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Carlos Martínez, acompañado de Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero

Carlos Martínez, acompañado de Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez ZapateroEFE

Cierre de campaña

El PSOE finge que llega vivo a las elecciones de Castilla y León

Los socialistas han centrado sus esfuerzos finales en construir una idea en la mente del electorado de izquierdas: la de que pueden ser la fuerza más votada. Ni aunque lo consiguieran habría partido

Se abrió el telón y apareció José Luis Rodríguez Zapatero en el escenario de la Cúpula del Milenio de Valladolid, la tierra que le vio nacer. «Retirar las tropas de Irak no fue una decisión fácil. Aún recuerdo la llamada de George Bush. Había que tomar una decisión valiente», presumió viajando en el tiempo 23 años atrás, mientras esbozaba una sonrisa. El expresidente del Gobierno se convirtió este viernes en la estrella invitada al cierre de campaña de Pedro Sánchez y Carlos Martínez en la provincia que más escaños reparte en las elecciones del domingo, 15 de los 82 en juego.

Los socialistas han centrado sus esfuerzos finales en construir una idea en la mente del electorado de izquierdas de Castilla y León: la de que pueden ganar las elecciones en votos al popular Alfonso Fernández Mañueco (en 2022 se quedaron apenas a 17.000), aunque no sea así en escaños. Y aunque tampoco puedan aspirar a gobernar ni siquiera lográndolo. «El que ha puntuado en esta campaña ha sido el PSOE», señalan en el PSOECyL.

En el PP se mofan de que el PSOE se haya dedicado desde el miércoles a airear «trackings ficticios» y auguran que Martínez «va a empeorar» los 28 escaños de Luis Tudanca en 2022, «del mismo modo que Gallardo empeoró a Vara y Alegría empeoró a Lambán», añaden. En Extremadura, el PSOE perdió 10 diputados y más de 14 puntos. En Aragón fueron cinco diputados y 5,3 puntos de voto los que la exportavoz del Gobierno se dejó en la gatera.

Uno de los dos debates televisivos entre los candidatos del PP, el PSOE y Vox

Uno de los dos debates televisivos entre los candidatos del PP, el PSOE y VoxEFE

Conseguir trasladar la sensación de que hay partido es clave para movilizar a los votantes progresistas de la Comunidad y, a la vez, para concentrar el voto útil de la izquierda en torno a la candidatura del alcalde soriano. Esto último es vital, dado que en Castilla y León los últimos escaños se deciden por unos pocos cientos de votos, los famosos restos. En todas las circunscripciones, salvo quizás en Ávila, el último escaño baila.

En favor del PSOE juegan la división y las bajísimas expectativas de la extrema izquierda: IU concurre con Sumar y aspira a un único procurador por Valladolid. Podemos, que llegó a tener diez, tiene pie y medio fuera de las Cortes. Pero, a pesar de los castillos en el aire de los socialistas, la realidad es que Martínez puede no ser ni siquiera profeta en su tierra. En 2022, Soria Ya arrasó y se llevó tres de los cinco procuradores en juego, el PP obtuvo uno y el PSOE, otro. En esta ocasión, las encuestas pronostican que Soria Ya seguirá siendo la fuerza más votada, pero perderá uno o dos escaños. Para que el PSOE obtenga allí su segundo procurador, tiene que quedar segundo y doblar el resultado de Vox.

Aunque el candidato socialista ha hecho una campaña muy pegada al terreno, como también Mañueco, ésta ha estado atravesada por el «no a la guerra» de Trump que Sánchez entonó en la Moncloa el pasado 4 de marzo y, detrás de él, todos en el PSOE. Las encuestas no han detectado grandes movimientos de votantes espoleados por el antitrumpismo, aunque sí cierta movilización en la izquierda, que venía de un estado de catatonia.

En cualquier caso, estas elecciones pondrán a prueba ese supuesto «marco ganador» creado por Sánchez aprovechando el enorme poder evocador que el «no a la guerra» tiene en la izquierda. Aunque las circunstancias de este 2026 no se parezcan en nada a las de 2003, cuando José María Aznar tenía mayoría absoluta y el PSOE llevaba siete años en la oposición. Ahora lleva casi ocho años gobernando.

¿Y si también este disparo de Sánchez lleva pólvora mojada?, ¿qué le quedará después, si tampoco le está funcionando agitar el espantajo de la extrema derecha ni el francomodín? En el PSOE prefieren no ponerse en esa tesitura. Pero dice mucho de la situación del partido de Sánchez que, después de 39 años de hegemonía del PP en Castilla y León, su aspiración real sea quedarse como están: no bajar de los 28 escaños y subir en votos, rompiendo así la dinámica de Extremadura y Aragón. Y, con ello, anunciar el inicio de la recuperación, más que de la remontada. Aunque la realidad es que el PSOE ha perdido todas las elecciones autonómicas de los últimos años salvo en Cataluña, Castilla-La Mancha y Asturias. También perdió las generales de 2023. Y las europeas de 2024.

En cualquier caso, los socialistas verán desde la barrera la confección del nuevo Gobierno de Castilla y León, que tendrán que pactar Mañueco y Vox, tras una campaña que ha ido ganando en agresividad entre ambos contendientes de la derecha. Los populares parten de 31 escaños y para ellos sería un tropiezo serio bajar de ahí, aunque en buena medida depende de que los de Santiago Abascal rebasen o no ese listón del 20 %.

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