y 2025, la excelencia cayó entre el alumnado desfavorecido en lectura y matemáticas, fenómeno observado de forma simultánea en solo cuatro países. La reducción decenal en ciencias afectó exclusivamente al percentil 10, ensanchando la brecha con el percentil 90. Si bien el índice socioeconómico explica solo un 9,2 % de la varianza del rendimiento (frente al 11,6 % de la OCDE), esta aparente equidad responde a la compresión de las puntuaciones en el tramo bajo de la distribución.
El problema reside en la conversión del clima y la predisposición del alumnado en competencias instrumentales. La hipótesis de la desafección actitudinal no encuentra respaldo en los datos.
Dos variables del entorno escolar explican parte del desfase. Primero, el 48,7 % de los estudiantes españoles reporta haber faltado a clase en las dos semanas previas a la prueba (el 51,3 % no registra faltas, frente al 66,1 % de la OCDE), lo que sitúa a España en el tercio inferior en asistencia. La OCDE señala la asistencia discontinua, más que la duración de los confinamientos, como factor asociado al retroceso general en lectura. Segundo, el 86,3 % de los alumnos asiste a centros con prohibición de dispositivos móviles (frente al 49,5 % de la OCDE), mientras que el índice de capacidad digital de los centros es de −0,30, frente al −0,03 medio.
Tres medidas concretas derivan de esta evidencia sin exigir reformas normativas: publicar la tasa de exclusión global y el desglose de cada comunidad con los criterios de exclusión aplicados; separar técnicamente las funciones de recogida muestral de las de auditoría estadística; y suspender la agregación nacional de muestras autonómicas que no cumplan los estándares de publicación internacional de la OCDE.
La discusión sobre las posiciones de tabla carece de significación estadística. La puntuación de España en ciencias (477) es estadísticamente indistinguible de las de Francia, Italia, Portugal, Hungría, Dinamarca, Croacia, Eslovaquia y Luxemburgo. La cuestión prioritaria radica en la discrepancia entre el bienestar declarado y la adquisición competencial, así como en la reiteración de incidencias en la validez del muestreo nacional.