El Gobierno maquina para estirar la cortina de humo un mes más
Sánchez y los suyos han recuperado el control de la agenda política y mediática después de meses atrapados en el laberinto de la corrupción. Y van a seguir con el drama de Gaza lo que puedan
Pedro Sánchez, durante la sesión de control del miércoles
No se le movió un solo músculo de la cara. No se dejó contagiar por las risas burlonas de sus correligionarios socialistas. El miércoles, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso, Pedro Sánchez presumió de estabilidad con la misma expresión facial -ninguna- con la que después asestó uno de sus golpes bajos a Alberto Núñez Feijóo. «Gobernamos con estabilidad y gobernamos con eficacia. En estos siete años que llevo al frente del Gobierno de España ha habido siete primeros ministros en Francia, seis primeros ministros en Austria, cinco primeros ministros en el Reino Unido. Y, cuando hablamos de la política nacional, tengo el gusto de que usted es el tercer líder del PP». No le faltaba razón en esto último, en cualquier caso.
El Ejecutivo sigue empeñado en vender que lo suyo no es inestabilidad, sino «un equilibrio parlamentario dificultoso» -la Moncloa dixit- mientras continúa acumulando derrotas parlamentarias en su marcador en este recién iniciado tercer curso de la legislatura. Ora Junts, ora Podemos, ambos aprietan al Gobierno, en tanto que el resto de los miembros de la mayoría de investidura (que en paz descanse) intentan aflojarle presión. Ni un ‘ay’ han dicho ERC, Bildu, el PNV y el BNG hasta ahora, aunque Esquerra está velando armas -aseguran los republicanos- para la negociación presupuestaria imposible.
Los morados han proclamado ‘no pasarán’ y, el próximo martes, sus cuatro diputados no dejarán pasar en el Pleno la proposición de ley pactada entre socialistas y Junts para la delegación de competencias en materia de inmigración a Cataluña. Por la que los Mossos podrían participar en el control de las fronteras y la Generalitat podría decidirá sobre las devoluciones en caliente y gestionar los centros de internamiento de extranjeros.
El termómetro del martes
En realidad, esta vez Podemos hará un favor a los socialistas, aunque sea lo último que pretenden los de Ione Belarra (que están a reventarlo todo): esa delegación de competencias complicaría la vida al Gobierno y a Salvador Illa, que es hoy por hoy quien gobierna en Cataluña. La cuestión es si Junts encajará el golpe sin más o si tomará alguna represalia. La intervención de su portavoz en el debate servirá como primera toma real de temperatura después de la reunión que mantuvieron José Luis Rodríguez Zapatero y Carles Puigdemont el pasado jueves, que no pareció ir nada bien. Por cierto, el encuentro se produjo el mismo día en que el juez Leopoldo Puente denegó al anterior negociador de Sánchez, Santos Cerdán, la libertad condicional porque sigue habiendo riesgo de destrucción de pruebas.
José Luis Rodríguez Zapatero
Como ocurriera con la votación fracasada de la reducción de la jornada laboral, el presidente no estará en el hemiciclo para verlo. Esta vez no le toca sesión de cine, sino algo mucho más serio: la reunión anual de la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York. En la Moncloa creen que va a ser muy lucida para Sánchez, puesto que girará en torno a la situación de Gaza. Pese a la ausencia del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, al que el Gobierno de Donald Trump no ha concedido visado de entrada.
Países como Francia, Bélgica, Canadá, Australia, Malta o Luxemburgo aprovecharán el encuentro para formalizar su reconocimiento del Estado de Palestina, un paso que Sánchez dio en mayo de 2024. De ahí, la frase que ha venido repitiendo las últimas semanas: «Decían que estábamos solos y al final resultó que estábamos siendo los primeros».
Tampoco presidirá ese día la reunión en la que el Consejo de Ministros aprobará -a la tercera- el real decreto ley del embargo de armas a Israel y la prohibición de las importaciones procedentes de los asentamientos ilegales de colonos israelíes. La norma pondrá a prueba la capacidad y calidad legislativa del Gobierno. No obstante, en la Moncloa ya van poniendo la venda antes de la herida, por si acaba habiendo ángulos muertos (como las bases norteamericanas de Rota y Morón): «Nosotros podemos controlar lo que podemos controlar», señalan, y ponen como ejemplo el Código Penal: está para cumplirlo, pero hay quienes lo incumplen.
El PSOE, cómodo después de meses
Entre la aprobación del real decreto ley en el Consejo de Ministros y su convalidación en el Congreso pasará el mes de rigor. Nos ponemos en la segunda quincena de octubre. Durante ese tiempo, el Gobierno tiene intención de seguir estirando el drama de Gaza, con el que ha recuperado el control de la agenda política y mediática después de meses atrapado en el laberinto de la corrupción.
Los socialistas están encantados porque, además, Palestina coloca a Feijóo en una posición muy incómoda. El pasado miércoles, Sánchez retó al líder del PP a llamar «genocidio» a la ofensiva israelí y éste se negó a entrar en su marco, pero sí habló de «masacre». Desde la dirección popular insisten en que es una trampa semántica en la que no van a caer.
A los ojos del sanchismo, haga lo que haga el PP en la convalidación del decreto del embargo estará mal
A esa trampa le seguirá otra mayor: la de la convalidación del real decreto ley del embargo a Israel en el Congreso. A los ojos del sanchismo, si el PP vota en contra, Feijóo será Herodes. Si el PP se abstiene, Feijóo será un colaboracionista de Benjamín Netanyahu. Si el PP vota a favor (que no va a suceder), Feijóo tampoco estará en el lado correcto de la historia, sino que será un cínico. Todo mal.
En el PP recuerdan que el PSOE es el único partido del grupo de los socialdemócratas europeos que está hablando de «genocidio». En el PPE, al que pertenece Feijóo, no hay ninguno. El pasado jueves, el canciller alemán se reunió con Sánchez en la Moncloa. Allí, el conservador Friedrich Merz afirmó abiertamente que no comparte que lo que está ocurriendo en Gaza sea un genocidio y que Alemania tampoco está por la labor de reconocer el Estado de Palestina en este momento. Sorprendentemente, Sánchez no afeó al mandatario germano su falta de humanidad ni que se esté colocando en el lado equivocado de la historia, como sí lo hace con Feijóo. Por el contrario, el presidente español se dedicó a destacar los puntos de encuentro con el alemán, y a minimizar los de desencuentro. Todo con él es cálculo político y electoral.
De propina, Sánchez se llevó el enésimo portazo de Alemania a tragar con la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego en la UE. Pensaban en la Moncloa que, ablandando al canciller, el resto de los países que se oponen (Francia, Italia, Finlandia, Suecia, Bulgaria, Croacia…) irían detrás. Pero, extrañamente, Merz no sucumbió a la tentación de añadir tres lenguas más a las 24 que ya tiene la UE como oficiales. Están locos estos alemanes.