Pedro Sánchez, María Jesús Montero y Yolanda Díaz, este miércoles en el Congreso
Sesión de control en el Congreso
Sánchez y sus ministros tratan de ocultar su nerviosismo con brocha gorda y chistes fáciles
Los socialistas se conjuraron para no mostrar debilidad, para salir al ataque como mejor forma de defensa. Pero se les fue la mano, y en su sobreactuación se les vio el cartón
«Las caras les delatan», les dijo el portavoz del PP en el Congreso, Miguel Tellado, a los diputados de la bancada socialista durante la sesión de control al Gobierno de este miércoles, que supuso la primera intervención de Pedro Sánchez en medio del tsunami de sus mensajes con José Luis Ábalos.
Los socialistas se conjuraron para no mostrar debilidad ni nerviosismo, para salir al ataque como mejor forma de defensa. Pero se les fue la mano, y en su sobreactuación se les vio el cartón. Hasta volvieron a sacar la fotografía de Alberto Núñez Feijóo con el narco Marcial Dorado, por dos veces: primero María Jesús Montero y, después, Pilar Alegría. Eso y la reforma de Génova 13, Gürtel, Púnica, los supuestos sobresueldos… no se dejaron nada.
El presidente habló a Feijóo y a Santiago Abascal con su habitual tono perdonavidas mientras, a su lado, Montero y Yolanda Díaz le reían las gracias. En el caso de la vicepresidenta primera, a mandíbula batiente. Al líder del PP le advirtió, a propósito del Congreso que el PP ha convocado para el primer fin de semana de julio: «Ándese con ojo señor Feijóo, porque uno entra Papa y sale cardenal». Al de Vox le sugirió que se presente a ese cónclave: «La batalla ideológica la ha ganado, y hasta incluso puede ganar la batalla por el liderazgo».
La vicepresidenta María Jesús Montero, carcajeándose en su escaño
Pero, por más que el presidente trató de mostrarse inmune a los mensajes publicados por El Mundo, no pudo ocultar la contrariedad que siente. Lo delató el gesto que hizo cuando Montero estaba en el uso de la palabra, en un tira y afloja con el popular Elías Bendodo. La número dos del Ejecutivo aludió a «unas publicaciones derivadas de un delito, como es la violación de la intimidad de unas conversaciones» y, a su lado, Sánchez agachó la mirada por primera vez en toda la sesión parlamentaria y asintió repetidamente.
Feijóo pidió al presidente que acabe con esto. «Váyase, convoque elecciones, algo de bochorno le va a ahorrar a los españoles», repitió en dos ocasiones, por si la primera no le había escuchado bien. Borja Sémper, también: «Disuelvan estas Cortes, convoquen elecciones, den la palabra a los españoles». Abascal llamó a Sánchez «señor de la guerra, de la corrupción y de las calamidades».
Llegaron los refuerzos para el presidente con la intervención de Félix Bolaños, que también tiró de ironía: «Señor Feijóo, he visto a su grupo aplaudirle enfervorizadamente, con mucha pasión. Cuídese que les conocemos y nos conocemos», le aconsejó. Esta vez no se unieron otros dos habituales de la gresca parlamentaria semanal, los ministros Óscar Puente y Óscar López, que no tenían preguntas de la oposición. El de Transportes está de permiso: el martes nació su tercer hijo.
Viendo la nula reacción de los socios de Sánchez en el último año ante el avance de los casos de corrupción que cercan a su Gobierno, a su familia y a su partido, era de prever que este miércoles tampoco la hubiera con los mensajes.
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, se puso de parte del Ejecutivo y alertó al presidente de la existencia de un «golpe de Estado blando» en marcha. La de Podemos, Ione Belarra, aludió a la existencia de una «guerra sucia mediática». Según Belarra, los socialistas no hicieron nada por pararlo mientras los morados lo denunciaban y ahora lo sufren en carne propia. Y Yolanda Díaz tildó de «gravísimo» la filtración de los mensajes y confió en que se depuren responsabilidades.
En eso está el Gobierno, que este martes exigió a la Justicia que abra una causa separada para investigar quién ha entregado esos mensajes a El Mundo y para qué. Si no, la Abogacía del Estado denunciará.