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Así quedo un vagón de Cercanías tras el atentado del 11-M

Así quedo un vagón de Cercanías tras el atentado del 11-MEFE

Los desgarradores testimonios de los atentados del 11-M que mantienen el dolor después de 20 años

Los efectos de las explosiones llegaron mucho más allá de las víctimas directas. La sola visión de lo que aquel día sucedió ha marcado la vida de los testigos

La muerte de 192 personas y más de 1.800 heridas en apenas 5 minutos de explosiones es algo inasumible por parte de una sociedad como ha ocurrido con la española tras los atentados del 11 de marzo de 2004.

Si, además, entre los fallecidos está tu hermana o te has librado de las explosiones literalmente por segundos, no solo no es fácil de asumir, sino que la vida te cambia por completo.

David Abad, hermano de víctima

¿Cómo vivió aquellos momentos?

—Aquel día salí 20 minutos después de mi hermana de casa, y al llegar al puesto de trabajo fue cuando me enteré de que había habido una bomba en los trenes y a eso de las 09:00 me llamó mi madre para decirme que no daban con mi hermana Eva. Fui a su trabajo y allí no había llegado. Así que fui a Atocha a ver si podía enterarme de algo, pero no podía acceder. Ya me junté con mis padres y con mis hermanos e iniciamos una peregrinación por los hospitales de Madrid capital preguntando, mirando la lista de los heridos, dando la descripción física por si estaba allí y no dimos con ella. Así que nos mandaron para Ifema. Ahí estuvimos esperando desde el jueves por la tarde hasta el viernes por la tarde, que fue cuando nos llamaron para hacer el reconocimiento de una persona que podía ser mi hermana. Bajamos a la morgue y efectivamente reconocimos a mi hermana. Aquello fue dramático, desastroso y de sentirme auténticamente inhumano con todos esos muertos.

¿Cómo ha cambiado la vida a raíz de aquello?

—Algo como esto te impacta en cualquier aspecto de la vida, laboral, social, afectivo… entramos en baches emocionales con depresiones. Es decir, te provoca un caos, ya no solo el asesinato de un ser querido, sino también todo lo que lo rodea. En aquellos años no había ningún aspecto de la vida social y política de este país que no salían a colación los muertos. Parece que el asesinato de mi hermana y de sus compañeros de viaje era la causa de todos los males en este país. Es bastante asqueroso, sinceramente, tóxico por decirlo de una manera suave.

¿Cómo vive este 20 aniversario?

—Es un día más. Igual el 11 de marzo que el 25 de septiembre. No somos los mismos que éramos antes del atentado. Esa inocencia, esa felicidad que tienes por vivir no la terminas de recuperar por completo. Es un día más con el componente especial de que recuerdas aún con más claridad qué hacías y dónde estabas. Que sea el 20 aniversario espero que sirva como altavoz para que se pare la sociedad, escuche y pueda compartir nuestras necesidades y nuestras críticas a todo lo que ha ido sucediendo durante estos 20 años.

¿Qué necesidades tenéis?

—Más allá de la atención psicológica, lo que sí pedimos es que los medios y los políticos no alimenten teorías absurdas o imbéciles que lo que hacen es intentar ensuciar la memoria de los nuestros, todo el trabajo que hemos realizado para intentar estar mejor, para conseguir justicia. No puede ser que 20 años después sigamos dando pábulo a lo que no tiene un soporte jurídico ni de investigación policial solo para vender periódicos o conseguir oyentes de radio.

Vista de la valla de la vía del tren en la calle Téllez donde en anteriores aniversarios han depositado flores en homenaje a las víctimas

Vista de la valla de la vía del tren en la calle TéllezEFE

Raúl estaba en la estación de Atocha

¿Cómo vivió aquellos momentos?

—Recuerdo claramente que un móvil empezó a sonar en una mochila del portaequipajes, y todos miramos a los demás pasajeros, un tanto molestos, tratando de identificar al propietario del móvil y preguntándonos por qué no lo atendía o al menos lo silenciaba. Poco después, el tren se detuvo y nos dirigimos a las escaleras mecánicas. Terminé de subir las escaleras, di unos pasos y, de repente, escuché una detonación. Nunca había oído una explosión tan violenta en mi vida, pero supe de inmediato que era una bomba. Me giré y vi a personas dirigiéndose hacia el lugar de la explosión para averiguar qué había ocurrido, pero yo decidí alejarme. En el camino hacia la salida, oí una segunda explosión y, esta vez, todos nos dirigimos hacia la salida más cercana sin tener claro lo que estaba sucediendo. Llamé a mis padres, y lo primero que le dije a mi madre cuando respondió fue: «Estoy bien, mamá, tranquila que estoy bien».

¿Cómo ha cambiado la vida a raíz de aquello?

—Lo que caracteriza al terrorismo es su intento de manipular a las personas a través del miedo, pero yo me propuse no dejar que el miedo dictase mis decisiones. El 12 de marzo, tomé el mismo tren, el mismo vagón y a la misma hora para ir a mi trabajo. Recuerdo que el personal de limpieza del tren se movía con rapidez y tenía prisa por bajarse lo antes posible. En el trayecto hacia Atocha, el tren estaba prácticamente vacío. Pero mis pensamientos volvían constantemente a ese teléfono sonando en el portaequipajes, a poco más de un metro de mi cabeza. Un fin de semana, un periódico confirmó que había una bomba en mi vagón, y finalmente, colapsé. Desde entonces, he vivido sin permitir que el miedo condicione mis decisiones. Continué con mi vida, mi trabajo, tomando los mismos trenes, en los mismos vagones y horarios.

¿Cómo vive este 20 aniversario?

—Nunca he querido rememorar ni hablar de ese día ni de sus consecuencias. En cada aniversario, he preferido distanciarme de medios y redes sociales. Ha pasado tanto tiempo que llegué a pensar que el 11-M ya no ejercía ningún impacto en mí, pero recordarlo ahora ha hecho aflorar numerosos sentimientos. El tiempo tiene la capacidad de sanar, aunque siempre quedan cicatrices que nos recuerdan el dolor del pasado. Estoy convencido de que vivir sin miedo ha sido la mejor decisión que pude tomar, porque si no nos dejamos manipular por el miedo, ellos nunca podrán ganar.

Homenaje a las víctimas del 11-M en Sol

Homenaje a las víctimas del 11-M en SolEuropa Press

Una vecina de Alcalá que fue a Atocha

¿Cómo vivió aquellos momentos?

—El recuerdo es como si hubiese pasado ayer. Iba en el último vagón y donde estaba colocada la primera bomba que explotó. En Atocha tenía que cambiar de tren. Al salir me dispuse a subir las escaleras cuando de repente, en décimas de segundo, me encontraba agachada. La misma explosión te hace tirarte al suelo. Vi entonces el vagón donde había estado hacía unos segundos estallado y como calcinado y todo lo que había dentro. Me quedé en la parte de arriba del andén sin saber qué hacer y entonces al escuchar la segunda explosión salí corriendo a buscar por dónde salir de allí. Sabes que ha sido un atentado pero solo pensaba en avisar a mis familiares para decir que estaba bien y que llegaba tarde al trabajo.

¿Cómo le ha cambiado la vida a raíz de aquello?

—Creo que te cambia porque a partir de ahí cambia tu forma de ser y la toma de decisiones son influenciadas por lo vivido. Sigues tu vida, pero hay muchos momentos en los que está presente. Yo creo que en parte me marché a trabajar fuera del país por necesitar cambiar, salir de la vida que llevaba, como una huida.

¿Cómo vive este 20 aniversario?

—Me imagino que depende de cómo lo haya vivido cada uno. No sé cómo hubiera sido mi vida si no hubiera vivido aquella situación. En el día a día es normal, llevo una rutina de vida sencilla como cualquier otra persona. Pero siempre van a surgir situaciones en las que al enfrentarte a ciertos momentos de la vida hacen que esté presente todo lo vivido. Todos los miedos surgen de nuevo. Mis miedos no se han ido, solo que aprendes a enfrentarte a ellos.

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