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Quico Tomás y Valiente, en el 30 aniversario del asesinato de su padre a manos de ETA

Quico Tomás y Valiente, en el 30 aniversario del asesinato de su padre a manos de ETAEFE

30 años después del asesinato de Tomás y Valiente, su hijo denuncia una memoria democrática «selectiva» con ETA

Quico Tomás y Valiente considera «indigno» que EH Bildu dé lecciones de memoria democrática

Treinta años después del asesinato de Francisco Tomás y Valiente, su figura sigue interpelando al presente político español, no solo por lo que representó como jurista, historiador y presidente del Tribunal Constitucional, sino por lo que su muerte a manos de ETA simboliza hoy en el debate sobre la memoria democrática. Así lo sostiene su hijo, Quico Tomás y Valiente, que en el aniversario del atentado, en una entrevista con la agencia Efe, denuncia que el Gobierno mantiene una memoria «parcial y selectiva» en la que el terrorismo etarra resulta incómodo por pura conveniencia política.

El 14 de febrero de 1996, Tomás y Valiente fue asesinado a tiros en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid por el etarra Jon Bienzobas, Karaka. Aquel crimen marcó un punto de inflexión cívico con el surgimiento del movimiento de las manos blancas, pero, tres décadas después, su hijo sostiene que ese pasado fundamental se diluye deliberadamente. «La existencia de ETA como banda terrorista, que es esencial para entender la historia de este país, parece haber desaparecido del relato oficial porque incomoda al Gobierno», lamenta.

Quico Tomás y Valiente considera «indigno» que EH Bildu dé lecciones de memoria democrática cuando, recuerda, algunos de sus dirigentes se han reunido con miembros de la cúpula de ETA. Una cúpula que, subraya, no sería ajena a los asesinatos de su padre y de otras víctimas emblemáticas como Fernando Múgica, Gregorio Ordóñez o José María Lacalle. A su juicio, el Ejecutivo ha asumido una memoria democrática condicionada por su dependencia parlamentaria de Bildu y, en menor medida, del PNV.

Pese a estas críticas, el hijo del jurista subraya que hay una realidad incuestionable que debería ocupar un lugar central en cualquier política de memoria, que es la derrota del terrorismo. «La victoria de la democracia se ha consolidado y el terrorismo ha desaparecido», afirma. El hecho mismo de que el entorno político de ETA opere hoy dentro del sistema democrático es, en sí mismo, una prueba del éxito del Estado de Derecho frente a la violencia.

Esa preocupación conecta directamente con la figura de su padre, a quien describe como un hombre profundamente comprometido con los principios éticos, con una fuerte vocación pedagógica y una fe sólida en la capacidad de los ciudadanos para pensar por sí mismos. «Conocía la importancia de la memoria para construir una moral cívica», recuerda. Precisamente por eso, añade, le habría disgustado profundamente el actual «oportunismo político» que, a su juicio, se desprende de los pactos con Bildu para garantizar la estabilidad del Gobierno.

En el plano personal, Quico Tomás y Valiente rehúye el discurso del odio o la venganza y considera el perdón una cuestión íntima y no siente necesidad de concederlo. «El asesino de mi padre era el tonto al que mandaron a pegar tres tiros», afirma con frialdad. Defiende que se respeten sus derechos como los de cualquier ciudadano, pero sin otorgarle un papel moral que no merece. «No estoy en el odio ni en la venganza. Simplemente, no le considero».

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