Dos agentes de la Guardia Civil custodian este viernes la entrada de la vivienda donde ocurrió el crimen en el municipio tinerfeño de Arona
«¡Papá, deja a mamá!», la última petición del niño asesinado por su padre en Arona (Tenerife)
Con sólo 10 años logró salvar la vida a su madre que está muy grave en el hospital
Sobre la una de la madrugada, los vecinos del portal 2 del paseo Santa Eulalia, en el municipio de Arona empezaron a escuchar la voz de una mujer suplicando ayuda. La que gritaba era Almudena, de tan solo 26 años. Muchos de los hombres del edificio corrieron hasta la puerta de domicilio para ver qué pasaba e intentar socorrerla.
La puerta del domicilio estaba abierta, pero al interior no se podía acceder porque lo imposibilitaba una reja. Estaba cerrada e impedía el paso, pero permitía hacerse una idea de lo que estaba ocurriendo dentro. Lo primero que vieron fue a Almudena sangrando abundantemente por los brazos, probablemente con cortes defensivos cuando su agresor, su pareja, de 35 años, trataba de apuñalarla.
En la mano derecha blandía un machete de unos 60 centímetros de hoja. Los vecinos le ordenaron que pararán, le gritaron que lo dejara, pero el asesino estaba desaforado, con un nivel de violencia difícil de comprender. En ese contexto, el hijo de ambos, de solo diez añitos, salió de una habitación y trató de socorrer a su madre.
Apuñaló con saña a su hijo de diez años
«Papá, por favor, deja a mamá», le suplicó sin arremeter contra él ni enfrentarse físicamente. Le estaba implorando. Lo repitió una segunda vez y ya no pudo hacer más. Su padre le clavó el machete en la frente. Lo tiró al suelo y lo apuñaló con saña. Los vecinos, impactados, lo presenciaron todo. El asesino, que parecía estar disfrutando para responder a sus gritos les tiró sangre.
La distracción hizo que la mujer pudiera refugiarse y él no la siguiera apuñalando. En ese momento llegó la Guardia Civil que, con la ayuda de los vecinos, reventó la cancela. El agresor, al verlo arremetió contra ellos que no tenían espació para sacar sus armas. Hirió a un vecino en el dedo y a un agente en el hombro. Todos corrieron escaleras abajo y salieron a la calle. Cuando el asesino apareció detrás de ellos, los agentes dispararon tres veces y lo abatieron.
«Estaba fuera de sí, como poseído por el diablo», comentaban los vecinos. «Yo creo que consumía la droga caníbal», comenzó a rumorearse entre los allí presentes. El varón, natural de Santa Cruz de Tenerife, llevaba viviendo en Arona diez años junto a su pareja y madre del niño. El ayuntamiento, de donde es la familia, decretó dos días de luto oficial en el municipio como muestra de dolor, respeto y solidaridad.