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20 de julio de 2024

Pam

Ángela Rodríguez Martínez, Pam, secretaria de Estado del Ministerio de IgualdadPaula Andrade

El perfil

Pam, el paño de lágrimas de Ire

«Pam es de las que piensa que hay que administrarle jarabe democrático en forma de escraches o insultos a Rosa Díez, a Cristina Cifuentes, a Ana Botella y a Isabel Díaz Ayuso, porque ellas son mujeres de segunda»

Pam no se llama Pam. Se llama Ángela Rodríguez Martínez. Pero a ella le gusta que le llamen Pam, como Pepi, como Luci, como Bom, y como otras chicas del montón. Cuando era niña en su tierra pontevedresa decidió que sus amigas le llamaran Pamela, pero era más cuqui Pam: si una niña puede mudar a niño sin permiso de sus padres, a ver por qué Ángela no puede llamarse Pam. El mismo día que soplaba las 32 velas le tocó la lotería pedrista: apareció su nombre en el Boletín Oficial del Estado como secretaria de Estado del Ministerio de Igualdad que dirige su cuchiamiga Irene Montero y donde está toda la cuchipanda: Isa Serra, condenada por el Supremo, Carlos Sánchez Mato y Celia Mayer, investigados por malversar y prevaricar por unos informes en el Open de Tenis, y Lilith, de profesión hija de un tránsfuga. Jo, tía, qué guay, le dijo a su jefa y amiga, que también abandonó las listas del paro para engrosar el Gobierno de España por la vía más rápida, la conyugal. Te lo juro, tía, tu hombre, nuestro hombre, es un crak.

Pam se define como bisexual y tiene tanto arrojo que las dos veces que ha tenido que pisar el Palacio Real ha mostrado una rebeldía de la que todavía se habla en las Cancillerías europeas: en una se puso una mascarilla con los colores LGTBI y en la última, rompió el protocolo que pedía traje corto para las señoras, colocándose una corbata. Jo, tía, que valiente soy: se van a enterar estos fachas de lo que vale un peine comunista. De todo tuvimos noticia porque ella misma se autofotografía, hace chulísimos tik tok y presume de cuerpo, porque la belleza del cuerpo, ha dicho, está por encima del color, la forma y el tamaño.

Por eso, ella e Ire montaron aquella campaña que reivindicaba la diversidad del físico de las mujeres, pirateando fotos de influencers sin su permiso y hasta manipularon una imagen de una señora con doble mastectomía y de otra joven con prótesis; las dos descubrieron la chapuza en la prensa. Todo es tan guay, chica. Un violador saliendo por aquí, un fraude en una campaña con dinero público, por allá, un viaje en Falcon a Nueva York pagado con nuestros impuestos, por acullá. Y, encima, sin tener que dar explicaciones porque las andanzas chachis de Pam y sus socias por el mundo son secreto de Estado. Pero qué se han creído estos reaccionarios…

A Pam eso de mandar a violadores a casa por el bodrio de ley del «solo sí es sí» le tiene de cabeza. Pero no porque se hayan rebajado las penas para los individuos más abyectos de la sociedad ni porque decenas de víctimas tengan que asistir al desfile de sus verdugos saliendo de la cárcel, mientras se decía que la reforma se aprobaba para proteger a las mujeres. No es eso. Lo que de verdad tiene desmadejada a la secretaria de Estado de Igualdad son las revolucionarias lágrimas de la ministra por culpa de una ultra que le ha dicho que su pareja la enchufó en el Gobierno. Ver llorar a Ire es un golpe mortal para las «chicas de la tarta», que le deben el puesto y la prebenda.

Porque Pam es de las que piensa que hay que administrarle jarabe democrático en forma de escraches o insultos a Rosa Díez, a Cristina Cifuentes, a Ana Botella y a Isabel Díaz Ayuso, porque ellas son mujeres de segunda, no están en el paraíso feminista diseñado por la sufragista de Galapagar. Eso sí, hacer llorar a la mujer que ha dado todo por las féminas de España, a la que le debemos medidas tan profundas como que nos administren tampones en la uni, eso debería estar penado. Pam se dejaría cortar un brazo por incluir en el Código Penal, ahora que está en período de saldos, un tipo penal que condenara a las pérfidas políticas que hacen hipar a «la jefa».

Ángela es tan, tan feminista, que su referente cultural es la mismísima Rociíto, que ha contado su maltrato en una cadena de televisión propiedad de otro acreditado defensor de los derechos de las mujeres: Silvio Berlusconi. Telecinco es la preferida de Pam porque allí echó los dientes de leche comentando para Twitter un programa también muy progresista: Quién quiere casarse con mi hijo. Pero es que Pam se lo dijo a Jorge Javier hace poco: Rocío es una tía valiente. Tan valiente como nuestra aguerrida secretaria de Estado que, con estudios en Filosofía y sin haber currado una miaja en el sector privado (a los 26 ya era diputada en Madrid), cobra 120.000 euracos capitalistas. A cambio de dar su vida por las reglas dolorosas de las mujeres.

Lástima que el número de crímenes machistas siga creciendo (38 sumamos ya este año y con el feminista Zapatero pulverizamos todas las marcas). Todo mientras el padrino de este equipo de chicas superguays, Pedro Sánchez, sigue alimentando una red de organismos hueros (observatorios, delegaciones contra la violencia, direcciones generales…) que de nada sirven; y para que no falte parné a la pandilla de Pam, le acaba de dotar a su Ministerio con 573 millones de los impuestos de los fachas. Una fruslería que el paño de lágrimas de Ire y sus coleguis sabrán repartir muy bien entre publicitarios amigos y chiringuitos muy chachis. El tiempo pasa y la bicoca se acaba. Pero la lumbrera de Pontevedra tiene asegurado el futuro: siempre tendrá una silla ganada a pulso en el programa de Rociíto.

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