Tragedia en Córdoba
Mal estado de las vías y reducir la velocidad: los avisos que los maquinistas llevaban meses realizando
Cuando sucede una tragedia como la ocurrida este domingo en Adamuz (Córdoba), donde hasta el momento se ha confirmado el fallecimiento de 39 personas, más decenas de ellos en estado crítico en los hospitales, siempre se buscan hechos en el pasado que hubiesen podido ayudar a prevenir lo sucedido.
En este caso no es una excepción. En varias ocasiones durante el año pasado, los sindicatos mayoritarios de maquinistas solicitaron formalmente una reducción de la velocidad máxima permitida en varias líneas de alta velocidad del AVE y también advirtieron del mal estado de las vías. Tal como avisó El Debate el pasado mes de septiembre, «los propios trabajadores de Renfe y Adif señalan un mantenimiento deficiente, con limitaciones de velocidad que se prolongan durante años por falta de intervención. Mientras tanto, los fondos se han concentrado en nuevas líneas de alta velocidad, dejando a la red convencional en segundo plano».
Unos meses antes, en junio, un descarrilamiento de un tren que afectó a unos 25.000 pasajeros –aunque sin lamentar víctimas mortales–, ya situó la voz de alarma en el deficiente estado de la infraestructura ferroviaria. «Muchas veces he ido a arrancar una unidad y me he encontrado que alguno de los sistemas de seguridad no estaba operativo o no era correcto. Entonces te toca ir corriendo a arreglarlo y, en última instancia, cambiar la unidad. Con las prisas, vienen las meteduras de pata», relató entonces un maquinista.
Los 20 fallos en la vía de Adamuz en los últimos años
Concretamente, y desde 2022, Adif ha registrad 20 incidencias en la infraestructura de Adamuz. La primera fue el 15 de marzo de 2022, cuando una incidencia en la catenaria entre Alcolea de Córdoba y Adamuz provocó retrasos en los trenes de alta velocidad. Desde entonces se han sucedido más averías, incidencias o condiciones meteorológicas adversas que han interrumpido la circulación.
Antes del accidente de este domingo, el último problema notificado ocurrió hace menos de un mes, el 23 de diciembre del año pasado, cuando una avería en uno de los desvíos entre Adamuz y Córdoba provocó retrasos en los trenes de alta velocidad.
Además de los problemas en las vías, el plan del ministro de Transportes, Óscar Puente, de elevar paulatinamente la velocidad –contemplando llegar a los 350 kilómetros por hora en la línea Madrid-Barcelona– también se encuentra en el punto de mira. Hace un par de meses, fuentes del sindicato de maquinistas Semaf avisaron que, a día de hoy, la red no permite circular a esa velocidad y alertaron de «aceleraciones verticales por pequeños baches» en varios tramos que generan vibraciones continuas que «dañan los trenes», y sostienen que para operar a 350 kilómetros por hora sería necesario renovar «absolutamente toda la vía» y no solo las traviesas.
El propio Óscar Puente ya alertó el pasado septiembre que las incidencias en los trenes iban a ser «una constante» en estos dos próximos años. «Me temo que en los próximos años vamos a encontrarnos en las dos partes de la curva, con un material nuevo que algún problema dará y con un material en sus últimos años de vida», avisó entonces. Sin embargo, este domingo, el ministro aseguró que la vía estaba renovada y no había problemas aparentes. «Raro, muy raro, es muy difícil de explicar», afirmó Puente.
Imagen de varios pasajeros en un vagón de uno de los trenes siniestrados en Adamuz (Córdoba)
Ciertamente, el Iryo 6189 descarrilado sí había pasado una revisión los últimos días, concretamente el jueves de la pasada semana. Respecto a la velocidad a la que iba, el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, ha descartado, en una entrevista en RNE, que el accidente haya sido por un fallo humano y señala a «alguna cuestión del material móvil de Iryo o de la infraestructura». «Estaban ya en la curva de frenado, uno a 205 kilómetros/hora y otro a 210 kilómetros/hora. Es un tramo de 250 kilómetros/hora. El propio sistema impide superar esa velocidad», precisó.
Aunque todavía faltan muchas incógnitas por resolver en este accidente, lo que sí está claro es que los maquinistas llevaban meses avisando de que algo así podría suceder, y que el caos ferroviario vivido en los últimos meses en España, con trenes parados y pasajeros atrapados, ha sumado un nuevo y triste capítulo.
La compañía ferroviaria Iryo ha habilitado un teléfono, el 900 001 402, para atender a los afectados por el accidente