El historiador Feliciano Correa
Entrevista
Feliciano Correa: «Juan Carlos I prestó un gran servicio a España y es lamentable que viva en otro país»
El laureado historiador y autor de La transición política: Antecedentes históricos y conflictos en Extremadura analiza la llegada de la democracia a España y su nexo con la actualidad
Feliciano Correa (Jerez de los Caballeros, Badajoz, 1941) es doctor en historia y académico tanto de la Real Academia de Extremadura como de la Real Academia de la Historia. Empezó a publicar sus primeros artículos en prensa con tan solo 17 años, y su prolífera y dilatada trayectoria le han valido distintos premios por obras de ensayo y periodísticas. Ahora publica La transición política: Antecedentes históricos y conflictos en Extremadura. El libro no se circunscribe exclusivamente al oeste español, sino que explica y contextualiza los motivos que hicieron posible la llegada de la democracia a nuestro país. Atiende al El Debate por teléfono.
– ¿En qué situación social se encontraba España durante los últimos años del franquismo y cómo propició esto la llegada de la democracia?
–Eso es algo que se ha querido ocultar en los nuevos relatos que se están emitiendo y escribiendo. Después de la Guerra, los españoles –a base de esfuerzo– consiguieron elevar el nivel económico del país y crear un optimismo de progreso. Había una cierta esperanza en medio de las libertades que se habían recortado, pero a la gente le interesaba sobre todo el pan y la paz.
El logro de hacer una clase media bien sostenida y culturizada no es que lo hiciera Franco, pero sí sus equipos. La realidad fue que Franco, con independencia del componente de dictador, llevó a cabo una gestión: los equipos del franquismo pusieron a la nación en condiciones de relevo. Al final, sólo hubo una minoría muy pequeña que entendía que podía existir el franquismo sin Franco, y esa minoría fue poco a poco desvaneciéndose.
Portada de «La transición política: Antecedentes históricos y conflictos en Extremadura»
– Dice en su libro que la Transición fue una época de intelectuales, y se sorprende cuánto ha bajado el nivel. ¿Cuáles son las razones de ese cambio?
– Durante la dictadura, a los ministros, a los subsecretarios, y a la gente en general, se le escogía en función de su competencia intelectual y de su capacidad gestora. Es decir, había un currículum y unos méritos. Sin embargo, lo que prima ahora es pertenecer a unas siglas, a un partido, y se asciende en función de que seas un buen militante; que consiste en ser y en hacer lo que te dice tu jefe de filas. Al final hemos llenado el Parlamento de mudos útiles, que se limitan a apretar el botón sin saber nada de gestión y sin tener experiencia. Y eso hace que la política de hoy sea un refugio, muchas veces, de desocupados.
Hemos llenado el Parlamento de mudos útiles, que se limitan a apretar el botón sin saber nada de gestión
– Además, menciona que con Zapatero se empieza a hablar de Franco y que Sánchez le coge el testigo. ¿Por qué a la izquierda le interesa que el dictador esté en el debate público?
–¿Quién iba a pensar hace unos años que Franco iba a ser noticia en los rotativos internacionales? ¿Quién iba a pensar que íbamos a ver en los telediarios de todo el mundo al helicóptero con el cuerpo momificado del general Franco? Hay una inquina contra un tiempo porque estos episodios no tienen nada que ver con la gestión diaria, y en nada sirven para mejorar la vida del español. Tienen como fin, naturalmente, ocupar titulares y olvidar que somos el país de Europa que tiene un índice de desempleo mayor en los jóvenes y otras deficiencias que no se atienden.
Franco ha sido muy útil para para el PSOE que nos gobierna en tanto en cuanto ha servido de elemento de titular para distraer de otras cosas. Y luego hay una tremenda ignorancia, porque el Ejecutivo mete en el mismo saco de imputaciones a Franco que a José Antonio, diciendo que José Antonio cooperó con la sublevación militar, cuando en el testamento de José Antonio Primo de Rivera él dice que vive en el más absoluto aislamiento. Un hombre que estaba vigilado primero en la cárcel modelo de Madrid y luego en la cárcel de Alicante, y que fue fusilado, no podía intervenir. Sin embargo, este tipo de cosas como publicidad sirven; y son las propias ministras del Gobierno las que están publicitando –desde su más absoluta ignorancia– la historia reciente.
–Señala en su obra que las Cortes Franquistas tuvieron «una diligencia en el suicidio que las elogian». ¿Cómo consiguieron Suárez y los suyos que ese Parlamento votara a favor de la Ley para la Reforma Política?
Hay que enlazarlo con Franco, que no tenía una ideología, era un militar y un gran estratega. Cuento en uno de los capítulos del libro cómo Franco se aprovecha de la escasa liturgia del falangismo, porque, Stanley Payne, por ejemplo, cuando escribe su libro sobre sobre Falange, señala que José Antonio en ningún momento se declaró fascista. Entonces, como el franquismo había conseguido arroparse con los símbolos falangistas –con la camisa azul, con la boina roja de requeté– se entendió que Franco era falangista, lo cual es un error.
El historiador Feliciano Correa
De esta manera, Suárez y los suyos comprendieron que para que tuviesen la adhesión de los franquistas lo mejor era que el discurso de la Ley para la Reforma Política lo pronunciara en las Cortes el más cercano en sangre a José Antonio Primo de Rivera. Y ese fue Miguel Primo de Rivera, sobrino de José Antonio. Entonces, los franquistas que estaban en las Cortes supusieron que la reforma que se iba a hacer iba a conservar aquello que había de revolución social en la Falange. Por eso, se suicidaron –se hicieron el harakiri que se suele decir– y pasaron del franquismo a la democracia sin mayores traumas. No hubo ruptura, hubo una reforma, y ello posibilitó que hiciéramos la Transición, y además que fuera un ejemplo elogiado por toda la democracia internacional por haber pasado de una dictadura o a una democracia sin un solo un tiro. También fue clave la habilidad de Torcuato Fernández-Miranda, que aceptó que uno de los reformistas del franquismo fuese Miguel Primo de Rivera.
– Por otro lado , ¿qué relevancia tuvo el Rey Juan Carlos en la llegada de la Transición?
– Al Rey se le está enjuiciando ahora por la novela rosa y por su papel en las revistas del corazón, y no por la habilidad que tuvo para conseguir que la democracia y la Monarquía españolas fueran aceptadas internacionalmente. El papel del Monarca fue muy importante. Convencer a personajes como Carrillo para que renunciaran tanto a la bandera como al intento republicano; y que aceptase la Monarquía de don Juan Carlos, no fue tarea fácil.
Si no se habla de Paracuellos y sólo se aborda la represión de Franco, lo que estamos haciendo es una historia parcial y sectaria de España
Además, Juan Carlos renunció a los derechos y al poder que tenía Franco para quedarse únicamente como un Rey en condiciones de árbitro, y eso fue aceptado y elogiado internacionalmente. Luego ha ocurrido lo que ha ocurrido en su vida personal y se ha tomado eso como resumen de su trayectoria. Juan Carlos I prestó un gran servicio a España y es lamentable que viva en otro país y que esté censurado. Estamos en una actitud demente, falsa e injusta; y en ningún caso se le está reconociendo su gran papel. Aunque los historiadores sí lo sabemos –y la gente que estudia el tema también– pero nos hemos quedado con los titulares de las revistas del corazón.
– ¿Qué le parecen los políticos actuales que califican a la transición como el «Régimen del 78», y en este contexto, la Ley de Memoria Democrática?
– Es un desatino sobre todo en el sentido del sectarismo de la Ley de Memoria Democrática. La memoria democrática, si se quiere hacer, debería ser honesta, seria, y respetando la historia. Entonces, si queremos hacer una revisión, o sencillamente un análisis de nuestra memoria histórica, tendríamos que hacerla completa. Habría que ver la fotografía de un sitio y la fotografía de otro. La Guerra fue un desastre. La represión de después de la guerra fue un desastre. Pero la República fue causante de que hubiera un levantamiento militar, porque en Cataluña, por ejemplo –como lo cuento en el libro– las represiones y los asesinatos se produjeron sencillamente por tener una vocación religiosa: se entraba en los conventos y se violaba a las novicias.
Lo que no se puede hacer con esa memoria es un diseño conveniente; difuminando los errores y los asesinatos que cometieron tanto la República como la izquierda. Si no se habla de Paracuellos y sólo se aborda la represión de Franco, que no estamos de acuerdo tampoco con ella, lo que estamos haciendo es una historia parcial y sectaria de España. Y lo que hay que hacer es una historia leal con el pasado, porque si no, no se hace historia, lo que se hace es un relato panfletario.