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Castilla y León decide en qué «lado de la historia» coloca al PSOE de Sánchez

El presidente pone a prueba la efectividad de su «no a la guerra» en una tierra en la que la máxima aspiración de los socialistas después de 39 años no es gobernar, sino ser la primera fuerza. Y es mucho pedir

Madrid

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, el viernes en Valladolid

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, el viernes en ValladolidEFE

Castilla y León no estaba acostumbrada a tener el foco electoral apuntándola solo a ella hasta que, a finales de 2021, Alfonso Fernández Mañueco rompió el Gobierno de coalición que lo unía a Ciudadanos, acusando al partido de «deslealtad». Así pues, en febrero de 2022 la Comunidad fue en solitario a las urnas por primera vez, y, tras una legislatura en la que el PP gobernó con Vox la primera parte y en solitario la segunda, este domingo vuelve a votar.

Las terceras elecciones autonómicas en tres meses, después de las de Extremadura y Aragón, tienen un borrador de guion ya escrito. Según todos los sondeos, después de 39 años de gobiernos populares no se atisba opción de cambio por ningún rincón, ni tampoco otro pacto posible que no sea el de Mañueco con Vox. Ni mezclando a Unión del Pueblo Leonés, con Soria ya y con Por Ávila.

Todo apunta a que la derecha obtendrá una victoria amplia, la tercera desde finales de diciembre, que hará soplar con más fuerza los vientos del final del sanchismo. O eso dirán al menos en Génova y Bambú, sedes del PP y de Vox. En Extremadura, la izquierda se despeñó el 21 de diciembre y sirvió a la derecha un triunfo histórico del 60 % de porcentaje de voto, en el que otrora fue feudo inexpugnable del PSOE. En Aragón sumaron más de un 52 % el 15 de febrero, con los de Santiago Abascal rozando el 18 % de los apoyos. En Castilla y León vienen de un 49 % en 2022, que todas las encuestas dan por hecho que se amplificará este domingo. Por primera vez, Vox puede romper la barrera del 20 %. Y aún quedará Andalucía en junio, el trago más amargo de todos cuantos contiene este cáliz autonómico para los socialistas.

Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Fernández Mañueco, en el cierre de campaña

Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Fernández Mañueco, en el cierre de campañaDavid Mudarra/ PP

El PSOE lleva meses alimentando la expectativa de que Carlos Martínez tiene opciones de ganar a Mañueco en porcentaje de voto, más aún en la recta final. De hecho, el candidato socialista ha ofrecido insistentemente al popular que ambos se comprometan a permitir que gobierne la lista más votada; aun a costa de contradecir la estrategia socialista en Extremadura y Aragón. Esto es, dejar que el PP tenga que arreglárselas con Vox, y cuanto más difícil se lo pongan los de Abascal, mejor.

Sin embargo, esas mismas encuestas no han pronosticado en ningún momento que el PSOE pueda salir ganador de este lance. La única duda es si Martínez conservará los 28 escaños que logró en 2022 Luis Tudanca -ajusticiado por Ferraz a comienzos de 2025, después de intentar adelantar su Congreso regional para blindarse- o si cae algún escaño. En cualquier caso, la continuidad del también alcalde de Soria no parece en cuestión porque acaba de llegar, salvo hecatombe.

Los socialistas se conforman con quedarse como están, y ya tienen el discurso preparado: dirán, o dirían en caso de que ocurra, que han resistido al ascenso de la derecha y que empieza la movilización de la izquierda, la supuesta remontada. Ello tras una campaña atravesada por el «no a la guerra» de Pedro Sánchez, que no parece que vaya a ser el bálsamo de fierabrás para el abstencionismo de las bases socialistas.

Santiago Abascal y Carlos Pollán, en el cierre de campaña

Santiago Abascal y Carlos Pollán, en el cierre de campañaVox

No obstante, hay que esperar al resultado para comprobarlo, he ahí una de las incógnitas de la noche. Entonces se sabrá en qué «lado de la historia» coloca Castilla y León al PSOE de Sánchez, parafraseando al propio presidente. Éste se ha paseado por la campaña de Castilla y León coreando el «no a la guerra» de Donald Trump y Benjamin Netanyahu de la misma forma que, en la campaña de Aragón, se paseó con un «sí a la guerra»; pero a la guerra contra los tecnoligarcas, contra Elon Musk y compañía.

Si ni siquiera ese eslogan de enorme poder evocador en la izquierda les funciona a los socialistas, en plenos bombardeos y con los precios de los carburantes subiendo, significará que la enfermedad del PSOE es más grave de lo que ya de por sí parecía. Aunque muy probablemente Sánchez seguirá actuando como si no pasara nada, como si él solo fuese capaz de remontar todo el voto perdido en las elecciones generales, cuya convocatoria estirará hasta donde pueda: nada de adelanto, como contó El Debate el 8 de marzo.

Ya lo dijo después de que la exportavoz de su Gobierno, Pilar Alegría, llevara al PSOE de Aragón a igualar el peor resultado de su historia, con 18 escaños: «Nuestro electorado se está quedando en la abstención (…). Entiendo que puede haber elementos que hayan significado argumentos para quedarse en la abstención, pero, en todo caso, trabajaremos precisamente para que todo ese electorado se movilice cuando lleguen las elecciones generales». Esta vez, además, quien se examina en las urnas no es una exministra de Sánchez, como en Aragón, así que la previsible derrota es menos identificable con él. O eso cree.

No es de prever que el presidente y secretario general del PSOE vaya a variar el rumbo ahora por lo que pase en una Comunidad donde los suyos llevan cuatro décadas sin gobernar. Y en la que los socialistas han probado de todo, incluido presentar al actual ministro Óscar López en las elecciones de 2011. Juan Vicente Herrera sacó al ahora líder del PSOE de Madrid 22 puntos de ventaja en aquellas elecciones, aunque aun así López puede presumir de no haber firmado el peor resultado para el PSOECyL hasta la fecha. El peor registro lo tiene Tudanca en 2015, cuando sacó 25 procuradores y Podemos 10.

No obstante, aunque el presidente trate de pasar página cuanto antes, los fracasos en Extremadura primero y en Aragón después provocaron preocupación en el PSOE y los primeros movimientos, aún apenas perceptibles en la epidermis socialista.

Por lo que se refiere al PP y Vox, las elecciones en Castilla y León deberían ser el Rubicón a partir del cual ambos partidos desbrocen definitivamente el camino de los pactos en Extremadura y Aragón. Especialmente en Extremadura, donde el tiempo apremia: la cuenta atrás de dos meses hacia la repetición electoral empezó en el momento en que María Guardiola fracasó en su primer intento de ser investida presidenta. La fecha límite es el 4 de mayo. Como en las dos elecciones anteriores, en Castilla y León tampoco acabará nada este domingo, porque el capítulo definitivo se escribirá en los despachos del PP y de Vox.

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