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La vivienda del expresidente del Gobierno donde se celebraron reuniones sobre Plus Ultra

Exclusiva

La casa de Zapatero en Aravaca albergó cinco reuniones sobre las trasferencias de Plus Ultra a Venezuela que investiga la Policía

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, utilizó su vivienda de Aravaca (Madrid) como uno de los principales escenarios para mantener contactos discretos relacionados con la operativa financiera de Plus Ultra que investiga la Policía Nacional. Los datos a los que ha tenido acceso en exclusiva El Debate acreditan que en ese inmueble, en el que el expresidente ya no reside, se celebraron varias reuniones en las que se abordaron decisiones vinculadas a los movimientos de dinero asociados al rescate público de la aerolínea venezolana. Esos encuentros se produjeron en un momento clave de la investigación y coinciden con el periodo temporal que analizan los agentes por el destino final de los fondos.

La información recabada por este periódico confirma que entre los meses de septiembre y diciembre de 2023 se celebraron cinco reuniones en esa vivienda. No se trató de encuentros aislados ni improvisados, sino de una secuencia organizada y continuada de contactos concentrada en ese intervalo temporal concreto. Ese periodo coincide plenamente con el marco que examina la investigación policial, centrada en determinar si los 53 millones de euros aprobados por el Consejo de Ministros para rescatar a Plus Ultra fueron utilizados exclusivamente para reforzar la viabilidad de la compañía o si, por el contrario, sirvieron para articular una operativa paralela de movimientos de dinero hacia Venezuela.

La investigación que dirige la Fiscalía Anticorrupción sostiene que la inyección de fondos públicos no tuvo como único objetivo sanear la situación financiera de la aerolínea. Los investigadores analizan si parte de ese dinero fue canalizado a través de sociedades y mecanismos interpuestos para atender otros fines, entre ellos transferencias internacionales, que ahora están bajo examen. En ese contexto, las reuniones celebradas en la vivienda de Aravaca adquieren un peso específico, ya que en ellas se abordaron decisiones clave relacionadas con esa arquitectura financiera.

La dinámica de los encuentros seguía siempre el mismo esquema. En primer lugar, Zapatero se reunía con Julio Martínez, el empresario posteriormente detenido, en un camino del monte de El Pardo, a las afueras de la ciudad de Madrid, en una zona sin cobertura telefónica. Allí, en un entorno totalmente aislado, se celebraban reuniones prolongadas en las que se despachaban cuestiones estratégicas y se fijaban líneas de actuación sin interferencias externas. Ese primer contacto permitía delimitar los mensajes y las decisiones que debían trasladarse a la siguiente fase.

Tras ese encuentro inicial, Julio Martínez se desplazaba para reunirse con Julio Martínez Sola, presidente de Plus Ultra, en restaurantes de La Moraleja, entre ellos el establecimiento La Máquina. En ese segundo escenario se concretaban los aspectos operativos, se afinaban los detalles y se trasladaban las directrices recibidas. Una vez concluida esa reunión, el empresario regresaba de forma inmediata a la vivienda de Zapatero en Aravaca. Ese regreso cerraba el circuito. En la casa de Aravaca, Martínez informaba al expresidente del contenido del encuentro con la aerolínea, trasladaba decisiones y ajustaba los siguientes pasos. De este modo, la cadena de decisiones quedaba articulada sin contacto directo entre Zapatero y la cúpula de Plus Ultra, actuando Martínez como intermediario permanente. Esta mecánica es la que ha llevado a los investigadores a situarlo como persona interpuesta, una figura clave para canalizar instrucciones y diluir responsabilidades.

Usaban teléfonos de prepago

En el último de esos encuentros la presión fue especialmente intensa. La secuencia a la que ha tenido acceso El Debate permite apreciar cómo, en esa ocasión, el tono y el ritmo de la reunión fueron distintos a los anteriores. Zapatero trasladó a Julio Martínez la urgencia del momento y la necesidad de cerrar decisiones sin dilaciones. Tras finalizar ese encuentro, el empresario detenido se desplazó con rapidez a la reunión con el presidente de Plus Ultra, vestido con ropa deportiva, y una vez concluida esa cita regresó de inmediato a la vivienda de Aravaca. El regreso se produjo en un estado de clara agitación y euforia, muy diferente al de jornadas anteriores, lo que evidenciaba la tensión acumulada y la trascendencia de lo tratado en esa cadena de encuentros.

Además de esas cinco reuniones en la vivienda de Aravaca, se produjo un sexto encuentro en un escenario distinto. Esa cita tuvo lugar en el restaurante Sushi 99, próximo al Paseo de la Castellana de Madrid. A esa reunión asistieron Zapatero, Julio Martínez y varias personas más. El encuentro forma parte del conjunto de contactos discretos que ahora analiza la Policía dentro de la misma secuencia de hechos.

Todo ese entramado de reuniones se apoyaba en un sistema de comunicaciones diseñado para minimizar cualquier rastro. Tal y como ha publicado El Debate, Julio Martínez utilizaba de forma simultánea varios dispositivos móviles sin conexión a la red, asociados a tarjetas de prepago, que eran sustituidos con frecuencia. Zapatero se comunicaba con él exclusivamente a través de terminales facilitados por el propio empresario, integrando así las reuniones físicas y las comunicaciones en un mismo esquema de seguridad.

Meses después de ese periodo de encuentros, y coincidiendo con una referencia relevante en un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, Zapatero vendió la vivienda de Aravaca. El expresidente se trasladó a un chalet en Las Rozas, una operación que se produjo cuando la investigación sobre Plus Ultra ya había avanzado de forma significativa. Ese cambio de residencia vino acompañado de otra decisión relevante. Coincidiendo con la mudanza, Zapatero solicitó al Ministerio del Interior un refuerzo de su dispositivo de seguridad. Según los datos conocidos por este periódico, el número de escoltas asignados al expresidente se triplicó, ampliando de manera notable el despliegue que le protegía en sus desplazamientos en un momento en el que la investigación policial seguía avanzando.

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