Acudir a La Moncloa a participar en otro engaño
Un Gobierno aliado con secesionistas y herederos de ETA es incompatible con cualquier acuerdo de naturaleza nacional
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, en una reunión en La Moncloa en marzo de 2025
Aun a riesgo de cometer la pifia de aquel cronista que informó a sus lectores de un concierto de piano que dio por celebrado cuando se había suspendido por la súbita enfermedad del solista con la gente a las puertas de la sala, la cita que estaba prevista para este lunes entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el jefe de la Oposición, Alberto Núñez Feijóo, en La Moncloa no estaba llamada precisamente a mover a sorpresa alguna. La cita no ha tenido lugar finalmente por la tragedia del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), que ha obligado a Sánchez a suspender su agenda, después de que se lo pidiera Feijóo. Es más, quizá quepa colegir lo que aquel otro crítico teatral neoyorquino que, en protesta por el debut de una obra que entendía que era indigna de figurar en la gran cartelera del mundo, limitó su referencia periodística a este ejercicio de conceptismo: «Anoche se estrenó la comedia... ¿Por qué?».
Ambos dirigentes lo sabían y no se entiende qué sentido tiene escenificar este ceremonial de la confusión en una encrucijada en la que la oposición debe tener la determinación de poner freno a la degradación institucional y al menoscabo de la democracia que practica –casi a calzón quitado– el inquilino de La Moncloa. A estas entrevistas, se llega con los deberes hechos previamente para suscribir los acuerdos que merezca la pena, si hay voluntad real para de ello, como opera Sánchez en sus claudicaciones con sus socios, pero no se va en barbecho para ganar tiempo que es lo que éste pretende con un Feijóo que ya debiera estar escaldado de paripés de este jaez.
Sin duda, habría más de lo mismo –o sea, nada– como ha venido aconteciendo hasta ahora y en clara consonancia con quien derruye el orden constitucional a medida que agudiza su debilidad tras sostenerse en La Moncloa sin ganar las elecciones. En esa tesitura, Sánchez mareaba la perdiz con esta convocatoria postiza consciente de que se sitúa al borde de lo irreversible electoralmente –basta leer la encuesta de ayer domingo de El Debate– en el arranque de un nuevo ciclo de urnas que vaticina el naufragio socialista junto a sus socios Frankenstein con la excepción de Bildu a costa del PNV.
Si Sánchez no ha hecho otra cosa que tender trampas al jefe de la oposición, su apremiante necesidad le arrastra a intentar tapar la metamorfosis que está obrando Cándido Conde-Pumpido desde el Tribunal Constitucional, así como la colonización de instituciones que ya no obedecen a la naturaleza para la que fueran instauradas sino para preservar la impunidad presidencial. A este respecto, Sánchez fija el foco de la una calidoscópica agenda internacional para apartar la mirada de la opinión pública de su golpe blando contra la legalidad siguiendo las pautas de cocción del «procés» catalán. Tras indultos y amnistías a los golpistas para ser presidente, esta oruga procesionaria se extiende a toda España para desbaratar una de las naciones más antiguas del mundo.
Esta percepción se percibe cuando se utiliza como excusa del encuentro la negociación del posible envío de tropas españolas para supervisar un eventual alto el fuego que no se vislumbra ni de lejos entre Rusia y la invadida Ucrania cuando la cuestión clave es la seguridad nacional de España puesta en riesgo por quien cambia a su gusto y antojo –como el que juega al «monopoly»– los basamentos de la misma aventurando el porvenir ciudadano. Todo ello sin visarlo el Parlamento ni conocimiento del Consejo de ministros para evitar los plantes de sus cuates de Sumar.
Ni que decir tiene que a Sánchez no le preocupa tanto Ucrania como enredar al PP y enfrentarlo a Vox, aunque esta estrategia se le esté yendo de las manos como sucedió a los hoy casi extintos socialistas franceses tras apostar Mitterrand a aprendiz de brujo con Le Pen padre para eternizarse en El Eliseo. Es obvio que el PP, como el resto del Grupo Popular europeo, estará a lo que sea menester con respecto a Ucrania, donde Europa se juega su libertad y bienestar, mientras Sánchez sigue cuestionando la contribución española al presupuesto de la OTAN con su política gamberra para ver si así provoca a Donald Trump y éste lo entroniza como diosecillo de la escena internacional.
Sánchez trabaja por la destrucción del Estado junto con sus socios comunistas y separatistas
Bajo esa premisa, sacar ahora a colación la extemporaneidad de la hipotética intervención en la frontera entre Ucrania y Rusia cuando sería resoluble sobre la marcha es lo que, en rugby, se denomina «patada a seguir». Se trata de aplicar ese movimiento por el que un jugador con el balón en sus manos resuelve, ante la posibilidad de ser agarrado por la defensa contraria, sacudir un fuerte puntapié a ras de césped para que la pelota con forma de melón se vuelva loca dando tumbos inesperados que dé un giro imprevisto al lance.
Conociendo a Sánchez, esto es lo único que anima a quien, trabajando por la destrucción del Estado junto con sus socios comunistas y separatistas, difícilmente concibe una política digna de generosidad y empeño comunes. ¿Es que acaso cabe prever alguna rectificación en quien acomete una política unipersonal como si encabezara una autocracia con Marruecos, Oriente Medio, EEUU, Latinoamérica, Rusia o China? Al contrario, antes de que Feijóo tuviera que abandonar hoy La Moncloa, Sánchez seguirá con su deriva, de paso que sepulta en reproches al samaritano Feijóo.
En política, ser engañado no es excusa, sobre todo cuando se incurre con reiteración compareciendo a estos cónclaves sin finalidad y sin propósito para el interés general de la nación, salvo para quien los impulsa para tomar aire a fin de recuperar la iniciativa cuando todo amenaza ruina anublándose su horizonte político y penal. No querer ver las cosas como son equivale a no enterarse de ellas. De ahí que carezca de fuste el argumento de Feijóo de que, cuando te llama el presidente del Gobierno, se debe acudir siempre –claro– con un según y un cómo.
Por eso, parafraseando a Juan Ramón Jiménez sobre «la transparencia, dios, la transparencia», habría que subrayar «la institucionalidad, dios, la institucionalidad» frente a quien se aprovecha de las libertades constitucionales con el propósito de destruirlas abonando su despotismo sin ilustrar. Por desgracia, hasta que llegue el hipotético alto el fuego que justifique el envío de tropas a Ucrania, Sánchez ya habrá dejado hecho un erial el armazón legal español, habrá roto la igualdad entre sus habitantes mediante cupos y habrá fragmentado su integridad territorial desarbolando la convivencia cívica tras erigir un muro en el que se ha parapeta junto a socios que se conducen como compinches.
Un Gobierno aliado con secesionistas y herederos de ETA es incompatible con cualquier acuerdo de naturaleza nacional
No en vano, un Gobierno aliado con secesionistas y herederos de ETA es incompatible con cualquier acuerdo de naturaleza nacional, por lo que quien ganó las últimas elecciones y es la alternativa de gobierno debiera haber sido más exigente antes de responder a vuelta de correo a esta tramposa invitación. Sánchez lo hizo en pandemia y lo redobla hoy en su acelerada fuga del Estado de Derecho y de la legalidad.
«Quien no respeta las instituciones, no lo hace a España», le ha respondido Feijóo a las recriminaciones del líder de Vox, Santiago Abascal, para defender su decisión de estar este lunes a La Moncloa. Para ello, ha hablado de «respeto a la presidencia del Gobierno», pero éste debe ser de recíproco y Sánchez no se ha ganado el de Feijóo y el de sus electores, por lo que el líder del PP se engaña conociendo de primera mano al Percal de La Moncloa.
Mucho más cuando esta España «infundibuliforme», en forma de embudo, es saqueada con una financiación autonómica de doble fondo y ganzúa de «ordinalitat», la máxima instancia judicial –El Tribunal Supremo– es achatarrado por el Tribunal Constitucional que anula sus sentencias arrogándose unas atribuciones que no le corresponden, o Sánchez se apropia de un fondo buitre dizque soberano para adueñarse partidistamente de las empresas y alimentar a los reptiles que reciben los favores del gobierno a cambio de defenderlo como parte del bunker de La Moncloa.
En esas circunstancias, la presencia que estaba prevista para hoy de Feijóo en La Moncloa podría haber servido para poco más que para una representación de fuera de cartel en el que preguntarse «¿Por qué?» como aquel iracundo crítico de Broadway que miraba por el prestigio del Gran Teatro del Mundo.