Pedro Sánchez junto a Francina Armengol
Grietas en el socialismo
Sánchez intenta meter en cintura a sus barones pero no se fía del plan que ultima Page
El presidente no quiere más deserciones como la protagonizada por Ximo Puig la semana pasada. En el PSOE preocupa, no obstante, el inminente movimiento del castellano-manchego
Pedro Sánchez está tratando de recomponer las filas del PSOE, en medio de la batalla fiscal. El presidente del Gobierno se ha desplazado este lunes a Mallorca para enviar un mensaje interno, o más bien una advertencia: no quiere más deserciones como la protagonizada la semana pasada por Ximo Puig. Otra cosa es que lo consiga.
Una vez superado el coronavirus, Sánchez ha reaparecido en Marratxí junto a la presidenta de Baleares, un día antes de que Francina Armengol afronte su último debate de política general de la legislatura. Y la ha atado en corto, antes de que Armengol cayera en la tentación -como Puig- de aprovechar ese debate para anunciar rebajas fiscales contrarias a la estrategia de La Moncloa. Especialmente en lo referido al tramo autonómico del IRPF.
Desde allí, Sánchez se ha adelantado y ha anunciado deducciones fiscales específicas para Baleares dentro del régimen especial de las islas y 20 millones de euros para el tranvía de Palma. La injerencia no ha gustado a los socios de la presidenta, Més per Mallorca, que han calificado la visita del presidente de «desleal», en palabras de su portavoz, Josep Ferrà.
Lo cierto es que Sánchez ha desactivado una bomba de relojería en Baleares, pero le queda otra en lo inmediato, y mucho más peligrosa: Castilla-La Mancha, con un incontrolable Emiliano García-Page, acostumbrado a ser el verso suelto.
El presidente castellano-manchego también encara este martes el último debate sobre el estado de la región de la legislatura. Desde hace una semana, García-Page ha mantenido un calculado silencio sobre esta batalla impositiva, velando sus armas. Se da por hecho que anunciará una bajada fiscal, aunque la clave será si se decide a tocar el IRPF.
El impuesto sobre la renta se ha convertido en el talón de Aquiles del Gobierno central, por su negativa a deflactárselo a las clases medias y trabajadoras. Puesto que la reducción que la ministra de Hacienda anunció el jueves pasado, a rebufo, solo asiste a los contribuyentes con rentas por debajo de los 21.000 euros anuales.
Entretanto, la portavoz del Ejecutivo, Isabel Rodríguez, ha minimizado este lunes las últimas encuestas -también la de El País da por detrás al PSOE- y ha reiterado que Sánchez no está pensando en las próximas elecciones, sino en la «situación de las familias» y en el «futuro de las próximas generaciones».
El propio presidente defendió el sábado, en la clausura del Foro La Toja, su política fiscal, incluido ese «impuesto de solidaridad» con el que pretende enmendar a las comunidades que eliminen el impuesto de Patrimonio. «¿Qué Estado del Bienestar queremos?», se preguntó allí. Y él mismo respondió que, si queremos la cobertura de los países nórdicos, hay que pagarlo.
Por su parte, la presidenta madrileña ha cargado contra el «hachazo fiscal» de ese impuesto. Durante una visita a Barcelona, Isabel Díaz Ayuso ha advertido a Sánchez de que si invade competencias autonómicas, la Comunidad de Madrid se defenderá en los tribunales: «Que lo haga, que lo haga», le ha retado.