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Pedro Sánchez durante su entrevista en TVE, la primera en un año

Pedro Sánchez durante su entrevista en TVE, la primera en un añoEFE/ RTVE

Entrevista a Pedro Sánchez

¿La izquierda no insulta? Las pruebas de que la «polarización asimétrica» de Sánchez no existe

Durante la entrevista concedida a Pepa Bueno, el presidente sostuvo que la izquierda se distingue en su manera de proceder frente a la derecha

Este lunes, 1 de septiembre, coincidiendo con el inicio del curso político, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha concedido su primera entrevista en un año. Sin voces críticas que lo pongan en aprietos, sin cuestiones comprometidas y en un escenario controlado, Sánchez ha expuesto ante la periodista Pepa Bueno en RTVE un relato medido al detalle. Con él, retoma su papel de víctima: de una justicia implacable, de una oposición de derechas empeñada en ajustar cuentas y de una sociedad que, por razones nunca del todo explicadas, parece incapaz de entenderlo.

Durante el transcurso del encuentro, el jefe del Ejecutivo afirmó que afronta con calma los insultos que recibe en distintos espacios públicos y el rechazo que algunos ciudadanos le expresan de manera abierta. Según sus propias palabras, gestiona estas situaciones «con mucha paciencia» y subraya que la actual polarización política en España no es equilibrada, es una «polarización asimétrica», ya que él asegura no recurrir nunca al insulto, aunque sí reivindica su derecho a defender sus ideas y a cuestionar la posición de sus adversarios.

En esa misma línea, ha lanzado un mensaje al resto de partidos, instándoles a rebajar el tono del debate político. Sánchez ha pedido que se abandone el recurso al ataque personal y que, en su lugar, se refuercen los argumentos desde la convicción y la firmeza, pero siempre preservando un mínimo de respeto mutuo.

¿La izquierda no insulta?

Pero, ¿es cierta esta afirmación de Sánchez de que no hay un equilibrio en los calificativos que utilizan los políticos de un lado y de otro para referirse a sus adversarios?

El propio presidente del Gobierno, en su cara a cara con Mariano Rajoy en 2015, durante la campaña de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 (20-D), llamó al líder popular «indecente». Sánchez acusó a Rajoy de no ser una persona «decente» para seguir siendo presidente, y Rajoy reaccionó visiblemente molesto calificando la intervención de «ruin, mezquina y miserable».

Más recientemente, en el mes de julio, Sánchez llamó «xenófobo y cobarde» al presidente de la Región de Murcia, López Miras, tras unas declaraciones acerca del problema de la inmigración en España. El Partido Popular de la comunidad autónoma respondía entonces que «la única fobia que tenemos es hacia las mentiras y la corrupción de Pedro Sánchez, que ha degradado las instituciones, ha fracturado la convivencia y ha convertido la política migratoria en un absoluto fracaso».

Pero si hay un socialista que destaca sobre el resto cuando hablamos de insultar ese es Óscar Puente. El Ministro de Transportes, especialmente popular por sus polémicos tuits, cuando todavía era alcalde de Valladolid, publicó lo siguiente sobre Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid: «Conviene recordar que a esta impresentable la mantiene Ciudadanos en el poder. Antes el mando único sólo servía para imponer. Ahora reclama el mando único. Incompetente y de dudoso equilibrio mental».

El ministro también protagonizó una fuerte polémica tras llamar «saco de mierda» al periodista Vito Quiles en redes sociales, a raíz de un comentario crítico sobre el uso de su coche oficial. La expresión, que rápidamente se viralizó, provocó un gran revuelo político y mediático.

Los ejemplos demuestran que los insultos y descalificaciones no son patrimonio exclusivo de la derecha, sino una práctica recurrente en ambos bloques políticos. A pesar de que Sánchez insista en presentarse como ajeno a esa dinámica, las hemerotecas y las declaraciones recientes de varios de sus ministros evidencian lo contrario. La llamada «polarización asimétrica» que defiende el presidente se desdibuja frente a una realidad marcada por un intercambio constante de reproches, ataques y calificativos ofensivos que refuerzan el clima de confrontación en la vida pública española.

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