Pedro Sánchez, durante su comparecencia de este viernes en la Moncloa
La farsa acaba en el BOE
El PSOE dejará morir el decreto de los alquileres tras el enfado de Sánchez con Sumar
Al presidente no le gustó que su socio minoritario le echara un pulso cuando estaba a punto de empezar el Consejo de Ministros, porque el asunto debía haber quedado zanjado la noche antes
Aunque Pedro Sánchez no es muy expresivo, hay gestos en él que siempre delatan su estado de ánimo. Y el de este viernes era de enfado. Lo tenía todo previsto para anunciar «el mayor escudo social y económico de toda la Unión Europea», como lo denominó. Uno con rebajas de impuestos por valor de 5.000 millones de euros. Iba a hablar de que España saldrá «más fuerte de esta crisis», de que el Gobierno está «en lo urgente, pero también en lo importante». Iba a destacar que este país va a «resistir» mejor que ninguno otro gracias al «fuerte crecimiento económico, el rigor fiscal y la apuesta por las energías limpias» que él ha impulsado. Incluso iba a cerrar con un párrafo motivacional que tenía preparado en el teleprónter: «De todas las crisis hemos salido más fuertes. Y creo que ha sido así porque los españoles nos crecemos ante la adversidad, porque nos protegemos unos a otros y porque siempre conseguimos que la esperanza se imponga al miedo».
Y lo hizo, todo ello. Pero el titular que quedó fue otro. Fue el plante de Yolanda Díaz y de los otros cuatro ministros de Sumar, hasta que el presidente accedió a aprobar un segundo real decreto ley con la congelación de los alquileres que vencen en 2026 y en 2027. Aunque la pequeña venganza del presidente en la rueda de prensa fue matarlo antes siquiera de su publicación en el BOE, al reconocer que el Ejecutivo «no cuenta con el apoyo de todos los grupos» que necesita para su convalidación.
La gran venganza vendrá después. El real decreto ley está abocado a su derogación dentro de un mes máximo, cuando el Gobierno lo someta a convalidación en el Congreso. En el ala socialista nunca fueron partidarios de esta prórroga de los alquileres a los cinco años, porque siempre han sostenido que es inconstitucional (basándose en un informe del Consejo de Estado). Ahora ya dejan entrever que no van a mover un músculo para intentar convencer a Junts y al PNV en las próximas semanas de que voten a favor, puesto que saben que es una batalla perdida. Y quieren que la pierda Yolanda Díaz, que se choque contra la realpolitik; la misma que ayer llevó a Sánchez a aprobar un plan anticrisis con recetas fiscales propias de la derecha. Porque en el Parlamento no hay una mayoría progresista, sino una mayoría de derechas.
No es la primera vez que el PSOE actúa así con su socia. Ya dejó que se cociera en su propia salsa cuando la vicepresidenta segunda se empeñó en que el Consejo de Ministros aprobara la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas, en mayo de 2025, sabiendo de la oposición frontal de Junts en el Congreso. Díaz habló directamente con Carles Puigdemont para tratar de ablandarlo, pero no consiguió nada. El proyecto de ley no pasó ni la primera pantalla en la Cámara Baja: cayó en el debate de las enmiendas a la totalidad.
Al presidente del Gobierno no le gustó que su socio minoritario le echara un pulso cuando estaba a punto de empezar el Consejo de Ministros extraordinario convocado para aprobar el decreto anticrisis. Como si en las últimas horas no hubiera tenido suficiente con el del presidente de Indra, Ángel Escribano, negándose a dimitir.
Se suponía que las asperezas con los de Yolanda Díaz debían haber quedado resueltas el jueves, esa es la orden que tenían las vicepresidentas María Jesús Montero y Sara Aagesen y el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Pero como él pasó todo el día en el Consejo Europeo en Bruselas, no pudo estar al tanto de las negociaciones. Y las partes se fueron a dormir el jueves sin un acuerdo. Y así amanecieron este viernes.
Sumar, preso de las urgencias motivadas por su crisis interna —de liderazgo, de identidad, de discurso, de alianzas y también electoral—, no podía permitirse que Sánchez lo ignorara esta vez también. Menos aún para contentar a la derecha independentista catalana. Y le dio el día. Hasta el punto de que, mientras la rueda de prensa del presidente estaba en marcha en la Moncloa, en el Congreso salió el ministro Ernest Urtasun a presumir de haber doblado el brazo al presidente. «Sumar está en el Gobierno para transformar y para que el Gobierno adopte una dirección de protección de derechos y de avance social», afirmó el titular de Cultura.
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun
A lo largo de la tarde, su compañera Mónica García concedió entrevistas a TVE, La Sexta y RNE para felicitarse por la prórroga de los contratos de alquiler y por las medidas acordadas para el control de márgenes empresariales. Esto último, en realidad, se reduce a que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia se encargará de vigilar que en ningún sector se aprovechen de la guerra para hacer caja. Pero es que la CNMC ya estaba para esas cosas.
No es la primera vez que el PSOE se presta a aprobar un real decreto ley que sabe que acabará derogado en semanas. Simplemente por sostener el relato de alguno de sus socios. En diciembre de 2024, los socialistas pactaron con ERC, Bildu y el BNG prorrogar a 2025 el gravamen temporal a las energéticas aprobado a finales de 2022. Unos y otros sabían que tenía los días contados, como así ocurrió. Pero así los independentistas vascos, catalanes y gallegos pudieron justificar su apoyo a un paquete fiscal del Gobierno. Pura ficción política.