María Jesús Montero
El perfil
Montero, el arma de destrucción masiva del PSOE andaluz
Lo da absolutamente todo hasta la inmolación, se creé el fénix de la familia socialista. Ha llegado a comprar con sus hechos la letanía de que España roba a los catalanes, lo que no deja de ser un suicidio asistido
María Jesús Montero Cuadrado (Sevilla, cumplirá 60 años en dos semanas) es una mina para el sarcasmo andaluz. «To pa mí» es la chirigota que hace furor en el concurso oficial de los carnavales. Sabedora de que hacerse la ofendida no le hubiera beneficiado, «la diva fiscal» ha celebrado la interpretación. Al Teatro Falla no subió una réplica de María Jesús, ni dos, ni tres. Hasta doce vestidas de rojo y con su característico pelo rizado castaño lo hicieron para cantar con mucho salero: «Vine a Cádiz de pequeña, tenía ganas de volver (…). Siempre he sido una diva fiscal, mis amigas de niña lo pueden confirmar (…). Cobro el IVA a la gente rigurosa, supuestamente sirve para comprar muchas cosas (…). Voy detrás de toda la gente morosa que a la Hacienda no paga, tú no te vayas a hacer el remolón (…). Mejor que no le lleves la contraria a la Agencia Tributaria».
No ha salido muy mal parada la vicepresidenta primera de Sánchez. Comparada esa letra con sus números en las encuestas, Montero puede estar agradecida. El CIS andaluz prevé un desplome del socialismo regional sin precedentes. El PSOE de la ministra de Hacienda obtendría el 21,4 por ciento de los votos, unos cinco escaños menos que el paupérrimo que cosechó su antecesor Juan Espadas. Y la peor noticia para la sevillana es que Vox le pisa los talones y no es descartable que consiga el sorpaso, lo que complicaría también la mayoría absoluta del presidente popular Juanma Moreno.
La ministra, que lo es los lunes, y la candidata andaluza, que lo es los martes, es un desenfreno político. Miente más que habla, es imposible entender nada de lo que dice, danza en la hoguera sanchista con fruición, pone sus manos en el fuego, vuelta y vuelta, hasta achicharrarlas (por Ábalos, por Salazar, por el presidente de la SEPI, por su jefe de gabinete). Le falta taconear sobre las brasas. Nos intenta convencer de que Oriol Junqueras es un patriota español y los extremeños, asturianos y castellano-manchegos, entre otros, unos desagradecidos con la generosidad del Gobierno socialista, ese que lleva tres ejercicios sin aprobar unos presupuestos. Y ella mano sobre mano sin hacer su principal deber: cuadrar las cuentas públicas.
Montero lo da absolutamente todo hasta la inmolación, se cree el fénix de la familia socialista. Ha llegado a comprar con sus hechos la letanía de que España roba a los catalanes, lo que no deja de ser un suicidio asistido para sus expectativas en la tierra que la vio nacer y desarrollarse como política. Para demostrar la traición al ideario socialdemócrata que ha supuesto la firma de la «ordinalidad» para los catalanes (que quien más dé, más reciba), tan solo hay que rescatar lo que Montero decía cuando era consejera de Hacienda en el Palacio de San Telmo.
Ella es su principal enmienda a la totalidad: el 30 de mayo de 2018 se negó a aplicar una quita a la deuda andaluza (que ahora propone para tapar la de Cataluña) y aseguró que «Andalucía está infrafinanciada. Si Andalucía hubiera recibido los recursos que han recibido la media del resto de España, nuestra riqueza hubiera crecido 6,2 puntos. Exigimos desde aquí que Rajoy cumpla con las inversiones en esta tierra».
María Jesús Montero, vicepresidenta del Gobierno y ministra de Hacienda
Justo lo contrario de lo que hoy defiende. O lo que pregonaba hace solo año y medio, el 15 de julio de 2024: «Mientras haya un socialista en La Moncloa, nunca habrá privilegios de un territorio sobre otro». Hasta que exactamente 26 días después, el 10 de agosto de 2024, dio la vuelta a la tortilla: «El PSOE avala ese acuerdo con ERC».
Su lengua corre tan deprisa que su raciocinio no le alcanza. Y hasta se atrevió hace unos días a exigir pedagogía para entenderla. Un oxímoron en su boca. Su penúltimo disgusto ha sido conocer que el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, al que la Fiscalía del Supremo ha archivado una denuncia del PSOE por acoso sexual, le va a interponer una querella por afirmar que era «un alcalde condenado».
No es la primera vez que difama, que algo queda: cómo olvidar cuando, desde su escaño, acusó a la mujer de Núñez Feijóo de haber conseguido para su empresa una ayuda de la Xunta, noticia falsa que fue desmentida por el medio que la publicó.
Es la misma imprudente socialista que ha afrontado una denuncia por haber revelado información secreta fiscal del procedimiento contra Alberto González Amador, pareja de Díaz Ayuso, cuyos datos adelantó cuatro horas antes de que los medios lo publicaran por primera vez. Su dedo intimidatorio desde el escaño azul es hoy el faro amenazante de la Agencia Tributaria contra todo quisque que ose criticar al Gobierno. Con mucho aparato de gestos y gritos, María Jesús Montero propaga acusaciones sin pruebas, sin datos. La máquina del fango. Esta sí.
Salvo unos pocos años en los que fue gestora sanitaria de dos hospitales andaluces, toda su carrera ha sido política. Ha vivido y vive del erario que hoy gestiona como ministra de Hacienda, como ya hizo con el presupuesto andaluz. Antes, formó parte como consejera de Sanidad primero del Gobierno de Manuel Chaves y luego de José Antonio Griñán, exactamente el tiempo en el que se perpetró el caso de corrupción más importante de la historia democrática de España: los ERE.
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
La izquierda en Andalucía conoce bien sus contradicciones: ha denunciado que durante su etapa de titular de Sanidad aprobó un decreto (197/2007) en el que se impulsaba que los médicos recibieran dinero a cambio de ahorrar en los costes. Esa misma izquierda recuerda que fue ella la que dirigió grandes recortes en los servicios públicos -16.000 millones.
Licenciada en Medicina por la Universidad de Sevilla y antigua militante de las juventudes comunistas, conoció a su exmarido, el sindicalista de Comisiones Obreras Rafael Ibáñez Reche, en su época de estudiante. Con él ha tenido dos hijas, pero su matrimonio acabó hace unos años. Montero es presa fácil de la chanza porque trata a sus interlocutores con una familiaridad cercana a la chabacanería, que no se compadece con su papel institucional.
Bien sea a rivales políticos, a sindicalistas o a periodistas, a todos los apela «chiqui». Allí donde hay que botar en una manifestación está la ministra. Bien sea el 8 de marzo feminista, de la mano de Begoña Gómez, el 1 de mayo acompañando a los sindicalistas liberados, o gritando «Pedro no te vayas» a las puertas del partido, durante el paripé de cinco días de su líder carismático.
En nombre de la igualdad de todos acaba de dar los primeros pasos para romper la caja única y abrir la puerta a una Hacienda catalana, tal y como ha pedido ERC en plena pugna con Puigdemont por exprimir al Estado. A ver cómo les explica eso a sus paisanos la andaluza Montero, o cómo les vende sin sonrojarse la ley de amnistía, de la que es fan número uno.
En el PP no se creen que termine siendo la candidata andaluza. A no ser que Pedro, en homenaje a Maquiavelo, quiera matar dos pájaros (o pájaras, y no va por Margarita Robles) de un tiro: la elimina del Gobierno y la envía a incinerarse -si es que queda algún centímetro de su anatomía intacto- a la tierra de donde, sostiene algún compañero de bancada, no debió salir.