El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el Comité Federal
La debacle del PSOE: solo ha ganado cinco de los 23 procesos electorales que se han celebrado desde 2022
Los socialistas fueron primera fuerza en Asturias, Castilla-La Mancha, Canarias y Extremadura (en 2023) y en Cataluña
Respecto a la legislatura de 2019, en las últimas municipales (que se contarán como un proceso electoral) perdieron en torno a 400.000 votos y la alcaldía en más de 1.500 municipios
Pedro Sánchez alude de forma recurrente a una mayoría social, aunque él mismo admite que no tiene su respaldo, como evidenció al decir en junio, en aquella comparecencia en Ferraz después del escándalo de Santos Cerdán, que dejar el país en manos de una coalición de PP y Vox «sería una tremenda irresponsabilidad», descartando un adelanto de elecciones.
Lo cierto es que cada proceso electoral que se viene celebrando en España (a excepción de unos pocos) viene reflejando una pérdida progresiva de apoyos del PSOE, o bien una clara ventaja del centroderecha sobre él, y las encuestas, salvo el CIS, no auguran una recuperación, sino todo lo contrario. Como contó El Debate hace unos días, de acuerdo con la media de sondeos, el partido que lidera Pedro Sánchez estaría hoy al borde de su tercer peor resultado histórico, con el 27,6 % del voto y 109 escaños.
De los 23 procesos electorales que se han celebrado en los últimos tres años (contando las municipales como uno solo), los socialistas han salido vencedores únicamente en cinco de ellos. Si se analizan los resultados de los comicios desde 2022, ese año el PSOE perdió en Castilla y León, donde quedó en segunda posición con el 30,05 % de los votos, lo que se tradujo en 28 escaños; y en Andalucía, bastión socialista hasta 2018 (lo que ya fue un duro golpe para el partido), en la que obtuvo en torno al 24 % de los apoyos, otros 30 escaños, frente a un PP que esta vez se hizo con la mayoría absoluta.
No obstante, fue en 2023 cuando se evidenció el descalabro del partido a nivel nacional porque el 28 de mayo sufrió una clara derrota tanto en las elecciones municipales, donde, respecto a las de 2019, perdió en torno a 400.000 votos y la alcaldía de más de 1.500 municipios y dejó de ser primera fuerza en más de una quincena de capitales, como en las autonómicas.
En concreto, fueron 12 las regiones que celebraron elecciones entonces (a excepción del País Vasco, Cataluña, Castilla y León, Andalucía y Galicia), más las ciudades de Ceuta y Melilla, y el PSOE quedó en primera posición en Asturias, Castilla-La Mancha, Canarias y Extremadura. Pero solo pudo gobernar en las dos primeras. En el archipiélago –donde perdió tres escaños y más de 20.000 votos– llegaron a un acuerdo Coalición Canaria y el PP, y en Extremadura –donde sacó más votos que los populares pero empató con ellos en escaños– logró gobernar el PP gracias al apoyo de Vox. En Navarra, pese a que ganó UPN, sí pudo gobernar de nuevo gracias al apoyo de Geroa Bai y Contigo-Zureki y la abstención de Bildu.
Y respecto a la legislatura anterior, además del extremeño y el canario, el PSOE perdió también el Gobierno de Aragón, donde el PP obtuvo cinco escaños más y pudo gobernar con Vox; el de Baleares, donde los populares lograron siete diputados más que los socialistas y pudieron gobernar con el apoyo del partido de Santiago Abascal; el de la Comunidad Valenciana, en la que la ventaja del PP sobre el PSOE fue de nueve escaños, y gobernó gracias a Vox; y el de La Rioja, donde los populares se hicieron con la mayoría absoluta.
Estos resultados motivaron que al día siguiente de las elecciones Pedro Sánchez adelantara las generales al mes de julio. En ellas, si bien subió un escaño respecto a 2019, fue el PP el que se hizo con la victoria, con 137 diputados frente a los 121 del PSOE. Si pudo mantenerse en el Gobierno fue gracias a la suma de los votos de todos sus socios, cesiones mediante.
En 2024, la pérdida de apoyo en los territorios se materializó en Galicia, donde obtuvo tan solo nueve escaños (cinco menos que en las anteriores), siendo este el peor resultado de la historia del partido en la comunidad. Después llegaron las elecciones del País Vasco, donde el PNV y Bildu empataron en escaños aunque los nacionalistas fueron la lista más votada y lograron gobernar gracias al apoyo del PSOE, que subió dos escaños respecto a 2021.
En los comicios de Cataluña los socialistas sí se hicieron con la victoria y tuvieron un fuerte crecimiento, pasando de 33 a 42 diputados, pudiendo gobernar con los votos de ERC y los Comunes. Y en las europeas volvió a quedar en primera posición el PP, que sacó al PSOE una ventaja de cuatro puntos porcentuales, dos escaños y 700.000 votos. Según remarcaron entonces los populares, se trataba de la mayor derrota del PSOE en unas europeas en 25 años.
El 2025 ha terminado con un nuevo batacazo para Sánchez, con una derrota sin paliativos en Extremadura, donde perdió 10 escaños, cayendo hasta los 18 y dejando a la izquierda sin posibilidad de suma. Para la formación de Alberto Núñez Feijóo los resultados de estos procesos electorales de los últimos años dibujan «un cambio estructural del mapa político español», con su partido con amplia implantación en los territorios y un PSOE «en fase de pérdida de apoyo relativo». El año que acaba de empezar no parece que vaya a traer un cambio de tónica en las próximas citas electorales para Sánchez, al revés. Las encuestas pronostican malos resultados para el PSOE en Aragón, Castilla y León y Andalucía, y auguran una victoria del PP y un fuerte crecimiento de Vox.
Algunas voces críticas dentro del partido socialista reclamaron hace unos meses adelantar las elecciones generales, en pleno caso Cerdán y al poco de que estallara el caso Leire, temiendo que la política nacional «arrastre al PSOE en los territorios», como señaló Emiliano García-Page en su día. En estos momentos el malestar es creciente en la formación, más después del escándalo de las denuncias por presunto acoso sexual. No obstante, por el momento esa convocatoria está descartada, toda vez que Sánchez y su Gobierno se han manifestado dispuestos a agotar la legislatura, con presupuestos o sin ellos.