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Yolanda, la hija del bodeguero asesinado en Cuzcurrita, La Rioja

Yolanda, la hija del bodeguero asesinado en Cuzcurrita, La RiojaNacho Abad

Un pueblo de 500 vecinos, un muerto y un asesino

La Guardia Civil investiga el asesinato del dueño de una bodega de la localidad Cuzcurrita en La Rioja

A Guillermo, de 78 años, le dieron una paliza de órdago. Lo mataron a golpes, como si a su asesino no le valiese sólo con su muerte, sino que necesitase descargar su ira contra él. Le asaltaron en su casa de Cuzcurrita, en La Rioja, en la madrugada del lunes al martes. El hombre estaba descansando ese día después de haberse metido una paliza trabajando todo el fin de semana en su negocio, Bodegas Guillermo. En la localidad se había celebrado la fiesta de las tapas y el local del bodeguero era sin duda el preferido de los clientes: fabulosa comida y él todo simpatía.

«Cené con mi padre el lunes. Luego le preparé las pastillas y me fui a mi casa. Él ya se iba a ir a dormir», cuenta Yolanda, la hija de la víctima. La mujer está desconsolada, como ida, con la necesidad imperiosa de saber quién le ha robado a su padre. «Al día siguiente, martes, a eso de las ocho de la mañana me llamó un trabajador de la bodega. Me dijo que el negocio estaba cerrado y que estaba llamando a mi padre por teléfono, pero que no le cogía».

Yolanda, inmediatamente, salió corriendo de su casa con una copia de las llaves de la casa de su padre en la mano. «En cuanto abrí la puerta supe que había pasado algo», relata la mujer. «En el rellano había una zapatilla de las de casa tirada y otra un poco más lejos. Me metí hasta el salón pensando que quizá se había quedado dormido en el sofá viendo la tele, pero allí no estaba. Sí había un charco de sangre, de color granate. Se notaba que estaba ya seca. Me puse muy nerviosa y no quise mirar más. Salí de la casa y le pedí al trabajador que me había llamado que entrase él».

Un pueblo de 500 vecinos

La Guardia Civil investiga el asesinato del dueño de una bodega de CuzcurritaNacho Abad

El hombre lo hizo. Siguió los rastros de sangre y se encontró a Guillermo muerto, con evidentes signos de violencia. Estaba dentro del baño, con golpes por todo el rostro. En seguida se personó en el lugar, la Guardia Civil, el grupo de homicidios de La Rioja. Les acompañaba Criminalistia que precintaron la casa y la bodega en busca de pistas. Encontraron el salón revuelto.

«Quizá se trató de un robo», dice Yolanda, «pero también puede ser que revolviesen la casa para disimular y que alguien del pueblo que le mirase con envidia o mal esté detrás de su muerte. La puerta no estaba forzada, es decir, él abrió a su asesino, quizá porque lo conocía». La localidad tiene 500 vecinos, un muerto y un potencial asesino.

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