El actor en un momento de su entrevista con Joe Rogan
«No puedes comprar nada de eso»: el alegato profamilia del actor de Hollywood Ethan Hawke
El conocido intérprete ha dejado uno de los mensajes más sorprendentes y profamilia del Hollywood reciente en una charla con el podcaster Joe Rogan.
En un contexto social que parece medir la felicidad familiar en función de las estancias en resorts, parques temáticos y viajes instagrameables, el conocido actor de Hollywood Ethan Hawke ha puesto sobre la mesa el argumento exactamente contrario.
El intérprete de películas tan conocidas como El club de los poetas muertos, Viven, Colmillo blanco o Los siete magníficos, padre de cuatro hijos, ha confesado en el podcast The Joe Rogan Experience que la familia aporta una felicidad que el dinero «no puede comprar».
«Unas vacaciones caras con mis hijos no son mejores que unas vacaciones cualquiera con mis hijos», aseguraba Hawke a Joe Rogan en un momento en que ambos conversaban sobre el éxito en la vida.
La frase, sencilla y casi de sentido común, ha corrido como la pólvora en redes porque choca frontalmente con la lógica de trabajar más para «darles lo mejor»... aunque eso signifique verles menos.
«Nada de eso se puede comprar»
Hawke explica que la clave no es el modo de disfrutar, sino la posibilidad de hacerlo en familia. Y, de hecho, lo extiende también al matrimonio: la calidad de la unión no se mide por el precio de la escapada romántica.
«Puedes gastar una fortuna en un fin de semana romántico», reconoce, pero «no es tan grande como quedarte atrapado con tu mujer en un coche durante una ventisca, escuchar un gran disco y reír juntos». Y «nada de eso –remata– se puede comprar», aunque la sociedad viva como si fuera posible.
Contra la ilusión de que todo se compra
En la misma conversación, Hawke y Rogan critican un sistema que identifica éxito con cifras: más dinero, más estatus, más experiencias de lujo.
«Hay una sensación de que podrías comprarla», admite el actor, refiriéndose a la felicidad. Pero, cuanto más se persigue esa lógica, más presión, más miedo a perderlo todo… y menos felicidad en el hogar.
Un alegato profamilia con el que el conocido actor recuerda que el verdadero lujo de una familia no está en cuántas experiencias espectaculares se pueden vivir, sino en el tiempo que se regala mutuamente.