Con un Gobierno de oposición solo cabe una oposición con ambición de Gobierno
Sánchez agita la moneda falsa de una fraudulenta «mayoría social» como si fuera la mayoría per se, a costa de poner en solfa bien la mayoría electoral, bien la mayoría parlamentaria
Alberto Núñez Feijóo se dirige a Pedro Sánchez durante el cara a cara en el Congreso
En una democracia, sea en Alemania o en Canadá, cuando un gobernante pierde la mayoría parlamentaria, se somete a una moción de confianza y, si la pierde, convoca comicios, como Olaf Scholz, o dimite directamente para que sean los votantes los que tomen la palabra, como Justin Trudeau. Empero, en la España sanchista, si ese presidente pierde su mayoría fija discontinua en las Cortes, sin disponer siquiera de mayoría electoral tras su derrota en las urnas, éste se enroca arrogándose una ficticia «mayoría social» que impide asomarse a la calle a quien vive en estado de abucheo.
Aunque las luces de Óscar López, su exjefe de gabinete y hoy ministro por el «principio de Peter», alumbren menos que un candil sin mecha, como acreditó el otro día en Onda Cero blandiendo una «mayoría social» tan falaz como la «mayoría natural» de Fraga, lo cierto es que, tras quedar en minoría arrollado por el decretazo ómnibus que lanzó como un trágala y se volvió contra él como un bumerán, Sánchez se agarra al clavo ardiendo de ese trampantojo para gobernar por encima del Parlamento. Si el lunes embestía contra la «tecnocasta», a la que antes sedujo con pasión de enamorado, apelando a que la democracia no es un euro o un tuit, sino una persona, un voto, su política bipolar le hizo virar en redondo a las 48 horas tras ser apalizado en las Cortes aparentando que menos es con el recurso a la «mayoría social» lanzado en su día por la izquierda comunista como un cóctel molotov contra la democracia representativa.
Se enroca arrogándose una ficticia «mayoría social» que impide asomarse a la calle a quien vive en estado de abucheo
De esta guisa, al quedarse en minoría, Sánchez agita la moneda falsa de una fraudulenta «mayoría social» como si fuera la mayoría per se, a costa de poner en solfa bien la mayoría electoral, bien la mayoría parlamentaria, hasta que curse como legal con el aporte de unos sindicatos verticales como CCOO y UGT, que se movilizarán este domingo contra la oposición en su afán por darle carta de naturaleza a una «mayoría social» que suplante a la mayoría expresada en papeletas. Esta contumacia con la «mayoría social», para dotarse de la legitimidad que no alcanzó en julio de 2023, aunque la legalidad de su reelección sea plena al obtener la investidura de la Cámara, aunque en condiciones que Felipe González rehusó de plano tras su «dulce derrota» ante Aznar, se hace especialmente visible desde su simulacro de marcha tras ser imputada su «consuerte» por corrupción. Después del paripé de sus cinco días de reflexión, Sánchez justificó su continuidad por la movilización de una «mayoría social» que brilló por su incomparecencia al acudir unos pocos miles de militantes y la del tambor, María Jesús Montero, a las puertas de la sede del PSOE, donde un comité federal de plañideras lloraba a un muerto bien vivo.
De hecho, en la misiva pública en la que Sánchez comunicó su retiro, no se dirigió tanto al conjunto de la ciudadanía, sino a esa parte identificada como «mayoría social», como si existiera un pueblo verdadero y otro apócrifo a ambos lados del muro que él mismo alza. Por esta vía, asienta un caudillismo en el que patrimonializa el PSOE –como hace con las instituciones– al servicio de un proyecto personal en el que el adalid de las primarias impone con su dedo a quienes han de dirigir el partido hasta convertirlo en cosa de un solo hombre que no persigue aglutinar a la mayoría, sino enfrentar a la mitad con la otra. Nada que ver con el González que abjuró del marxismo para liderar un partido de mayorías tras una exitosa Transición que ahormó una Constitución que hoy demuele Sánchez por el portillo de la traición que horada Conde-Pumpido al mando de un Tribunal Constitucional devenido en Corte de Demoliciones Constitucionales. Su ardid, en el que no tuvo empacho de manipular al Rey, supuso un punto de inflexión cuyas involutivas secuelas quedaron al aire en su debacle del miércoles ómnibus.
Si Bismarck entendía que, «con las leyes pasa como con las salchichas: es mejor no ver cómo se hacen», qué decir de un bodrio ómnibus con 101 artículos, más disposiciones adicionales, transitorias, rogatorias, 15 otras finales y 2 anexos. A modo de caja de doble-fondo de la que el mago hace aparecer lo que no ve el ojo del espectador, mientras ponía por delante el embeleco de la revalorización de las pensiones y las ayudas al transporte público, ocultaba su regalo de un palacete parisino al PNV, si bien esta vez la oposición no ha hecho el primo, tumbando el decretazo.
Al comandar un Gobierno de oposición que trata de endilgar a los demás el daño social que inflige su arrogancia, Sánchez se retrotrae a otras fases críticas del PSOE cuando éste, con la corrupción por bandera, se presentaba como víctima de la pinza PP-IU. Primero en Andalucía, en el bienio 1994-1996, al perder Chaves su mayoría absoluta y luego a nivel nacional cuando el tardofelipismo no tuvo en Anguita muleta donde apoyarse, sino estoque con el que darle la puntilla a un PSOE comatoso. Si en aquella hora oscura, el PSOE argüía que esa pinza le impedía aprobar los presupuestos poniendo en marcha el «porompompero» sindical para movilizar a aquellos sectores que no recibirían ayudas ni mejoras por el boicot de aquellos desalmados Arenas-Rejón y Aznar-Anguita, hoy Sánchez hace otro tanto al usar las pensiones para meter de matute toda su quincalla cuando puede subsanar el perjuicio ipso facto sacando la actualización del «convoluto» y votando cada norma una a una.
Feijóo debe tener claro que una cosa es ejercer de oposición y otra opositar a primer ministro con el sanchismo trucando el motor
Tras esta salida en falso dentro de una clara estrategia preelectoral, Sánchez deberá retornar a la línea de salida tras una fallida maniobra que se le habría dado por buena sin el desmarque del prófugo Puigdemont que no quiere quedarse en Waterloo esperando en vano a «Godot» Sánchez. De hecho, Sánchez ha transitado del «no nos moverán» porque el Gobierno ya ha hecho sus deberes del jueves en Valencia al «voy a buscar votos y apoyos hasta debajo de las piedras» de ayer en Tenerife, del «no y no» al «sí o sí», y tiro porque me toca como el juego de la oca. Todo sea por ganar tiempo a la espera de lo que determine el General Invierno y ver si se dan las circunstancias de hacer una convocatoria relámpago, una vez ha tomado las instituciones y ha asaltado empresas claves en este menester con un partido militarizado. Por eso, con un Gobierno haciendo oposición, sólo cabe una oposición con ambición de Gobierno. Feijóo debe tener claro que una cosa es ejercer de oposición y otra opositar a primer ministro con el sanchismo trucando el motor. Si albergaba esperanzas con PNV o Junts, que se las quite de la cabeza, al igual que de su conciliación con CCOO y UGT a los que, obedientes al Gobierno como el perro de Pávlov, tendrá enfrente para montarle algaradas preventivas.
Con Sánchez en su laberinto, Feijóo deberá tirar de oficio, pero con el arrojo de un espontáneo, para ser César o nada, como el personaje de Baroja. Fue lo que movió a un bisoño Juan Belmonte cuando saltó al tentadero donde se hallaba el novillero de postín que ya era Joselito. Al observar como Belmonte se arrimaba al eral, Joselito le previno a voz en grito: «¡Por ahí no, muchacho; que te va a coger!». Pero era tal su ansia de triunfo que hizo oídos sordos. Al cabo de un par de volteretas, logró que el novillo pasase sin rozarlo gracias a sus vuelos con el percal. Sin más, elevó la vista y le soltó: «¡Que me iba a coger ya lo sabía! ¡La gracia estaba en torearla por ahí!». En su concepción de la tauromaquia, madurada en tientas clandestinas bajo la luna llena, Belmonte no consentía terrenos propios al toro, tampoco debiera Feijóo con Sánchez entendiendo que «a Dios le encanta ayudar a quien se esfuerza por ayudarse a sí mismo»