10 de agosto de 2022

Grande-Marlaska y Don Juan Carlos

Grande-Marlaska y Don Juan Carlos

El pulso de la calle: aplausos a Don Juan Carlos y abucheos a Marlaska

La calurosa acogida al Rey en Sanxenxo coincidió con la pitada al ministro del Interior en Ávila

Buena parte de la izquierda ha decidido intensificar su campaña contra Don Juan Carlos y la Corona aprovechando la llegada del Rey a España después de dos años. A las ofensas y acusaciones de miembros de partidos como Unidas Podemos se han sumado las indirectas y comentarios despectivos de figuras del PSOE como Carmen Calvo y miembros del Gobierno como Miquel Iceta o Alberto Garzón.
Al tiempo que se suceden las reacciones políticas, la calle tiene su particular respuesta a la decisión del monarca de regresar al país tras dos años en Abu Dabi. La llegada de Don Juan Carlos al Club Náutico de Sanxenxo se convirtió en todo un homenaje al Rey. Cientos de personas se acercaron hasta allí para saludar, aplaudir y lanzar sus «vivas».
Juan Carlos I dio la mano a varios ciudadanos que habían acudido a saludarle

Juan Carlos I dio la mano a varios ciudadanos que habían acudido a saludarleGTRES

La imagen del Club Náutico contrasta con la protesta organizada por grupos nacionalistas como el BNG que apenas ha logrado reunir a unas decenas de manifestantes. Gritos contra el Rey y llamamientos a una república gallega con la presencia del diputado Néstor Rego.
Los escasos participantes en la manifestación contra el Rey en Sanxenxo

Los escasos participantes en la manifestación contra el Rey en SanxenxoEuropa Press

Apenas unas horas después de esa llegada de Don Juan Carlos a Sanxenxo, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, presidía en Ávila la jura de la nueva promoción de policías nacionales. Su acogida resultó ser mucho peor en una semana marcada por el desprecio que Pedro Sánchez mostró hacia las Fuerzas de Seguridad desplegadas en Cataluña durante el referéndum ilegal organizado por los independentistas. En sede parlamentaria, el presidente del Gobierno llamó «piolines» a los policías y guardias civiles que allí acudieron.
Así, Marlaska tuvo que aguantar una sonora pitada por parte de los asistentes a ese acto de la Policía Nacional. Unos abucheos que solo se silenciaron al sonar los primeros acordes del himno de España.
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