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23 de junio de 2024

Arnaldo Otegi y, a su lado, el candidato de Bildu, Pello Otxandiano

Arnaldo Otegi y, a su lado, el candidato de Bildu, Pello OtxandianoEFE

Otegi pone las luces largas

Bildu asume que Sánchez no le entregará aún el País Vasco pero sí dentro de poco tiempo

La estrategia de los de Otegi pasa por tener «paciencia estratégica». De momento, tras las elecciones del 21 de abril está garantizada la reedición del pacto entre el PNV y el PSE

Bildu acaricia la idea de que Pedro Sánchez les entregue el Gobierno del País Vasco en el medio plazo, como lo hizo en diciembre con el Ayuntamiento de Pamplona. Los de Arnaldo Otegi tienen asumido que no será todavía, que no gobernarán tras las elecciones del 21 de abril, aunque ganen en votos y/o escaños al PNV. Pero cuentan con que estas elecciones activarán la cuenta atrás hacia la llegada del primer lendakari de la izquierda abertzale.

El portavoz adjunto de Bildu en el Congreso, Oskar Matute, destapó la estrategia de su partido este miércoles durante una de sus dos intervenciones en el Pleno. Fue justo en los últimos instantes de la segunda: «Nosotros afrontamos estas elecciones con una lectura, que es la de la paciencia estratégica. Si no es ahora será en la siguiente, pero será», pronosticó. De hecho, Matute aconsejó a Alberto Núñez Feijóo que siga su ejemplo y no se deje llevar por la ansiedad. Hasta ahora, Bildu había acuñado ese concepto de «paciencia estratégica» para referirse a un futuro referéndum de autodeterminación en el País Vasco, pero nunca en alusión a su llegada a la Lendakaritza.

En esa clave se enmarca la renuncia de Arnaldo Otegi y la elección de Pello Otxandiano como candidato. La suya es una apuesta a medio plazo. Mientras, Otegi seguirá manejando en la sombra los hilos de una coalición en la que siempre han mandado los duros de Sortu. De hecho, Otegi será reelegido secretario general de Bildu por cuatro años en el próximo congreso de la formación.

El hermetismo de Bildu

Bildu es un partido enormemente hermético, que ni siquiera hizo público su acuerdo de investidura con Sánchez, aquel que el líder del PP bautizó como «pacto encapuchado». Calló y siguió a lo suyo mientras los demás partidos de la mayoría Frankenstein sacaban pecho por lo mucho que habían exprimido al PSOE. Y competían por ver quién le había sacado más.

Apenas un mes después de que Sánchez fuera investido presidente, el PSN de María Chivite pactó con Bildu una moción de censura contra la alcaldesa de Pamplona, de UPN. El PP, Vox y UPN lo consideraron la primera letra de la hipoteca de Sánchez con Bildu. De las demás no se ha sabido nada. Las cartas aún están por levantar.

También este miércoles, Matute se permitió hacer un recordatorio a Sánchez: «No debe olvidar que usted es presidente del Gobierno, que María Chivite es presidenta de Navarra por nuestros votos. También por nuestros votos. Porque nuestros votos son una garantía de compromiso y de palabra para frenar al bloque reaccionario», señaló.

El portavoz adjunto de Bildu, Oskar Matute, este miércoles en el Congreso

El portavoz adjunto de Bildu, Oskar Matute, este miércoles en el CongresoEFE

El Debate reveló el pasado 19 de marzo que los socialistas habían garantizado en privado al PNV que bajo ningún concepto harán lendakari al candidato de Bildu, Otxandiano, tras las elecciones de dentro de diez días. En Madrid, tanto la vicepresidenta María Jesús Montero como el ministro Félix Bolaños hablaron con el portavoz de los nacionalistas vascos en el Congreso, Aitor Esteban, con quien mantienen una relación de confianza.

Porque, en el corto plazo, los socialistas no se pueden permitir dudar ni que los nacionalistas duden de ellos. No es el momento. El PSE gobierna en coalición con el PNV en Ajuria Enea y en varios ayuntamientos y diputaciones. A mayores, el partido de Andoni Ortuzar dispone de una bala de plata en Madrid que Arnaldo Otegi no tiene: el PNV puede pactar a izquierda y derecha (o amagar con hacerlo). En cambio, para Bildu los únicos socios posibles son la izquierda y la extrema izquierda.

El candidato socialista, Eneko Andueza, se está desgañitando en esta campaña para que no quede ninguna duda de que no pactará con Bildu. Lo repite en mítines, entrevistas y debates. Lo repite mañana, tarde y noche.

Precisamente este miércoles, el CIS publicó un barómetro en el que por primera sitúa a Bildu por delante del PNV en intención de voto, aunque no hace estimación de escaños. Los abertzales han crecido en campaña hasta situarse en una horquilla de entre el 34,2 % y el 35,1 % de intención de voto. Por el contrario, los peneuvistas retroceden hasta un porcentaje de entre el 32,6 % y el 33,5 %, perdiendo fuelle durante las semanas cruciales.

A esta encuesta se refirió Feijóo este miércoles en el Congreso. «Qué papelón ha hecho el PSOE blanqueando a Bildu», lamentó el líder de la oposición. Quien, no obstante, hizo una promesa, mirando a los escaños de Bildu: «Le aseguro que con ningún voto del PP ustedes van a gobernar las instituciones vascas», sostuvo. Tras las elecciones municipales del 28 de mayo, el PP ya cerró el paso a los de Otegi en Durango, el Ayuntamiento de Vitoria y la Junta General de Guipúzcoa.

La primera gran incógnita de estas elecciones es si Bildu dará el sorpasso al PNV. Pero la segunda es si el PNV y el PSE sumarán mayoría absoluta por sí mismos o si, por el contrario, los escaños del PP tendrán su trascendencia. Nacionalistas y socialistas ni siquiera necesitarían la mayoría absoluta para superar una hipotética investidura, porque el sistema vasco impide las mayorías de bloqueo para elegir lendakari en el Parlamento de Vitoria. No como en política nacional, donde dos de los tres últimos procesos electorales se han saldado con la repetición de los comicios. Pero una cosa es la investidura y otra, la legislatura. De ahí que, si el PSE y el PNV no suman 38 escaños, los populares vayan a ser decisivos para la gobernabilidad del País Vasco.

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