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Inauguración del monolito en homenaje a los guardias civiles, José Antonio Fernández y José Ferri

Inauguración del monolito en homenaje a los guardias civiles, José Antonio Fernández y José FerriAyuntamiento de Estella

36 años para recordar a Antonio y José, los guardias civiles que ETA asesinó en Estella

El Ayuntamiento navarro fue el primero en abrir sus puertas para instalar la capilla ardiente un guardia civil

Treinta y seis años han pasado desde aquel dramático domingo de 1988, en el que los guardias civiles Antonio Fernández y José Ferri murieron abrasados por la explosión de un coche bomba cargado con 25 kilos de explosivos y 40 de metralla al paso de su vehículo con el que se disponían a iniciar su trabajo en la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.

Treinta y seis años y este miércoles, por fin, el Ayuntamiento de Estella, en compañía de todas las instituciones navarras, inauguró un monolito en memoria de los guardias civiles que, durante tantos años (diez en el caso de Antonio Fernández) cuidaron de los estellicas.

Monolito obra del escultor Carlos Ciriza

Monolito obra del escultor Carlos CirizaCentro Memorial Víctimas del Terrorismo

Es cierto que estos dos guardias civiles ya tenían un monolito, pero se encontraba en el interior de las instalaciones del cuartel de la Guardia Civil de Estella donde habían trabajado y del que habían salido apenas unos minutos antes de ser asesinados. Pero ningún Ayuntamiento hasta este miércoles había dado el paso para que ese recuerdo a los dos héroes de Estella (José Ferri ayudó en el incendio de una discoteca producido días antes de ser asesinado) fuera público, para que cualquier ciudadano que pase por esa calle del Doctor Huarte de San Juan recuerde que, en ese mismo punto, dos personas inocentes fueron asesinadas por el mero hecho de pertenecer a la Guardia Civil.

Primera capilla ardiente

Han sido 36 años de olvido de un Ayuntamiento que, sin embargo, aquel fatídico 21 de agosto de 1988 se convirtió en pionero al ser el primer consistorio vasco o navarro que abría sus puertas para instalar la capilla ardiente de un guardia civil, dos en este caso.

«Quienes han matado a estas dos personas, han matado al mismo tiempo a los obreros, a los industriales, a los comerciantes y, en definitiva, a todo el pueblo de Estella», afirmaba la entonces alcaldesa de la localidad, Rosa López, perteneciente a la Agrupación Independiente de Estella. Y al mismo tiempo destituía al concejal de Herri Batasuna que presidía la comisión de Bienestar Social del Ayuntamiento por no condenar el asesinato de sus vecinos, de Antonio y José. «Es una contradicción que siendo incapaz de condenar este atentado sea concejal de Bienestar Social», afirmaba la alcaldesa.

Aquella decisión, la una y la otra, le valió recibir numerosas amenazas de muerte y convertirse en objetivo terrorista. Sin embargo, se mantuvo firme en su decisión y, treinta y seis años después de su gesta, ha podido ver el monolito en las calles de Estella. En cierta manera, también fue un homenaje a su heroica decisión.

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