Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, el jueves en Ferrol
Su futuro, en entredicho
Yolanda Díaz paga las primeras consecuencias del mayor fracaso de su gestión
La vicepresidenta segunda trata de levantase, pero hay muchas dudas sobre si podrá recuperarse o está políticamente herida de muerte. A partir de ahora no será ella quien marque los tiempos
Lo de Yolanda Díaz con el independentismo catalán se ha convertido en una relación imposible. La reforma laboral dejó una herida que aún no ha sanado entre la vicepresidenta segunda y ERC, porque los republicanos votaron en contra. Y ahora la reducción de la jornada laboral ha abierto otra entre la también ministra de Trabajo y Junts incluso mayor. Puesto que, al menos, la reforma laboral salió adelante con el voto equivocado de un diputado del PP. En este caso, ningún error salvó la medida estrella de Díaz para esta legislatura.
La socia de Pedro Sánchez lleva desde el jueves por la tarde retirada en sus cuarteles gallegos. Ese día coincidió con el presidente en Ferrol, en la botadura de la fragata F-111. Díaz saludó sonriente a Sánchez como si no hubiera pasado nada; como si, un día antes, éste no hubiera optado por desentenderse de la derrota de la reducción de la jornada laboral de la manera más gráfica: yéndose al cine con su mujer cuando tenía que estar votando en su escaño.
El gesto del presidente escoció en Sumar, porque les trajo a la memoria otro. Éste se comportó igual que cuando, la pasada legislatura, el PSOE llevó al Congreso una modificación de la ley del 'solo sí es sí' de la entonces ministra Irene Montero para frenar el goteo de rebajas de condena y excarcelaciones: se quitó de en medio en la votación y se marchó a visitar el Parque Nacional de Doñana aquel 20 de abril de 2023.
Con aquella actuación tan elocuente, Sánchez hizo saber que la titular de Igualdad estaba sentenciada. En esta ocasión es distinto, porque Díaz no es una ministra de Sumar cualquiera, sino la líder del socio minoritario dentro del Ejecutivo. Y así seguirá siendo en lo que quede de legislatura. No obstante, su fracaso del miércoles ha abierto el debate sobre si la vicepresidenta segunda podrá recuperarse de ésta o si, por el contrario, está políticamente herida de muerte.
Las vicepresidentas María Jesús Montero y Yolanda Díaz, tras la votación del miércoles
La cuestión no es menor. La extrema izquierda tiene que abordar más pronto que tarde la cuestión de su reunificación o de su ruptura definitiva. Los partidos que componen Sumar saben que, si Díaz se postula para ser de nuevo la candidata, Podemos no estará dentro bajo ningún concepto. Es una cuestión personal. Cuando, en abril, Sumar celebró su asamblea refundacional, se convirtió en un partido al uso y Díaz renunció a cualquier cargo orgánico, formaciones socias como Izquierda Unida, Más Madrid, los comunes y Compromís empezaron a plantear que había que dar una pensada a que la gallega vuelva a ser la cabeza de cartel. Esta derrota no hace sino aumentar dos cosas: las dudas y el número de sus detractores.
La socia de Sánchez es consciente de la delicada situación en la que le ha dejado lo ocurrido el miércoles en el Congreso, cuando, además de perder, volcó toda su ira contra Junts. De ahí que haya intentado levantarse rápido. Un día después, el Ministerio de Trabajo abrió el trámite de consulta pública del real decreto que quiere llevar al Consejo de Ministros para modificar el registro de la jornada laboral y salvar así lo poco salvable del naufragio. Al tratarse de un decreto, con rango de reglamento, solo es necesario que lo apruebe el Gobierno, no requiere convalidación del Congreso. No obstante, por mucho que Díaz quiera correr, pasarán varias semanas hasta que pueda verlo publicado en el BOE.
No quieren tropezar de nuevo
¿Y el resto del proyecto de ley que cayó en la lona parlamentaria en el primer asalto? Lo más probable es que quede en un cajón para el resto de la legislatura. Desde el ala socialista del Gobierno dejan entrever que no tropezarán dos veces en la misma piedra; que no llevarán nuevamente la reducción de la jornada laboral al Congreso salvo que la vicepresidenta segunda les garantice de antemano que cuenta con los apoyos necesarios. Y eso no parece que vaya a pasar con Junts. En realidad, el PSOE en general, y el ministro de Economía en particular, siempre fueron partidarios de esperar. Sin embargo, a la socia minoritaria le pudieron las prisas y la presión de los sindicatos. A partir de ahora no será ella quien marque los tiempos.
Tras el fracaso del miércoles, Yolanda Díaz está volcada en su supervivencia y Pedro Sánchez y los suyos lo están en recoger los platos rotos con Junts. El partido de Carles Puigdemont es demasiado importante para la aritmética parlamentaria del Gobierno como para tenerlo enfadado. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, pretende aprobar y llevar al Congreso en las próximas semanas los objetivos de deuda y déficit para 2026 (paso previo a la presentación de los Presupuestos Generales), y sin Junts no saldrán adelante. Como no salieron el año pasado, por otra parte.
En paralelo, el partido independentista también es vital para la aprobación de la reforma de la Justicia que el ministro Félix Bolaños llevó al Congreso a mediados de mayo. En este caso, los de Puigdemont ayudaron al Ejecutivo a superar el debate de las enmiendas a la totalidad presentadas por el PP y Vox, pero en el trámite de enmiendas parciales han puesto unas condiciones leoninas a los socialistas. Entre ellas, crear una especie de tribunal supremo catalán que sea el órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes en Cataluña, lo que contraviene el artículo 123.1 de la Constitución.
Este viernes, en Orense, a Díaz le preguntaron si se ratificaba en que lo de Junts no fue una negociación, sino un «chantaje», como había asegurado un día antes. No quiso entrar ahí. Se limitó a responder: «El diálogo no es o todo o nada, sino que todas las partes ceden».