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Alfonso Fernández Mañueco, presidente de Castilla y León

Alfonso Fernández Mañueco, presidente de Castilla y LeónÁngel Ruiz

Elecciones Castilla y León 2026 | El perfil  Mañueco, el barón que ganó la guerra a Sánchez

Su mantra: haber huido del ruido sanchista y del interés de los socialistas por explotar en la campaña electoral el «no a la guerra»

Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca, cumple 60 años en algo más de un mes) es poco dado a los golpes de timón. Al contrario: es considerado por sus compañeros como un hombre tranquilo, cómodo con un perfil discreto y poco nacional. Su mantra: haber huido del ruido sanchista y del interés de los socialistas por explotar en la campaña electoral el «no a la guerra». Seguidor de la música de los ochenta, se ha consolidado como un pilar institucional de Génova con pocas, por no decir ninguna, pretensiones de hacer «carrera en Madrid». Su nombre nunca aparece en las quinielas de la M-30, como sí el de sus compañeros Juanma Moreno e Isabel Díaz Ayuso.

Solo él parece haber aprendido de los errores cometidos durante estos trepidantes años. Haber adelantado las elecciones en 2022 frustró sus expectativas de no depender de terceros para formar gobierno. Una señal de peligro que otros barones han desoído. Aquel invierno optó, tras romper abruptamente con Ciudadanos y con su líder Francisco Igea (que dijo que se enteró de su cese por la radio), por disolver las Cortes regionales. El objetivo era liberarse de socios con los que no se entendía y poder gobernar solo. Pero sus paisanos dijeron que no y recibió todo tipo de críticas por una imprudencia que se había vendido como una audacia. Inopinadamente, esa fracasada dinámica de no agotar las legislaturas ha sido imitada por compañeros -los últimos la presidenta extremeña y el líder aragonés-, que han vuelto a la casilla de salida. Él fue el primero en entender que lo de la fragmentación de la derecha había llegado para quedarse: pactó primero con el partido de Albert Rivera, Gobierno que terminó entre acusaciones de deslealtad, y luego lo hizo con Vox, que a medio partido se salió del campo, y desde entonces ha gobernado en minoría. Escarmentado, el jefe castellano y leonés ha culminado su último mandato, pero, abiertas las urnas, ahora se enfrenta de nuevo con la necesidad de llegar a acuerdos con Abascal. El que fuera un feudo inexpugnable para el PP durante cuatro décadas, ha terminado afectado también por la división de la derecha. Y de qué manera. Sin pretenderlo, ha tenido en sus manos la llave para desbloquear los Gobiernos de Guardiola y Azcón. Tres por uno. Así lo ha querido Abascal.

El salmantino ostenta la presidencia de la Comunidad de Castilla y León desde 2019 y, si es investido, su dilatada carrera le llevará a cumplir una década en el poder. De casta le viene al galgo. Su padre, Marcelo Fernández Nieto, fue magistrado, alcalde de Salamanca hasta 1971 y gobernador de Zamora. Con 18 años el joven Alfonso ya se afilió a Nuevas Generaciones, a la par que comenzaba la carrera de Derecho en la Universidad de Salamanca, donde se licenció. Hizo prácticas en el bufete de su padre, pero toda su trayectoria está ligada a la política. Primero, como empleado del PP salmantino, apadrinado por el entonces portavoz Julián Lanzarote. En poco tiempo escaló en el grupo municipal hasta que en 1993 fue elegido secretario general de la agrupación de Salamanca, luego concejal, hasta presidir la Diputación provincial de 1996 a 2001. Pero su gran victoria fue ganar la Alcaldía charra, donde los que le conocen dicen que disfrutó mucho. Todo hasta dar el salto, a la vera del expresidente Juan Vicente Herrera, como consejero de su Gobierno. Nadie se sorprendió cuando Mañueco fue proclamado sucesor de su mentor.

Casado con Serafina Martín Lozano, cuya familia está ligada a la agricultura, dice conocer por ello bien el agro, uno de los retos sobre los que gira su próximo mandato. Es padre de dos hijas, Loreto y Ana, y mantiene su casa en Salamanca, lo que le obliga a viajar cada mañana a Valladolid, sede de la presidencia. Madridista de pro y aficionado taurino inquebrantable, los que le rodean cuentan que uno de sus peores momentos lo vivió el pasado verano con los terribles incendios que asolaron la Comunidad. La oposición de izquierda intentó convertirlo en otro Mazón, exprimiendo que el siniestro le pilló de vacaciones en Cádiz y que tardó en regresar a su puesto en Valladolid. Finalmente, fue el primer presidente de las tres autonomías afectadas que dio explicaciones para capear las críticas parlamentarias y las protestas en las calles. La izquierda mediática y política le exigió el cese de su consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones, a lo que nunca accedió. Hay quien apuesta por que en su nuevo Gabinete cambiará muchas caras y el hombre tranquilo que le ganó la guerra a Sánchez iniciará -con el permiso de Vox- una etapa no tan continuista.

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